“La pandemia y su impacto en la violencia infantil”

En tiempos de pandemia, el impacto  ha sido tal que  la seguridad de nuestros infantes se ha visto vulnerada. El encierro, problemas económicos y laborales que agobian a los padres de familia hacen que pierdan la paciencia para con sus hijos. Aunado a esto, los abusos que lastiman su integridad han tenido auge y han ido marcando a muchos niños, niñas y adolescentes.

La violencia o maltrato infantil tiene que ver con todo aquel acto que atenta contra la seguridad, contra las necesidades, contra la integridad de cualquier niño o niña y con esta idea podemos concebir diferentes formas de maltrato, nos comenta en entrevista Yohaly Narváez Flores, psicóloga clínica de la universidad Hipócrates en Guerrero, con maestría en investigación social y territorial.

Afirma  la especialista que la nalgada y los insultos que se han dado desde hace mucho tiempo en el seno familiar eran considerados como parte de la educación, algo normalizado, pero que ahora se reconoce que no sólo daña física, sino emocionalmente al niño,  en el momento, y a largo plazo.

 

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Casi 4 de cada 10 madres y 2 de cada 10 padres reportan haberles pegado a sus hijos o hijas, y 2 de cada 10 mujeres han reportado que sus esposos o parejas ejercen o han ejercido violencia física a sus pequeños o pequeñas. (UNICEF 2020).

Existe la conceptualización de que el hogar es el lugar más seguro o debería serlo, pero desafortunadamente no es el caso, ya que en muchas familias hay maltrato y los niños que tenían como único escape la escuela, ahora viven diferentes tipos de agresión, aunado a la crisis familiar, debido al encierro y a que no tienen dónde salir de esta violencia por la pandemia.

El desequilibrio entre los factores de riesgo y los factores de protección (UNICEF, 2020a) se produce en la medida en que los países imponen normas de distanciamiento físico para ayudar a contener la pandemia (OMS, 2020b). Dada la desigualdad socioeconómica de la región, no todas las personas logran cumplir las medidas sanitarias con igual rigor (CEPAL, 2020b), lo que supone un mayor riesgo para niñas, niños y adolescentes, especialmente aquellos que se encuentran en situaciones en las que son más vulnerables a ser víctimas de la trata de personas o la explotación sexual (UNODC, 2020), el trabajo infantil (OIT/CEPAL, 2020) o delitos sexuales, incluso a través de medios digitales (INTERPOL, 2020; EUROPOL, 2020).

Los padres no saben cómo tratar a sus hijos en esta pandemia, la paciencia es casi nula y por lo tanto genera agresión. La madre juega muchos papeles en la familia generando poca tolerancia y un aumento en la violencia, afirma la maestra en psicología.

No obstante es  dentro del hogar y la familia donde se perpetra con mayor frecuencia la  violencia contra niñas, niños y adolescentes, así como contra mujeres adultas. Si bien el impacto de la violencia puede variar cuando se produzca contra personas adultas, ambos géneros sufren consecuencias similares, como los efectos en la salud mental, sexual y reproductiva, y comparten factores de riesgo, como las normas sociales que toleran ambos tipos de violencia y desalientan la búsqueda de ayuda (Guedes y otros, 2016).

Cuando se da una situación de abuso sexual que conlleva diversos elementos de violencia no solamente penetración, sino tocamientos, exposición a actos sexuales grabación de pornografía, etc., se cree que estas acciones sólo se dan en el exterior, pero la realidad y las cifras nos dicen que la violencia sexual hacia menores se gesta en el seno familiar. Entonces, al estar en este proceso pandémico que genera encierro, se ha hecho evidente esta condición, determina la especialista.

La violencia sexual se considera una grave violación de los derechos de niñas, niños y adolescentes y puede tomar la forma de abuso, acoso o explotación sexual (UNICEF, s/fb). Se trata de una actividad  influida por el desequilibrio en la relación de poder. En el caso de esta explotación, media la retribución o promesa de gratificación directa o a una tercera persona (ECPAT Internacional, 2020a). En relación con los casos de violencia sexual ocurrida en el hogar, llama la atención que la mayoría de los actos reportados hasta antes de la pandemia habían sido perpetrados por parte de familiares o personas cercanas (OMS, 2020a), y las niñas y las adolescentes constituyeron la mayoría de las víctimas

Todo este proceso del Covid ha mantenido a los padres ocupados en sus deberes y han tenido que  incorporar  al seno familiar a los abuelos y tíos, quienes son los que están abusando de estos pequeños, y esto no descarta que los padres también puedan ser los que infringen este abuso o maltrato. Y en esta cuestión tan delicada no se puede culpar o responsabilizar a los padres, (a menos que hayan sido los abusadores) ya que el único responsable es quién comete estos actos. Lo que sí se puede hacer es tomar acciones para prevenir estos delitos, afirma la maestra en terapia de pareja.

Hablando de redes sociales, el confinamiento ha puesto en riesgo a los niños debido a que pasan la mayor parte del día en la Tablet, computadora o celular y en la mayoría de los casos sin supervisión, lo que da la pauta a acoso y contacto con personas que pueden vulnerar su integridad.

