Ya nada es igual

  • Ya nada es igual

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19-02-2020

Hoy me levante, y no con la misma energía y emoción de cada día, abrí mi armario y me quede pensando en cambiar el vestido por el pantalón, el bralette por una sudadera y aquellos tacones que me regalaron el día de mi cumpleaños por el que tanto espere ya no los podre usar más, mi libertad está condicionada desde aquel momento en que la forma en como te vez es un justificante para agredirte física y sexualmente, el salir con tus amigas a festejar: aquel cumpleaños, un ascenso, un grado académico ya no será posible por el temor a ya no regresar, ¡ya nada es seguro! La casa donde habitas, la universidad, escuela en la que estudias, las calles por las que transitas y menos aquel lugar al que salías a comer, a tomar café, quizás sola, con tus amigos o tu familia.

Sin importar que sea de día o de noche, la hora o el lugar en el que te encuentres, ¡ya nada es seguro!  Nuestra libertad ha sido pisoteada, arrebatada, ultrajada, escupida y sobre todo vulnerada.

Donde quedo el día, donde no importaba como te vestías, como actuabas, a que te dedicabas, que hacías, a que hora salías o a que hora llegabas, simplemente disfrutabas esa libertad que tenías como mujer.

 

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¿Y de quien es la culpa?

Mia, por el simple echo de ser mujer, por usar una falda, por pedir un taxi a altas horas de la noche, por transitar en las calles de la ciudad, por estar en el lugar equivocado. La culpa siempre es mía. ¿MIA?

¿Realmente la culpa es mía? ¡NO! La culpa es de todos, por culpabilizar al inocente, por justificar al culpable, por hacerte de la vista gorda, por no defender a la persona que no es de tu sangre, por no brindar 5 minutos de atención cuando alguien te pide ayuda, por burlarte de los movimientos sociales, por no ponerte en los zapatos del otro, por juzgar sin conocer, por creer que nunca estarás en esa situación, sin recordar que tienes una hija, hermana, madre, abuela, tía, esposa y amiga que en cualquier momento puede desaparecer. 

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