Para atemperar crisis económica: más ingresos y mejor distribución de recursos

  • Para atemperar crisis económica: más ingresos y mejor distribución de recursos

    Foto: Cortesía|MNE

El Gasto Público

El Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) es la mayor herramienta de política pública que tiene el gobierno para cumplir sus objetivos. En este documento se plasman todas las acciones que el gobierno realizará durante un ejercicio fiscal y, por ende, las verdaderas prioridades y preocupaciones de la administración pública.

El PEF es, además, una herramienta de política económica. La decisión de aumentar o disminuir el gasto público tendría que estar altamente ligada a la parte del ciclo económico en donde nos encontramos: en épocas de auge, es necesario disminuir el gasto para no generar distorsiones; y en épocas de depresión, aumentar el gasto público puede ayudar a disminuir la profundidad de las crisis, esto claro, dependiendo en qué y cómo se gasta.

Por lo anterior, es fundamental analizar que se ha hecho a lo largo de estos años. En la siguiente gráfica podemos observar que, desde el final del Gobierno de Felipe Calderón y durante todo el Gobierno de Enrique Peña Nieto, se solía gastar más de lo que se aprobaba en la Cámara de Diputados.

 

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Gastar más no necesariamente es lo mejor, si el gasto no atiende las necesidades y carencias de la población con programas sustentados en evidencia empírica y constantemente evaluados.

Por otro lado, la tendencia a gastar más se rompió con la llegada del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador. En 2019, el primer año de la actual administración, se gastó menos de lo presupuestado por primera vez en casi una década. La política de austeridad, la estricta disciplina en las finanzas públicas, los recortes indiscriminados al gasto y la obsesión por un superávit primario, lograron que el Gobierno gastara menos de todos lo ingresos que obtuvo en 2019.

Desde los tiempos de campaña, AMLO prometió disminuir los gastos suntuosos del gobierno e implementar la Austeridad Republicana como política de estado. Todos compartimos el deseo de eliminar privilegios y lujos pagados con recursos de todos los mexicanos. Sin embargo, también se corre el riesgo de recortar gasto en áreas fundamentales para la administración pública y en programas que son de utilidad para la población en alguna situación de vulnerabilidad. Y precisamente ese segundo escenario fue lo que pasó.

Además, la decisión de recortar el gasto debe estar ligada al ciclo económico, como habíamos mencionado antes. Hoy podemos evaluar esa decisión a posteriori. De acuerdo con el INEGI, el ciclo económico encontró su último punto más elevado en Julio de 2018, es decir, una vez sabido el resultado de la elección. Es normal que durante los cambios de gobierno se genera una pequeña desaceleración económica debido a la incertidumbre que genera la nueva administración. Inversionistas y consumidores suelen esperar a conocer los nuevos planes en materia económica para tomar decisiones. Una vez pasada esta incertidumbre, la economía suele recuperar su tendencia creciente.

Sin embargo, eso no pasó con la llegada de AMLO al gobierno. Durante 2019 la economía se contrajo un (-)0.1% anual manteniendo la tendencia a la baja debido a la falta de certidumbre que generaba su plan económico y sus acciones.

La desaceleración económica comenzó por acciones propias del gobierno. Un conjunto de malas decisiones nos llevó a esa situación: cancelación de obras públicas a media construcción, eliminación de programas dirigidos a los sectores socioeconómicos de los estratos más bajos (PROSPERA), recortes en áreas fundamentales para la administración pública y un largo etcétera. El Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) da cuenta de ello, como lo muestra la siguiente gráfica:

Ahora bien, es cierto que la crisis económica derivada del Covid-19 era inevitable. Pero probablemente será la más profunda que hayamos enfrentado históricamente debido a que el Gobierno decidió no hacer nada. La única acción extraordinaria que realizó el gobierno para enfrentar el confinamiento fue otorgar créditos de 25 mil pesos para pequeñas empresas, una acción que resultó insuficiente.

La actividad económica durante 2020 registró su nivel más bajo en mayo, mes en el que la gran mayoría de la población se encontraba en confinamiento y, de acuerdo con la Secretaria de Salud, se esperaba que llegará el pico de la pandemia y después podríamos comenzar a recuperar nuestras actividades. A pesar de que a partir del mes de junio la economía se ha ido recuperando poco a poco, para el mes de agosto tenemos una actividad económica similar a principios del año 2014. Es decir, hemos retrocedido en materia de ingresos 6 años.

Por la gravedad de la crisis, se esperaría que hubiera cambios importantes en la manera en que se está gastando el presupuesto. Sin embargo, no los hubo durante 2020, al menos no de manera adecuada. Por otro lado, la duración de la crisis será prolongada y se pensaría que ha habido tiempo para realizar los cambios necesarios para 2021 y así atemperar la crisis económica.

