La danza del volador está en riesgo: investigadora

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A pesar de que la danza ritual del volador, mejor conocida como la de los Voladores de Papantla, fue declarada como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en el 2009, se encuentra en riesgo de desaparecer, principalmente por dos motivos: la pobreza que obliga a sus practicantes a emigrar de sus comunidades para encontrar oportunidades de empleo que satisfagan sus necesidades, y el carácter que está adquiriendo como espectáculo turístico, lo que afecta su sentido sagrado.

Así lo comentó en entrevista para México Nueva Era, la investigadora Claudia Rocha Valverde con motivo de la presentación de su libro "Una historia de sol y viento. La danza del volador Teenek de la huasteca potosina: entre lo sagrado, lo prohibido y las declaratorias de patrimonio", que se realizará este sábado 4 de mayo en el Museo Nacional de Culturas Populares en el marco de la Fiesta del Libro y la Rosa que organiza la Universidad Nacional Autónoma de México.

La historiadora de arte consideró que existe "un enorme riesgo porque estas son tradiciones que tenían que ver con la religiosidad de los grupos que las practican y ahora estas expresiones se están ofertando de una manera casi turística; ya los vemos volando en Cancún, en Tulum o en las grandes ferias que se presentan en el país".

 

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Explicó que la falta de oportunidades en las comunidades indígenas donde se realizan estos rituales obliga a los habitantes a emigrar a otras ciudades, "y lo que ocurre es que se rompen sus prácticas tradicionales, empezando por la lengua y una serie de costumbres  que se viven de manera cotidiana que tienen que ver con las cosmovisiones".

Detalló que en el caso de su estudio con la comunidad teenek de Tamaletón, en la huasteca potosina, el riesgo de que la danza del volador desaparezca está latente, porque los practicantes, sobre todo los jóvenes, tienen que salir a trabajar largas temporadas, por ejemplo a la pizca de tomate en Sinaloa, por lo que dejan de lado su participación en las danzas.

La investigadora señaló que en este caso el asunto se hace más grave porque sólo hay cuatro grupos de voladores teenek, un grupo muy reducido de personas en comparación con los 600 u 800 voladores totonacos que están al amparo de Cumbre Tajin.

"Por eso el ritual está en peligro, si ellos no logran encontrar una estrategia que les convenga como pueblo indígena y con todo su ancestralidad, encontrar algo que les permita combinar el recibir un salario y el poder mantener sus tradiciones sin ser seriamente afectadas por un turismo masivo como lo estamos viendo en el país", afirmó.

Claudia Rocha abundó que se están haciendo esfuerzos para mantener su expresión vigente al interior de su propia comunidad y discutiendo entre ellos  qué es lo que van a ofrecer a los turistas: si les van a cobrar la entrada, si los vuelos los van a tener que hacer  en momentos en los que no, precisamente, celebran algo como una ceremonia que tenga que ver con la fertilidad agrícola o las fiestas patronales.

Apuntó que en San Luis Potosí, el ritual del volador fue declarado como Patrimonio del Estado en 2017,  por lo que los voladores están en constante interacción con las instituciones culturales "para ver qué se hace para fortalecerlos, desgraciadamente estos se da en un momento en que el estado está agotado económicamente, por lo que tienen que buscar estrategias en un mundo moderno con una tradición ancestral".

En cuanto al libro que recoge la historia de esta tradición de los voladores huastecos, la investigadora indicó que el título, "De sol y viento....", tiene que ver con el vuelo, una danza que tiene que ver con el sol. Es una ofrenda al sol y a los elementos de la naturaleza importantes en su cosmovisión como la Madre Tierra el Padre Sol, el Dueño de Monte o el Dueño de los Truenos.

Claudia Rocha destacó que, a diferencia de lo que pudiera pensarse respecto de que el vuelo es un acto único lleno de espectacularidad, "en realidad es una de las últimas fases de este ritual que empieza nueve días aproximados anteriores al vuelo. Se hacen muchas danzas llamadas de tierra en las que participan mujeres. Se preparan muchos alimentos, muchos tamales que se hacen con pollo, con aves principalmente, porque son un símbolo importantísimo que pertenecen al sol. Por eso los voladores emulan un vuelo de un ave, o de un gavilán; en la lengua teenek, le llaman 'BIxom T’iiw',  que quiere decir Danza del Gavilán".

Puntualizó que la ceremonia inicia con la búsqueda del árbol sagrado que se convertirá en el "palo volantín", el cual cada vez es más difícil encontrar. Además se hace el pedimiento a la madre tierra, por lo que tienen que realizar una ofrenda para mantener el equilibrio.

"El libro es un proyecto que tiene que ver con la investigación desde lo prehispánico, de las posibles representaciones, en donde yo aporto una secuencia cronológica en términos de imagen. También hay una historia visual iconográfica en donde se va narrando desde cuales son las piezas más antiguas de cerámicas que representan a esta tradición del volador. Hay cerámicas muy antiguas de Nayarit que se han encontrado y que son del periodo prehispánico, incluso existe un juego de naipes del siglo XVI, en donde aparece una carta con voladores", aseguró.

En el texto, de acuerdo con la especialista, también se hace un repaso por el periodo virreinal hasta el momento contemporáneo, "en el que yo trabajo expresamente con estas personas de la comunidad, en donde he podido entrevistar desde los más viejos hasta las nuevas generaciones; el más joven tiene 11 años, así como con mujeres".

En este sentido, aseveró que las comunidades se están abriendo a que las mujeres participen de este ritual. En el caso de la comunidad teenek ya existen dos mujeres "consagradas" que son parte de esta tradición.

Agregó que el ritual del volador no es exclusivo del pueblo totonaco, en Papantla, Veracruz. Como se ha visto, también los pueblos de la huasteca lo hacen suyo, sin embargo, "es una tradición mesoamericana que llega de costa a costa: del Pacífico al Golfo y del centro de México hacia abajo, considerando Guatemala y posiblemente, Salvador y Costa Rica, pero esto es algo que no se ha investigado todavía".

El libro, "Una historia de sol y viento. La danza del volador Teenek de la huasteca potosina: entre lo sagrado, lo prohibido y las declaratorias de patrimonio", se presentará este sábado 4 de mayo en el Museo Nacional de Culturas Populares a las 18 h.

En este mismo marco, pero a las 16 h Claudia Rocha Valverde también estará en la presentación editorial colectiva, "Diseño e iconografía. Geometrías de la imaginación de San Luis Potosí".

Se trata, dijo, de un rescate de la iconografía de San Luis Potosí, una aportación de investigadores y diseñadores gráficos, en donde se aborda la iconografía potosina desde distintos ángulos como la arqueología, la arquitectura o los textiles. "Tengo un trabajo que se llama 'Tejer el universo', que trata de toda esta parte de las figuras que están bordadas en la vestimenta tradicional de las mujeres indígenas teenek de la huasteca potosina.

En esta presentación también estarán Olivia Fierro, León García Lam, Débora Chenillo y Elena Vázquez.

 

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