Concluye el Festival Internacional de Arpas en Los Pinos

  • Concluye el Festival Internacional de Arpas en Los Pinos

    Foto: Cortesía | MNE

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Este domingo 26 de mayo concluyó el Festival Internacional de Arpas, en el que arpegios, glissandos, rasgueos y digitaciones multicolores, así como versos y zapateados, resonaron en el Salón Adolfo López Mateos del Complejo Cultural Los Pinos durante el Fandango de clausura, donde se mostró que la música es el arte universal por excelencia e inherente al espíritu humano; que el sonido de las arpas forma parte de nuestra identidad nacional y cómo los sones jarochos, calentanos y jaliscienses hacen vibrar y bailar a muchos.

Después de las breves presentaciones por la Casa Miguel Alemán, el Salón Venustiano Carranza y el exterior de la Casa Lázaro Cárdenas, realizadas minutos antes del mediodía, los Ensambles de arpas de la Orquesta Escuela Carlos Chávez (OECCh) y el de la Academia de Música de Noruega, así como el Ensamble Jarocho de San Andrés Tuxtla, Veracruz; el de Arpa grande de Tepalcatepec, Michoacán, y el Mariachi tradicional Alegría del Son, hicieron un jolgorio de arpas en la antigua sala de conferencias de prensa de la ex Residencia Oficial con sones, versos y jarabes alusivos al amor y desamor, a la alegría y la tristeza, a la naturaleza y a todo aquello que los rodea.

Sin prejuicios estilísticos, ni de formación musical, los arpistas de la OECCh y la Academia de Música de Noruega convivieron durante una semana con los maestros de los semilleros creativos –agrupaciones musicales comunitarias− coordinados por el Sistema Nacional de Fomento Musical (SNFM), en el marco del Programa Cultura Comunitaria, encabezado por la Dirección General de Vinculación Cultural de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México.

 

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Dentro de este intercambio a favor del crecimiento musical integral, los músicos tradicionales aceptaron el reto de integrarse a un ensamble de arpas integrado por miembros de ambas escuelas o estilos musicales para realizar el estreno mundial de Fiordango, obra musical de Ricardo Martín-Jauregui, quien exprofeso confeccionó esta pieza escrita para ocho arpas sinfónicas, dos arpas grandes, dos arpas jarochas y un acompañamiento de guitarras, explicó Roberto Renteria Yrene, coordinador artístico de las agrupaciones musicales comunitarias −hoy semilleros creativos− del SNFM.

Se trata de una obra que alude un cruce de miradas con el grito verde de la selva, según palabras del compositor, quien satisfecho escuchó la interpretación de arpistas de concierto y tradicionales.

Al respecto, Juan Manuel Campechano Yan, director del Ensamble Jarocho de San Andrés Tuxtla, dijo antes de empezar el fandango, que Fiordango es un reto porque su tradición musical no está basada en la lectura de partituras, sino en la improvisación y en la tradición oral.

Por otra parte, apuntó que después de trabajar conjuntamente con ambas instituciones, sería maravilloso contar con una guía constante de maestros de música tradicional tan experimentados como lo hacen con sus alumnos la maestra Isabelle Perrin, arpista internacional y titular de la especialidad en la Academia de Música de Noruega, y Baltazar Juárez, arpista principal de la Orquesta Sinfónica Nacional y maestro de la Academia de Arpa de la OECCh, quienes se han dedicado a formar nuevas generaciones de arpistas de concierto, y quienes participaron en este proyecto.

“Seguramente tocaríamos mejor y ya no tendríamos que cancanear –voz onomatopéyica para imitar algún sonido− nota por nota y, no porque esté mal, sino porque seguramente podríamos experimentar con más música”, expresó Campechano Yan.

¡Qué bonita es mi tierra!, entre otras obras de corte popular mexicano, fueron interpretadas por arpistas de la OECCh y la Academia de Música de Noruega, quienes ataviadas con blusas y vestidos tradicionales mostraron el ambiente festivo que poco a poco empezó a aparecer en este Fandango, en el que también se escucharon y zapatearon sones como  La guacamaya, La morena, El toro, El Colás y La bamba de San Andrés Tuxtla; además de La samba, Los ojitos y San Juan Huetamo, de Tepalcatepec, Michoacán.

Baltazar Juárez, maestro de la Academia de arpa de la OECCh y uno de los organizadores de este encuentro, interpretó sones como El canelo y El coco, acompañado por algunos integrantes del mariachi tradicional Alegría del son que, de manera implícita, desataron el ánimo de celebración entre el público que canción tras canción rompió el hielo para subirse a la tarima y zapatear.

Al respecto, Diego Vázquez Oliverio, músico originario de San Andrés Tuxtla, dijo que “el fandango es una libre expresión que hace libre al ciudadano de manifestar lo que siente”. Asimismo, resaltó que es salvaguarda de una herencia musical de más de cuatro generaciones. “Desde mis abuelas y abuelos –tanto maternos como paternos− en mi familia se canta y se baila son; mis hermanas, mis hermanos, mi esposa y mis hijas todos bailamos, versamos y tocamos”, apuntó antes de seguir rasgando las más de 30 cuerdas que tiene su arpa.

“La música popular es de participación colectiva; generalmente músicos y público se conectan, más allá de que a veces hay públicos muy fríos. En el son le cantamos a la naturaleza, a los sentimientos, cuadros cotidianos, así como en Tepalcatepec, donde le cantan a los caballos (al referirse al El relámpago, obra distintiva de este municipio ubicado en la región de Tierra Caliente, en Michoacán)”, puntualizó Vázquez Oliverio.

“Este encuentro ha sido una gran experiencia, porque además de acercarnos a otros métodos de aprendizaje musical, revaloró la tradición oral que deviene de nuestra música, de nuestra herencia histórica”, dijo

La fiesta musical concluyó cuando todos los participantes interpretaron los tradicionales sones La bruja y La bamba, el público jubiloso tomó el salón y experimentando sus mejores pasos, acompañó dichas interpretaciones.

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