"El baile de los 41", la sutileza de la homosexualidad

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    Foto: Internet

Sutileza es un sustantivo con el que podríamos abarcar el tercer largometraje del galardonado director mexicano David Pablos ("Las elegidas"), "El baile de los 41", un filme que retrata un capítulo de la historia de la Ciudad de México y por extensión, del país, en el cual, en 1901, se realizó una redada en una fiesta "peculiar", a la que asistían 42 hombres; la mitad de ellos ataviados como mujer, además de que estaban bailando unos con otros.

Por lógica, y siguiendo con el hecho histórico, tal acontecimiento fue un escándolo para la sociedad porfiriana de entonces, lo que trajo a los participantes el escarnio público y la ridiculización extrema, al grado que muchos años después, la memoria colectiva utilizaba el término de "los 41" para señalar a la población homosexual.

Otra particularidad de este relato es que de entre los 42 asistentes, uno era el yerno del presidente Porfirio Díaz, Ignacio de la Torre, cuyo nombre, al final de cuentas, fue borrado de la lista de detenidos y exhonerado del juicio de la sociedad, aunque no de la historia, pues, por más que quisieran esconder su "pecado", su nombre perduró en el imaginario colectivo hasta nuetros días. 

 

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Sí, ustedes dirán que no tenían idea de tal suceso, porque, de cierta manera la censura triunfó y muy pocos saben o sabían de esta anécdota, pero, gracias a la visión de David Pablos, el baile de los 41 o 42 es un hecho que más gente puede conocer (quizás no la cantidad deseada, pero, al menos un mayor número de personas que lo ignoraban, ahora saben de ello), quizás con la mala fortuna que lo que se cuenta en la cinta tiene una vigencia brutal, a pesar de que han pasado casi 120 años.

Como decíamos al principio, el filme es sutil, tanto en sus aspectos narrativos como técnicos; podríamso decir que es una propuesta suficiente; no le sobra, ni le falta, quizás un poco más de crítica en el contenido, pero eso habría repercutido en lo visual.

David Pablos se aleja de los estereotipos y la caricaturización al momento de hablar de la homosexualidad a través de esta anécdota, pero, como dijimos, no se arriesga de más a la hora de hacer una crítica a la misoginia, machismo y estigmatización que se retrata en la cinta y que, sí están, pero sólo con la suficiencia que ya habíamos mencionado.

Pero, ojo, de entrada esto puede considerarse como un triunfo, porque aún, en nuestro tiempo, la homosexualidad sigue retratandose, tanto en el cine como en los distintos contenidos audiovisuales en las nuevas plataformas, como un tema tabú, en el mejor de los casos, y la caricaturización a la hora de presentar personajes gays.

Si bien Pablos no hace estereotipos o caricaturas, es cierto que idealiza de cierta manera la homosexualidad de los miembros del club de los 42, y los presenta hasta con cierta ternura que, de repente, custa creer, pues en el mundo velado, oculto en el que se desenvolvían estos hombres, es más el halo de luz que cae sobre ellos que la cruda realidad en la que seguramente vivían en su cotidianidad. Sí, efectivamente, el club de los 42 era un espacio de libertad y bohemia, sus hogares y sus interacciones sociales, tuvieron que ser más oscuras de lo que se ve en la película.

Aunque hay que señalar que esto sí se ve en la vida de los protagonistas, el ya mencionado Ignacio de la Torre (Alfonso Herrara, sobresaliente) y su esposa Amada Díaz (Mabel Cadena, estupenda), cuyo matrimonio, por conveniencia, por parte de él, poco a poco se va conviertiendo en un infierno, a partir de que Ignacio se enamora de Evaristo (Emiliano Zurita, destacable) y su "otra vida" queda al descubierto. De nueva cuenta, la sutiliza se hace presente, pues las acciones y reacciones en este triángulo amoroso, no están ni sobradas, ni exageradas, tienen la suficiencia para lograr la verosimilitud.

Visualmente esa sutileza se observa en los planos cerrados, en la reconstrucción de época, la cual, sin necesidad de grandes despliegues escenográficos, con unos cuantos sets de época y algunos detalles, nos ubica a la perfección en los inicios del siglo XX. Lo mismo sucede con los vestuarios y maquillajes que nos logran colocar en esa época.

Lo mismo sucede con las escenas "fuertes" que siempre estuvieron muy bien trabajadas y aunque fueron más allá de la sugerencia, tampoco se desbordaron en una bacanal que ofendiera las "buenas conciencias" mexicanas (sarcasmo). 
"El baile de los 41" es una película necesaria ante la violencia de género que vivimos en la actualidad, así como el machismo, la misoginias, la doble moral que aún no logramos superar. El filme es un ejercicio de tolerancia que a más de uno le vendría bien practicar. 

No se la pierdan. Se exhibe actualmente es salas comerciales y en el circuito cultural. Antes de acudir a la sala de exhibición, le sugerimos consultar las medidas sanitarias para que pueda disfrutar de esta cinta con la seguridad debida.
 

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