“Pinocho”, una película rústica e inocente

  • “Pinocho”, una película rústica e inocente

    Foto: Internet

Acostumbrados a un Pinocho que baila como Michel Jackson, que usa tanga roja, que acompaña en sus aventuras al ogro Shrek,  y que sabe cuándo decir mentiras, la nueva versión de este personaje al que le crece la nariz nos deja con una sensación ambigua.

, nos llega desde Alemania con casi un año de retraso a la mayoría de las carteleras de otros países, y lo hace combinando acción real con animación por computadora en el caso del personaje de Pinocho y de su conciencia que, en esta ocasión, no es Pepe Grillo, sino una “grillo”, llamada Coco.

La película se ciñe prácticamente al cuento del italiano Carlo Collodi, evitando, claro, las partes que pudieran resultar oscuras y “perturbadoras” para el público infantil al que está dirigido (principalmente niños, menores de 6 años) y recrea las principales aventuras del muñeco de madera con vida que en su afán de comerse el mundo al que ha llegado se ve envuelto en los peligros que todo mundo conoce.

 

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Sobra repetir esas situaciones por las que atraviesa Pinocho, por lo que el comentario girará en la sensación ambigua que decíamos.

Una de las cosas que llamaron nuestra atención fue que la historia fantástica de Collodi habla de un muñeco de madera que cobra vida por la intervención mágica de un hada, compadecida de la soledad del viejo Gepeto y su deseo de ser padre (precisamente hoy domingo día del idem), característica que Disney resolvió con los dibujos animados, y que, con el avance tecnológico que permite ya cualquier efecto visual, resultaba interesante ver un muñeco con textura de madera interactuar con personajes de carne y hueso.

El resultado fue cumplidor. Tanto Pinocho como Coco (otrora Pepe Grillo) visualmente son aceptables, pero no sobresalientes, digamos que les creemos. Lo que nos parece inverosímil es la interacción de estos personajes mágicos con el mundo real en el que se desenvuelven. 

Si bien la historia está ambientada en algún pueblo rústico de alguna montaña europea, esto no significa que demos crédito a tanta inocencia y credulidad en la repentina aparición de un muñeco de madera que habla, por muy bondadosa que pudiera ser la gente de esta aldea. Cosa que no se cree en este tiempo, ni siquiera niños a punto de entrar a la pubertad. 

Y toda la película se maneja en ese tono, en un ambiente rústico, como ya dijimos del pueblito del buen Gepeto. Y quizás, esta sea la palabra para definir la cinta visualmente, e inocente, en términos argumentales.

Y de allí estriba esa sensación ambigua de la que hemos hablado. 

Los efectos visuales son ordinarios, sobre todo el de la ballena que se traga al viejo Gepeto, parece cualquier cosa, menos el estómago de un gran cetáceo. 

No se diga cuando los niños se transforman en burros, al más puro estilo del humo de mago para que en el siguiente corte ¡puf! Hecho está. En este caso Alemania está años luz de las grandes empresas de animación norteamericanas.

En cuanto al guión, ya hablamos de su inocencia. De que está bien para contarlo como cuento a los niños antes de dormir, pero como parte de un filme que quisiera agradar a un público más amplio, se quedó muy corta la adaptación. 

Por lo mismo, los personajes quedan flojos y salvo algunos chispazos actorales, en este rubro tampoco se salva.

En este sentido, estaría mejor ver la película en su idioma original con subtítulos porque el doblaje también estuvo descuidado. 

De repente las expresiones de los actores no correspondían con las intenciones vocales, el ritmo se atrasaba o se adelantaba en algunos casos, y eso también hizo ver la película algo tosca.

La parte agradable de lo rústico de la cinta fue el retrato de sus escenarios que, en nuestra opinión, encontraron un buen pueblito pintoresco, antiguo sí, pero a fin de cuentas colorido. 

Tampoco fue de esos pueblos maravillosos de la Toscana, porque habría sido poco creíble, pero, al menos, estuvo acorde al tono de la película.

Por eso nos pareció que esta versión alemana de Pinocho tiene esa dualidad: No pasa nada si no la van a ver, pero si tienen hijos pequeños (menores de 6 años), pueden llevarlos con la garantía de que ellos sí se divertirán. 

Niños más grandes, tal vez les parezca cansada y algo aburrida, pero porque ya están acostumbrados a lo vertiginoso de las películas gringas donde la acción constante es ley. Aquí no, hasta en eso la película es reposada.

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