De tamales, niños y candelas, la tradición del Día de la Candelaria

  • De tamales, niños y candelas, la tradición del Día de la Candelaria

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Una de las celebraciones que muestra el claro sincretismo de las culturas en México es la de la Fiesta de la Candelaria, donde el ritual religioso europeo se mezcla con la tradición culinaria de los antiguos habitantes de América.

El 2 de febrero se celebra la purificación de la Virgen María tras dar a luz al Niño Dios y, a su vez, se conmemora la presentación de éste en el Templo.

De acuerdo con el texto "Navidades mexicanas", de la investigadora Sonia C. Iglesias (Conaculta 2001), el origen de esta celebración se remonta al siglo IV de nuestra era en la región de Oriente Medio, para después llegar a Europa, y en el siglo IX la ceremonia se complementó con la bendición de las velas o candelas, de ahí su nombre.

 

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En México, como toda celebración cristiana, el Día de la Candelaria se celebra desde los primeros años de la Colonia y durante el transcurso del tiempo fue fusionándose con las tradiciones precolombinas.

El resultado es que, durante esta celebración, se instituyó que el festejo incluyera la preparación de los tradicionales tamales, un alimento de carácter ceremonial en los pueblos indígenas.

Como lo menciona Sonia C. Iglesias, el festejo del 2 de febrero coincide con el inicio del primer mes del calendario mexica, conocido como "Atlcahualo", en honor a los dioses del agua, en donde, precisamente, los tamales eran parte de la ofrenda, aunque en la mayoría de las festividades del año se preparaban diferentes tipos de este alimento.

En el sentido de la remembranza de la presentación de Jesús en el Templo, en el Día de la Candelaria en nuestro país existe la tradición de vestir la imagen del Niño Dios con diferentes ropajes que pueden ser advocaciones de algún santo católico como San Judas Tadeo o San Francisco, hasta vestimentas que relacionan la imagen con alguna profesión como el "Niño Médico", "Niño Bombero" o el "Niño Futbolista".

Para ello se elije, previamente, un padrino, el cual puede ser por invitación porque durante la cena de la Rosca de Reyes a alguien le tocó el muñeco (Niño Dios) y, además de vestir la imagen, tienen que comprar la tamaliza para los invitados.

Esta costumbre se ve más arraigada en los pueblos que en las grandes urbes, donde la tradición solo incluye los tamales que se deben comprar por haberse sacado el niño en la Rosca de Reyes.

De acuerdo con la región, existe una gran variedad de tamales en todo el territorio nacional, centro y parte de Sudamérica, como las corundas michoacanas, los de hoja de plátano rellenos con distintas carnes, el mucbipollo del sureste mexicano o el tamal gigante de la Huasteca, el Zacahuil.

Alrededor de la preparación de los tamales existen creencias o mitos un tanto curiosos. El texto de "Navidades mexicanas" menciona algunas de estas:

- Se debe uno persignar al empezar la elaboración de los tamales para que queden sabrosos.

- Si una mujer está menstruando o está embarazada no debe preparar los tamales.

- Para que los tamales no se agrien, quien los prepare no deberá estar molesto.

- La masa, la harina y la manteca se deben batir a mano, si no, el tamal no saldrá bueno.

- A los tamales les gusta que quien los prepare tendrá que estar escuchando música.

- Para saber si la masa con la que se hacen los tamales está en su punto, se coge un trozo de esta masa y se hace una bolita que se introduce en agua; si la bolita flota, está buena; si se hunde, aún no está lista la masa.

- Para saber si el agua de cocimiento de los tamales no se ha agotado, se coloca una moneda en la olla que dejará de sonar si ya no hay más agua.

- Para que la tamalera o tamalero tenga buenas ventas no hay nada mejor que poner una moneda en el agua donde se cocen los tamales.

 

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