"Tempestad", una lluvia de vulnerabilidad e impunidad

  • "Tempestad", una lluvia de vulnerabilidad e impunidad

    Foto: Internet

  • "Tempestad", una lluvia de vulnerabilidad e impunidad

    Foto: Internet

Tras el asesinato del periodista Javier Valdéz (sexto comunicador asesinado en lo que va del año) el 15 de mayo, y 5 días antes el de la activista Miriam Rodríguez, madre de una desaparecida, el presidente de la República anunció una serie de acciones para la "Libertad de Expresión y para la Protección de Periodistas y Defensores", mismas que, se supone, deben otorgar garantías a esas voces que denuncian una realidad violenta e impune que vivimos en México.

Una de esas voces valientes es la de la documentalista Tatiana Huezo, quien, a través de su trabajo, "Tempestad", nos cuenta la historia de un par de mujeres como cualesquiera del país que, sin deberla ni temerla, cayeron en las garras de la delincuencia y la corrupción imperantes: Miriam y Adela que nos brindan su testimonio del infortunio que han tenido que pasar. 

La primera, empleada de migración en el aeropuerto de Cancún, quien, sin más, es acusada de delincuencia organizada y tráfico de personas y entregada al penal de Matamoros, Tamaulipas, controlado por un cartel del narcotráfico, y sabiéndola inocente, el abogado de oficio solo le queda decir a la mujer que es una "pagadora", o sea, alguien que paga por los delitos de otros.

 

También te puede interesar: Puesta en escena, denuncia los genocidios en el mundo

 

La segunda, payasa de profesión en un circo, es madre de una hija que fue secuestrada por "hijos de judiciales" a la edad de 20 años y al momento de ser entrevistada habían pasado 10 años sin noticias certeras que la lleven a ubicar a su familiar, pero todo indica que fue raptada con fines de explotación sexual.

Ambos casos, podrían ser parte de un noticiero y no trascender como muchas noticias similares ante la indolencia y lamentable apatía de la gente, pero en las manos de Tatiana Huezo, se convierten en dos poderosas historias que logran penetrar el alma y la conciencia del espectador, generando una empatía  a tal grado que en verdad nos hace sentir que este tipo de desgracias nos pueden alcanzar a cualquiera de nosotros.

La narración de estos relatos está montada de tal manera que logra un profundo contraste entre la crudeza de la realidad y la bella metáfora de la lluvia. 

A Miriam sólo la conocemos de voz, nunca sale a cuadro, y mientras va contando su calvario, una cámara, casi siempre abordo de un autobús que entendemos es el viaje de regreso a su natal Tulum, en el sureste mexicano, retrata la vasta geografia nacional, desde los paisajes agrestes del norte hasta los selváticos del sur, con la constante de la lluvia, al principio y la tormenta, en los momentos más álgidos de las historias.

Pero la cámara también retrata la realidad de la que estas dos mujeres sólo son estandarte de lo que les sucede a miles de víctimas. Así nos encontramos con retenes de policías y militares, revisando y cuestionando a los pasajeros como extraños en su propia tierra; la vulnerabilidad a la orden del día.

En este trayecto, la indignada voz de Miriam se sitúa en cada uno de los rostros que vemos en pantalla, principalmente de mujeres, retratadas en su cotidianidad: en un baño, en una sala de espera, en una cocina, en un hotel de paso, en la calle, en el autobús a la libertad. El mensaje es que Miriam puede ser cualquiera de ellas.

Por su parte, Adela nos habla de su tragedia, al mismo tiempo que la observamos en sus tareas cotidianas en el circo; entrenando a las niñas y compartiendo un instante de alegría con sus sobrinas, mientras se hacen los preparativos para la función de estreno.

Tras el secuestro de su hija, Adela confió en las autoridades, pero ante la ineficacia de estas, ella y su familia decidieron investigar por su cuenta con la consecuencia de que han tenido que vivir casi en la clandestinidad y, lamentablemente, amenazados de muerte por el hecho de seguir indagando el paradero de su hija desaparecida.

Con una determinación que hiela la sangre y estruja el alma, Adela afirma que no tiene miedo y que, a pesar de todo, seguirá buscando a su pequeña, mientras que en la pantalla vemos cómo ya está maquillada de payasa, lista para salir al escenario, donde el mensaje es que, aun en la tragedia, la función debe continuar (o morir en el intento).

Mientras tanto, afuera la lluvia aminora, pero no desaparece, símbolo de lo que, con un gran pesar, le sucede al país: una eterna tempestad de corrupción, violencia e impunidad, sobre todo esta última que, en verdad, damos un voto de confianza (lo necesitamos para sobrevivir) para que un día deje de ser el emblema de nuestro sistema judicial.

"Tempestad", es un documental que no debemos dejar pasar porque nos sensibiliza acerca de una realidad que por cruda, muchas veces preferimos ignorar, sin saber que no podemos escapar de su sombra funesta que en cualquier momento nos puede alcanzar. 

Mención aparte, este documental está nominado a 8 premios Ariel, entre ellos mejor película, que otorga la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas a lo  mejor de nuestra cinematografía.

Notas Relacionadas