Distribución del PPEF 2021

El PPEF 2021 tiene un ligero aumento de 188 millones de pesos y una variación real de (.)0.9% con respecto a 2020, lo que lo hace ascender a un monto de 6,295,736,200,000 (6.3 billones de pesos).

Visto de esa manera, parece una cantidad estratosférica y, para quienes no estamos familiarizados con las finanzas públicas, suficiente para atender las necesidades de la población mexicana. Sin embargo, no es tan sencillo como parece.

Hay que recordar que el dinero del PPEF no es de libre disposición, es decir, el gobierno no puedo gastarlo en lo que se le plazca, al menos no todo. El Gobierno también tiene obligaciones ineludibles que están incluidas en el presupuesto y, por lo tanto, debemos restarlas para saber realmente con cuanto cuenta en realidad.

Para dimensionar lo anterior, podemos realizar un pequeño ejercicio. Si pensáramos que el presupuesto es un billete de 100 pesos quedaría de la siguiente manera:

• Primero que nada, tenemos el gasto no programable. Aquí se encuentra el dinero que va dirigido a cumplir las obligaciones financieras del gobierno (deuda), las participaciones que se entregan a las Entidades federativas y los adeudos que se tengan de años anteriores (ADEFAS). Ahí se van 27 pesos.

• Por otro lado, se encuentran las empresas productivas del estado (PEMEX y CFE), que se financian de gasto público, y las entidades de control directo (IMSS e ISSSTE), que atienden las necesidades de salud de la población. Ahí se quedan otros 20 pesos.

• Como sabemos, las pensiones en México es un problema que ha ido creciendo y cada vez consume más recursos públicos. Esto nos cuesta otros 17 pesos.

• Los Ramos Generales incluyen recursos que se entregan a los estados para fortalecer rubros como salud y educación, además de que alimenta diversos fideicomisos públicos. Eso es otros 14 pesos.

• Los servicios personales son los salarios de toda la burocracia de todos los niveles: todos los sueldos de los servidores públicos están incluidos aquí. 6 pesos más.

• Los organismos autónomos también son gastos obligatorios, aquí se encuentra varios institutos como el INE, el INEGI, la CNDH, el Poder Legislativo y Judicial, la FGR, entre otros. Eso cuesta 2 pesos más.

• Para los proyectos prioritarios que incluyen el Tren Maya, el Aeropuerto de Santa Lucía y la Refinería Dos Bocas, y que el gobierno ha puesto como centro de su estrategia, tenemos que agregar otros 3 pesos.

• Finalmente, hay que recordar que los Proyectos Prioritarios de AMLO fueron llevados a rango constitucional, por lo que su presupuesto no puede disminuir en términos reales y debido a esto hay que añadir otros 2 pesos a los gastos ineludibles.

Si el lector hace la suma, encontrará que los gastos ineludibles ascienden a 91 pesos de los 100 que teníamos disponibles. Es decir, nos queda tan solo un 9% para atender la crisis económica por la que estamos atravesando. O dicho de otro modo, de los 6.3 billones de pesos, tan solo nos quedan 568.7 millones de pesos, esto se llama espacio fiscal. Una cantidad muy limitada para atender todos los problemas generados por el Covid-19 y los pre existentes.

El PEF 2020 vs el PPEF 2021

Como hemos visto con anterioridad, los recursos públicos son escasos y limitados, además, la situación económica nos obliga a emplear los pocos recursos disponibles de la mejor manera. Sabemos que en 2019 las acciones del gobierno no fueron las más acertadas y, durante 2020, se hizo muy poco para atender la crisis económica.

Es por eso que se esperaría un cambio radical en el manejo de las finanzas públicas para 2021. Al momento de escribir estas líneas, el presupuesto no ha sido discutido por la Cámara de Diputados. Sin embargo, basado en las experiencias anteriores, se espera que los cambios que puedan realizar los diputados sean mínimos, o tal vez nulos, por lo que vale la pena hacer una comparación del proyecto enviado por la SHCP con el PEF 2020.

Debido a la limitante del espacio de este artículo, es imposible analizar cada uno de los cambios realizados para el siguiente año. No obstante, vale la pena analizar los Ramos Administrativos, ya que son los que depende directamente del Gobierno Federal y es aquí donde tiene flexibilidad para realizar modificaciones en caso de que las hubiera.

El siguiente cuadro se encuentra ordenado de menor a mayor variación porcentual. Como podemos observar, pareciera que en los extremos hay cambios importantes que desglosaremos a continuación.

