"Trainspotting 2", la nostalgia de los abismos perdidos

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Hasta hace algunas décadas solía pensarse que la nostalgia era una patología, sobre todo porque su etimología significa "dolor por el regreso o el pasado". 

En la actualidad, se le considera como algo positivo que tiene que ver con el anhelo de personas, hechos, lugares o cosas del pasado que nos hicieron felices y estas evocaciones tranquilizan el estado de ánimo y generan bienestar.

Pareciera entonces que el deseo por esa sensación de bienestar, que, sin duda, quisiéramos prolongar, es el que perméa en "Trainspotting 2", película sumamente esperada por los fanáticos de la "Trainspotting. La vida en el  abismo" desde que se anunció esta secuela.

 

 

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Y, justamente, ese deseo por volver a sentirse bien con la historia que Dany Boyle nos contó hace veinte años acerca de esos cinco chicos adictos a la heroína que veían el mundo desde su óptica juvenil, alejados de los convencionalismos de los adultos , es lo que se explota en esta nueva cinta, como si al verla, quisiéramos revivir ese espíritu libre, en apariencia, que nos invita a mandar todo al carajo, por un instante de placer perpetuo.

Es lo que Boyle hace con Renton (Ewan McGregor), protagonista en ambas cintas quien, después de "redimirse" y "escoger la vida" que se negaba a vivir, la de un adulto "normal", tiene la necesidad de regresar al Edimburgo de sus recuerdos, donde pasó los momentos más felices de su vida drogándose y robando.

Es como si escucháramos a Chavela Vargas cantar: "uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida, y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas".

Este regreso de Renton, precedido del fracaso en su vida "normal", reunirá de nuevo a esos viejos compañeros en quienes lo único que ha cambiado es la sociedad en la que viven, pues sus esencias son prácticamente las mismas y a todos ellos los persiguen los fantasmas de la nostalgia, lamentablemente, porque lo mejor que les ha pasado en la vida sucedió hace 20 años.

Así, vemos como el entrañable Spud (Ewen Bremner), sigue siendo tan adicto y tan leal a la amistad como en sus años mozos; Sick Boy, hoy Simon (Jonny Lee Miller), continúa siendo el soñador fracasado que tampoco ha dejado de drogarse; y, claro que también volvemos a ver al sociopata Francis Begbie (Robert Carlyle), quien de los tres amigos a los que "traicionó" Renton, este es el que quedó más resentido, por lo que, después de escapar de prisión y enterarse de que aquel regresó al pueblo, hará de la venganza su leitmotive.

Lamentablemente, la segunda parte de la película se sustenta con este argumento, al ya no tener nada original que ofrecer, mas que ver lo que ha pasado con estos chicos 20 años después, que, en realidad, no ha pasado nada, bueno, sí, han perdido la chispa de antaño y pasan sus días intentando no olvidar quienes fueron y lo que hicieron.

Por eso, Dany Boyle nos regala algunos chispazos de esa nostalgia y podemos volver a ver algunos atracos, con sus respectivas dosis de drogas, violencia y sexo.

Quizá la secuencia mejor lograda es cuando está Renton platicando con la novia de Sick Boy, quien le pregunta el significado de "escoge una vida", y éste se suelta con un parlamento alucinante en el que, sobre todo, se critica la vida moderna que gira en torno a las redes sociales, en donde publicas algo para que, en algún momento, alguien te dé su aprobación, y de esta manera saber que existes.

Tal vez, esta sea la cuestión que nos deja la segunda parte de "Trainspotting": que todos estamos aquí para escoger una vida, que somos libres de elegir nuestro destino. Sin embargo, Boyle nos dice que nada más falso que esto, porque todo es un espejismo, pues son las circunstancias las que nos hacen que elijamos lo que tenemos a la mano, por mucho que intentemos lo contrario. 

Sin el carácter transgresor, original y hasta cierto punto revolucionario que significó "La vida en el abismo", "Trainspoitting 2" queda como una cinta cumplidora que apela a la nostalgia de los tiempos idos, creyendo que fueron mejores que los que estamos viviendo. Lo curioso es que eso nos hace sentir bien.

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