“600 Millas”, no pistol, amigou

  • “600 Millas”, no pistol, amigou

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En no pocas ocasiones la realidad alcanza y supera la ficción, tanto, que hasta se ha vuelto lugar común. A pesar de esto, no deja de sorprender que un hecho como el tiroteo reciente en San Bernardino, California, Estados Unidos, en el que murieron 14 personas y 21 resultaron heridas, esté en la agenda noticiosa durante el estreno de la ópera prima de Gabriel Ripstein, “600 millas” y que tienen en la compra-venta y tráfico de armas el común denominador.

Y no es que la película del heredero de la dinastía Ripstein toque el tema de las matanzas en el país vecino del norte, de hecho, el filme se sale de los esquemas de las películas de acción o suspenso donde el derramamiento de sangre por armas de fuego es leivmotive, sino que, precisamente, tiene como pretexto el tráfico de armas entre Estados Unidos y México para contar su muy particular historia; armas que se utilizan para matar (de un lado y otro del Rio Bravo).

Ya advertía Michael Moore (“Masacre en Columbine”, 2002), la facilidad con la que cualquier ciudadano estadounidense puede comprar armas es de preocupar, pues tanto  ellos se ven afectados (las ya comunes matanzas en ese país) como terceros, el caso de México, con ese negocio jugoso que es la venta de armas que sólo sirve para enriquecer a las naciones fabricantes de armas como el país de las barras y las estrellas a costa de muertes en todo el mundo.

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Gabriel Ripstein toma como punto de partida el caso conocido como “Operación rápido y furioso”, en el que la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de fuego y Explosivos (ATF) de los Estados Unidos, permitió la venta masiva de armas, destinada a los grupos de la delincuencia organizada en México, so pretexto de rastrearlas y poder actuar en consecuencia contra los peces gordos del narcotráfico,  pero lo único que se logró fue comprobar la injerencia gringa en la soberanía mexicana y la muerte de ciudadanos de ambos países con esas armas; de los peces gordos, ni el anzuelo..

Bien, ese es el marco de “600 millas” en el que Gabriel Ripstein nos va a contar una historia más íntima que sí, cuestiona con sutileza el negocio de las armas, pero que va más allá de eso al mostrarnos que en este “business”, aparte de ganancias, se generan víctimas.

Es el caso de Arnulfo (Kristyan Ferrer, siempre cumplidor), un joven que quiere ser grande y que, como en el caso de muchos de nuestros jóvenes en sus proyectos de vida, se ve orillado a trabajar para el crimen organizado, en este caso como traficante de armas.

Con la ayuda de otro joven estadounidense, quien es el que compra las armas “legalmente” en Estados Unidos, para que Arnulfo las pase ocultas en camioneta al lado mexicano con la displicencia de las autoridades fronterizas de nuestro país, el joven mexicano le hace al macho con este trabajo que en apariencia le resulta sencillo, pero que se complicará con la intervención de un agente de la ATF, Hank Harris, interpretado por Tim Roth, quien tan sólo les sigue la pista a estos novatos de la compra de armas, y a quienes tenía que arrestar sin más complicaciones, pero que, por descuido, termina secuestrado por el joven y pequeño Arnulfo que lo traerá a México como trofeo para que su tío, jefe criminal, le dé sus parabienes.

Aquí es cuando la cinta cambia de un tono casi documental con sus planos secuencias al mostrarnos lo fácil que es adquirir armas en la unión americana, para darle paso a un viaje de 600 millas de Tucson, Arizona, a Culiacán, Sinaloa, una travesía más que física en la que ambos personajes, disímbolos por naturaleza, se han de encontrar y reconocerse.

Esa complementariedad que derivará en solidaridad se da a consecuencia de que, tanto Hank como Arnulfo, son peones de un juego de ajedrez entre quienes venden las armas y aquellos que las adquieren. Con más colmillo el agente gringo, y mucha inocencia (que raya e bondad) por parte del aprendiz de traficante, la vida de estos dos personajes se verá en riesgo y, cada cual a su manera, salvará la vida del otro.

Arnulfo y Hank funcionan, entonces, como analogía de las dos naciones; el gringo es el pretendido policía intachable que ha de castigar al criminal mexicano,  aunque para ello tenga que confabular con quien se supone ha de combatir. Arnulfo, en su ingenuidad, representa al gobierno mexicano que se deja meter goles injerencistas, y en su parte criminal es ese México bárbaro que hay exterminar aunque le compren armas a su policía, y lo contradictorio es que si en verdad se quiere acabar con el crimen se tendría que acabar con el negocio de las pistolas.

“600 millas”, es la película mexicana que está en competencia para entrar a las nominaciones al Oscar como mejor película de habla no inglesa (aunque en buena parte de ella el idioma hablado es el inglés), además de que fue ganadora como mejor ópera prima en la Berlinale 2015.

 

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