“Un hombre a la altura”, más cerca del suelo que del cielo

  • “Un hombre a la altura”, más cerca del suelo que del cielo

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“Dinero mata carita” es una frase discriminatoria que utilizamos en México para justificar carencias que nosotros mismos nos hemos creado al seguir estereotipos que enaltecen cierto tipo de belleza, “perfección” y condición social.

Esto viene a colación por la película “Un hombre a la altura”, versión francesa de la cinta argentina “Corazón de León”, cuya trama gira en torno a un hombre de baja estatura (1.36 metros) que logra enamorar a una chica que cumple con los estándares de la mujer bella occidental: rubia, delgada, alta y de rostro angelical, en el caso de la adaptación gala.

Por un lado, esta comedia romántica juega con los prejuicios que todos tenemos al respecto. Nos llega a cuestionar si podríamos enamorarnos o, por lo menos, tener una cita con alguien “distinto” sin pensar en el qué dirán y, más allá, lo que uno mismo podría esperar de una relación, en este caso, dispareja.

 

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Por otro lado, y es aquí donde la puerca tuerce el rabo, la historia, tanto la versión original argentina como la copia francesa, refuerzan parte de esos estereotipos que en ella misma se cuestionan: la solvencia económica del protagonista que le permite reducir los efectos discriminatorios hacia su condición, los cuales, a falta de este poder económico, le resultarían más que adversos en una sociedad que, aunque pregona el respeto y la tolerancia, todavía está muy lejos de aplicar estos valores.

En otras palabras, resulta difícil creer que sin el éxito profesional este hombre pequeño hubiera podido conquistar a la chica guapa, a pesar de su inteligencia, sensibilidad y buen humor, ya que, precisamente, el dinero y lo que puede hacer con él le ayuda en gran medida a llamar la atención de la mujer, más allá de la primera impresión.

Tan sólo como ejemplo, en su primera cita él la lleva a un paseo por las nubes para después arrojarse de un paracaídas.

Esto nos recuerda a otro personaje de novela y película que se valía de sus millones para conquistar mujeres: el señor Grey y sus cincuenta sombras, quien sí cumplía con el estereotipo de hombre “perfecto”, pero lo que lo hacía “distinto” era una patología sexual que impedía fuera la pareja idónea, pero esa es otra historia.

Y no dudamos de las diversas formas del amor. Claro que en la vida real existen las parejas disparejas y no solo en aspectos físicos, sino también en personalidades, sentimientos e ideas. Lamentablemente, cada uno de nosotros podría decir que le alcanzan los dedos de una mano para numerar casos cercanos que conozcan.

De ser así, esta película no habría podido contarse en el tono de comedia, sino que tendría que haber recurrido al drama y el resultado, de seguro, habría sido otro.

En este sentido, la comedia es muy entretenida y divertida, lo que logra un efecto anestésico hacia la crítica y reflexión que debería generar y claro, ese podría no ser el asunto de los realizadores, pero si la intención es hacer reír por qué agarrar entonces un tema así.

El humor ha sido, muchas veces, el vehículo ideal para la crítica social y política, pero en este caso pareciera que no era la intención, por lo que el resultado se encamina hacia una banalización del asunto que, irónicamente, refleja la superficialidad de nuestras sociedades; ahora sí que tanto tienes y eres, tanto vales.

Pero, hombre, no seamos pesimistas, si “Un hombre a la altura” logra hacernos disertar estas cuestiones no puede ser tan mala, y no lo es en el sentido de que, si sólo buscamos pasar un buen rato con un humor, si no fino, sí aceptable, bien vale echarle un vistazo.

Además, con desgracia y sin malinchismo, podemos decir que las comedias mexicanas que actualmente se exhiben (“No manches Frida” y “Treintona, soltera y fantástica”) no prometen, ni por asomo, ser una buena opción.

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