Deben existir reglas desde niños en el uso del celular o cualquier aparato electrónico para evitar que se salga de control y que, cuando lleguen a la adolescencia, los padres no puedan manejar la situación; reglas claras harán mejores convivencias familiares y se evitará en la medida de lo posible caer en manos delictivas.

El incremento del uso de herramientas digitales como consecuencia de las medidas de aislamiento adoptadas en la mayoría de los países, en el marco de la pandemia (Blackman y otros, 2020), amplía el espectro de potenciales agresores fuera del núcleo familiar con quienes pueden interactuar desde el entorno digital, como pares o personas desconocidas (UIT, 2020; EUROPOL, 2020).

Comparte Yohaly Narváez según la encuesta de Seguimiento de los Efectos de Covid-19 en el Bienestar de los Hogares, en México el maltrato ha aumentado un 40%, pero han disminuido las denuncias por la falta de asistencia al colegio donde eran los maestros quienes detectaban la misma. Se considera que 6 de cada 10 niños, niñas y adolescentes han sufrido violencia.

Es importante tener presente que los riesgos en línea no están separados de la que se produce en entornos reales (OMS, 2020a) y que, en el caso de la violencia sexual en digital, puede afectar también a niñas, niños y adolescentes que ni siquiera tienen acceso a un dispositivo electrónico. Hoy en día es común que personas adultas tengan acceso a cámaras digitales, portátiles o celulares que facilitan el registro de actividad sexual con los jóvenes, así como su distribución a través de canales digitales desde sus propios hogares (ECPAT Internacional, 2020b)

La exposición a los diferentes tipos de agresión, particularmente en los primeros años de vida, afecta la estructura del cerebro y genera un deterioro permanente de las capacidades cognitivas y emocionales, además de predisponer a conductas de alto riesgo y comportamientos antisociales (Cuartas, 2019). Esto significa que la vida de niñas, niños y adolescentes que son víctimas de acciones que vulneran su integridad  puede verse impactada en varias dimensiones: menor rendimiento escolar, menores habilidades para relacionarse con los demás y para establecer vínculos afectivos saludables, mayor predisposición a conductas sexuales irresponsables o al uso indebido de sustancias psicoactivas e inclinación a trastornos crónicos de salud mental (Cuartas, 2019).

Destaca  la académica que  instituciones como el DIF están  para apoyar cuando hay cualquier tipo violencia. Se debe generar una denuncia en la procuraduría considerando estas dos instancias como las dos primeras para buscar la ayuda, porque éstas  van a canalizar y resguardar a quien esté en ese momento  siendo abusado y darán la sanción de quien es el abusador.

“Los profesionales tenemos que dar aviso cuando los padres no quieren hacerlo, aunque primero se les brinda el apoyo a los papás y asesoramos acerca de las instituciones para que cuenten con el conocimiento de las mismas”, subraya la maestra en psicología.

Los procesos deben ser la denuncia y terapia, lo primero que debe hacerse con este niño, niña es generar un estado de seguridad, una vez que ya esté seguro, entonces, ya se puede generar el apoyo terapéutico legal, esto es, la denuncia, porque está en el sistema familiar y debe alejarse de éste a la víctima.

¿Qué pasa con aquellos niños que no fueron validados por su familia? Pues éstos crecieron con la idea de no ser lo suficiente para que les creyeran.

Ahora, en este proceso pandémico, se observa  que familiares se han dado cuenta de un posible abuso y son ellos quienes hacen una denuncia, aunque esta no sea penal.

“Y al principio yo estaba cerrada de dar terapia vía online, pero por esta pandemia considero que la necesidad de trabajar este maltrato o vulneración en la integridad de los infantes, también se puede dar por esta vía, misma que se abrió por este proceso pandémico y se pudieron dar esos apoyos y así se observ que las denuncias se han incrementado y que se debe utilizar la terapia sistémica”.

El secreto familiar se sigue ocultando, aunque lo es a voces, y es terrible, porque de este tipo de casos no tenemos idea ni conocimiento de la cantidad que de ellos  existen sin denunciar, y sin identificar.

Concluye la especialista que los abusos se pueden prevenir si se abren a estos temas, ya no deben manejarse como un tabú. También hay que informar y saber que sucede dentro de cualquier tipo de familia. No está condicionado con la situación económica, ni con el nivel social ni cultural, sino que  es un fenómeno que se ha gestado en el interior de la misma de generación en generación.

Entonces, es momento de que empecemos a hablar con los niños y niñas de este tema y de la importancia de reconocerlo, porque eso nos va a ayudar a prevenir y a tener sistemas de seguridad para ellos, que se sientan con la confianza de denunciarlo con sus papás. Si los padres no dan esa confianza para temas básicos como reprobé una materia o hice una travesura, pues el hijo no va a tener la confianza de algo más fuerte. Las crisis vienen a cambiar y tienen  dos funciones, hacer crecer o  hundir. Estamos en situación de riesgo, debemos desarrollarnos como humanos, familia y sistema.

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