Dentro de los recortes, destacan dos dependencias de manera importante: STPS y SHCP.

En el caso de la STPS, el recorte es explicado en su mayoría por la disminución al presupuesto de Jóvenes Construyendo el Futuro, programa que ya había sido señalado por ser caro, ineficaz e incluso de corrupción.

Por otro lado, la disminución de la SHCP se da debido a la eliminación del Fondo que alimentaba a la Financiera Nacional de Desarrollo, mismo que desapareció durante la eliminación de varios fideicomisos públicos hace pocos meses.

Otra disminución que llama la atención es el recorte a la Secretaría de Energía, ya que esta ha sido una de las protagonistas en esta administración. Sin embargo, al adentrarnos más a los programas que tiene la secretaría, nos damos cuenta que la disminución se da en las energías renovables, lo cual resulta lamentable y preocupante, pero en línea con las acciones en materia energética de este gobierno.

Las demás disminuciones son resultado de la política de austeridad y no existe algún cambio relevante que valga la pena mencionar.

Ahora, dentro de los aumentos hay 3 importantes que vale la pena analizar: Defensa Nacional, SEDATU y Turismo.

El caso del aumento del presupuesto a la Secretaría de la Defensa Nacional es una muestra más que estamos caminando hacia una militarización de la seguridad pública, además de entregar diversas tareas a las fuerzas armadas que no son de su naturaleza. Esto a pesar de tener señalamientos de opacidad y corrupción.

El aumento a la SEDATU, considero, es una buena noticia, pues se da en el Programa de Mejoramiento Urbano, a remodelación y ampliación de vivienda. Estos programas están ligados al sector de la construcción mismo que se ha comprobado, es el que más arrastre genera en la economía. Desafortunadamente, el presupuesto no está destinado para nuevas obras o proyectos importantes, por lo que su efecto positivo puede ser limitado.

Finalmente, existe un aumento de más del 600% al presupuesto de Turismo. Se pensaría que al ser uno de los sectores más afectados por la crisis, se fomentarían sus actividades con programas que reactiven el turismo nacional. Sin embargo, ese aumento se explica debido al Tren Maya, ya que la dependencia será el ejecutor de dicho gasto.

Consideraciones Finales

El gasto público debería de ser una herramienta de política económica, no de política electoral. Desafortunadamente en México no ha sido así. Lejos de estar ligados al ciclo económico en el que nos encontramos, se ha actuado de manera inversa. Y precisamente hoy que nos encontramos inmersos en una crisis económica y se debería aumentar el gasto público, se está haciendo lo contrario. Para encontrar alguna explicación teórica a estas acciones, tendríamos que irnos 100 años atrás, cuando durante la Gran Depresión de 1929 se aplicó una austeridad gubernamental y presupuestos balanceados, lo que terminó profundizando la crisis. En México, debido a eso, es altamente probable que nos encontremos ante la crisis más grande de nuestra historia y las acciones del gobierno la harán más dolorosa y prolongada.

Para atemperar la crisis económica, vía el gasto público, se necesitan dos cosas: más ingresos y una mejor distribución de los recursos. Históricamente nuestros gobernantes se han negado a realizar una reforma fiscal que cada vez es más impostergable. No lo hicieron cuando pudieron. Sin embargo, a pesar de que muchos hemos sido promotores de la misma, en estos momentos sería impensable. Imponer nuevas tributaciones en estos momentos sería un golpe muy duro a los ingresos de miles de familias que han sido golpeadas por la crisis y, además, tendría muchos efectos negativos en el corto plazo.

Lo anterior nos obliga a buscar otras fuentes de financiamiento que no afecten a la población y utilizarlos de la manera más óptima posible. No debemos descartar la necesidad de adquirir deuda para financiar la recuperación económica. Pero también es necesario reorientar el dinero que se tiene disponible. Es necesario democratizar las finanzas públicas y que las decisiones de aplicación de los recursos sean producto de una amplia discusión entre funcionarios, legisladores, académicos y sociedad civil de diversos sectores para que los recursos puedan un mayor impacto positivo. No hay otra manera.

Desafortunadamente, eso resulta imposible debido a que no se encuentra un contrapeso dentro de los poderes de la unión. El Legislativo, que debería fungir como tal, resulta ser una oficialía de partes de la presidencia donde todo pasa prácticamente como lo pide el presidente, debido al control del partido oficial en ambas Cámaras.

Para distribuir mejor los recursos que tenemos, y con ello disminuir las consecuencias de la crisis que vivimos, es necesario cambiar la correlación de fuerzas políticas en el legislativo. El próximo año tendremos esa oportunidad, espero en verdad no la desaprovechemos.

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