Trabajan para preservar los tradicionales sombreros de jipi

  • Trabajan para preservar los tradicionales sombreros de jipi

    Foto: Cortesia | MNE 

Bécal es una pequeña población ubicada a 95 kilómetros del Puerto de Campeche, distinguida porque gran parte de sus habitantes se dedica al tejido de sombreros con fibras jipi (carludovica palmata) desde finales del siglo XIX.

Ahí, en esa comunidad, se localiza uno de los tejedores más reconocido, Eulogio Chi Tzel (1944), por su especialidad en la elaboración de sombreros de jipi de tres y cuatro partidas, los cuales requieren de gran destreza manual y talento artístico debido al finísimo tejido.

Orgulloso, cuenta en entrevista Don Eulogio, quien es conocido como el “Gran Maestro”, que este oficio lo inició cuando tenía 11 años, gracias a que sus hermanos le enseñaron y siguió en él por gusto y necesidad de criar a cuatro hijos. Así, se convirtió en una manera de obtener ingresos y con el gusto de compartir sus conocimientos.

 

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En este camino de más de 60 años, Don Eulogio ha recibido alrededor de 19 reconocimientos, entre los que destacan el Galardón del Premio Estatal de Artesanías y el Segundo Lugar en el Tercer Concurso Nacional Fibras Vegetales de México, Tejido y Torcido Artesanal.

Esto, además de ser reconocido como uno de los “Tesoros Humanos Vivos de Campeche”, cabe destacar que este último reconocimiento, que ha sido promovido con un documental, pertenece a una acción de preservación, apegada a los acuerdos de la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO de 2003, el Programa de Desarrollo Cultural Maya, constituido por los gobiernos de los estados de Campeche, Tabasco, Quintana Roo, Yucatán y el Gobierno de México.

El artesano presentó el proyecto Preservación de los tradicionales sobreros de jipi, el cual fue beneficiado por el Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyc) Campeche.

El objetivo, explica Eulogio, es la elaboración de sombreros de jipi de diferentes partidas para fortalecer esta tradición, al tiempo de impartir talleres a 10 mujeres para preservar estos conocimientos de generación en generación.

En promedio, al año realiza alrededor de 48 sombreros de cuatro partidas, su especialidad. Un sombrero de estas características requiere de un mes de elaboración debido a los diferentes procesos que necesita.

Se trata, dice, de un trabajo que requiere precisión milimétrica, que debe ser auxiliada por un palillo de madera para separar cada una de las finas hebras del brote, en dos, tres, y hasta cuatro partes, dependiendo del sombrero que se quiera tejer, “entre más partidas tenga el cogollo (brote) más laborioso y caro será el producto final”.

Una vez realizado el separado de las hebras se procede a blanquear la fibra, después se meten a cocinar durante tres horas en azufre.  “Ya que se cocinó se pone al sol, se deja 15 minutos de cada lado para que quede blanco. Terminado ese tiempo los extendemos en unas sogas para que les de otro rato el sol, así está tres días y después se vuelve a meter al cajón para cocinarlo tres horas para que termine el proceso de blanqueado”, explica.

El proceso continúa con el entintado, ya que se tiene las fibras listas se comienza el tejido del brote, lo que debe realizarse bajo tierra. "Es necesario ocupar la cueva para que el material pueda estar hidratado y pueda tener la flexibilidad necesaria, de lo contrario estaría muy tosco, muy quebradizo", este proceso puede llevar de dos a 12 horas.

 “Mi objetivo es seguir promoviendo e impulsando lo que es la artesanía, no dejarla estancada y no ser egoísta, por eso propuse compartir mis conocimientos a las demás personas para que cuando llegue el tiempo de mi muerte mis conocimientos no se mueran conmigo”, finaliza.

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