"Las hijas de Abril". ¡Qué poca madre!

  • "Las hijas de Abril". ¡Qué poca madre!

    Foto: Internet

Rezaba el eslogan de la película "Crónica de un desayuno", de Benjamín Cann, “Para romperte la madre, nadie como tu familia”,  frase que podemos tomar para ilustrar la cinta de Michel Franco "Las hijas de Abril", un drama que sube como la marea de Puerto Vallarta, lugar donde se desarrolla gran parte de la historia.

Valeria es una joven menor edad que está embarazada y que vive con su hermana, Clara, de unos treinta y tantos, en una casa en la playa, en donde a duras penas tienen recursos para irla pasando. La escena que nos adentra a la vida de estas mujeres es una donde la hermana mayor, soltera y abnegada (pareciera que también resignada) prepara el desayuno, mientras en la habitación contigua se escucha a Valeria haciendo el amor con su novio y padre de su hija, un jacarandoso y manipulable Mateo de 17 años. La escena revela el carácter de estas hermanas.

La "normalidad" de este hogar se rompe cuando aparece Abril, la madre de estas mujeres y abuela de la nieta que está por nacer, quien, después de muchos años regresa para "apoyar" a su hija menor, pero este retorno al hogar no supone la ayuda que casi todos podríamos esperar, ni siquiera todo lo contrario, sino, más bien, algo totalmente fuera de proporción.

 

 

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Y es aquí donde Michel Franco empieza a jugar con los contrastes de sus personajes que en ningún momento caen en los estereotipos de las mujeres sumisas o las madres sacrificadas, ni tampoco se acerca a los estándares del melodrama lacrimógeno (disculpen el pleonasmo voluntario).

Lo que hace el director, y nos lo va desdoblando como un papiro sobre el piso, es mostrarnos esos lados que pueden ser luminosos, pero que también pueden oscurecer momentos de nuestra vida, principalmente de Valeria y Abril, ya que Clara, si bien no se nos presenta como alguien terrible, tampoco es la buena del cuento; tiene mucho de culpa de lo que ocurre en su familia, pues su omisión también es un pecado.

Cuando nace la bebé, vemos a una Valeria medrosa de su papel como madre y un Mateo voluntarioso pero sin mucho que ofrecer todavía como padre. En este momento es cuando el director hace una crítica al embarazo entre adolescente, algo que sigue afectando a muchos de los todavía niños mexicanos. 

Abril se nos muestra aquí como el ejemplo de madre, amorosa, comprensiva que siempre sabe cómo se resuelven los problemas de un recién nacido y siempre tiene una frase alentadora para sus hijas.

Conforme avanza la película, las cosas cambian y la que creíamos iba a fracasar como madre (Valeria) se erige como la mujer sensata de la familia, quien, a pesar de su edad, sabe cual es su lugar y tiene claro su futuro, al menos en la mente, pero nos motiva a darle el beneficio de la duda.

En cambio, Abril, se va desdibujando, no en una cuestión de interpretación, para nada, creo que su personaje crece y crece en la misma proporción que su delirio, al grado que por más que nos resistamos, terminamos aborreciéndola. Por más que quisimos entender sus actos y tratamos justificar los hechos alegando que todos, en esta caso una mujer, tenemos el derecho de rehacer nuestra vida como y con quien nos plazca,pero en este caso, ni siquiera esto le valió el indulto.

¿De qué actos estamos hablando? ¿Qué cosas hizo Abril para juzgarla sin que tengamos el derecho de hacerlo? Eso, amable lector, lo tendrá que descubrir en la sala de cine. Sólo podemos decir ¡qué poca madre la de Abril! 

En este juego de anfibologías es donde "Las hijas de Abril" encuentra su mérito, porque en sí, la historia es muy sencilla y ya se ha visto en la pantalla grande, pero, claro, con un tratamiento muy distinto y en otro contexto diferente al que estamos viviendo. Ese es, a nuestro juicio, otro de los aciertos de Michel Franco: que sus personajes piensan y se comportan acorde a los tiempos que vivimos.

Cabe mencionar que la película ganó el premio del Jurado Una Cierta Mirada" en el recién acaecido Festival de Cannes. No se la pierda. 

 

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