"X-Men: Dark Phoenix", la oscuridad que no ilumina

  •  "X-Men: Dark Phoenix", la oscuridad que no ilumina

    Foto: 20TH Century Fox

Si en "X-Men: Apocalipsis" el villano fue un mutante milenario que puso en riesgo a la humanidad, en "X-Men: Dark Phoenix", son visitantes de otro planeta quienes intentarán apoderarse del mundo y destruir a la raza humana, pero como siempre un super héroe, heroína en este caso, salvará el día.

Dirigida por Simon Kinberg, "Dark Phoenix" concluye (esperemos que ahora sí) toda una saga iniciada hace casi 20 años, por lo que se esperaba un cierre digno para una franquicia que le dio mucho a Fox y a Marvel, sin embargo, no fue así; esta cinta sólo vino a confirmar la debacle que ya se vislumbraba con "Apocalipsis".

Y es que, si gran parte del éxito de los X-Men había sido su discurso de igualdad a favor de los marginados, en contra del racismo y la discriminación, además de alejarse de la grandilocuencia destructora global a lo "Avengers" o "Transformes", cosa que ya no se respetó desde "Apocalipsis" y tampoco aquí, en el sentido de que la guerra era entre mutantes y mutantes contra la intolerancia humana, pero en este caso, la batalla final es contra una amenaza alienígena que amenaza al planeta entero.

 

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Esto por un lado, por el otro, la lucha mutante es contra una de los suyos, Jean Grey (Shopie Turner), a quien conocemos como una de las más poderosas y peligrosas cuando no puede controlar sus poderes como ya lo habíamos visto.

Prácticamente toda la película se enfoca en Jean, como si se tratara de las versiones de "X-Men orígenes", pero en lugar de Wolverine, es ella la protagonista. Entonces, nos volvemos a chutar la trama de la amenaza que significan los poderes incontrolables de Jean, sólo que nos vamos un poco más a su pasado, a su infancia, para explicar su comportamiento. 

Además, en esta entrega, la mutante se vuelve más poderosa e inestable por una radiación espacial a la manera de "Los 4 Fantásticos".

La primera mitad la película se enfoca en este aspecto, con un provocador desenlace para uno de los mutantes que confirma la ruptura lógica y temporal con el primer universo de los mutantes maduros. Sabemos que en "Días del futuro pasado", la línea temporal se alteró y hubo un borrón y cuenta nueva con los destinos de los chicos del Profesor X, pero lo que vemos es que esos nuevos derroteros para los personajes que en su momento fueron relevantes ahora parece no gustarnos.

En el segundo acto, el filme se concentra en una serie de secuencias de acción y violencia durante la lucha de los X-Men en contra de la amenaza extraterrestre, encarnada por una mujer (Jessica Chastain).

esta manera, Simon Kinberg pareciera aportar su sello con un guiño al movimiento "Me Too" y al discurso de empoderamiento femenino, de hecho, éste lo enarbola la siempre poderosa Jennifer Lawrence en su papel de Mystique con unos cuántos diálogos en donde sobresale la sugerencia de que en lugar de ser los X-Men, deberían ser las X-Woman, porque son ellas las que siempre salvan el día.

Por desgracias, esta línea argumental no se profundiza y sólo se queda como anécdota para una mejor ocasión, porque lo que hace el director es enfocarse más en la batalla que cerrará la saga y el sacrificio de la protagonista por salvar al mundo y a su familia, los mutantes. De la misma forma que el destino de uno de los personajes principales, el de Jean Grey tampoco nos dejará satisfechos, no porque sea emotivo para nosotros, sino porque se resuelve de la manera más obvia.

Algo que lamentamos y que funcionó en dos películas anteriores fueron las secuencias de Quicksilver (Evan Peters) salvando el momento en esa cámara lenta-rápida deliciosa, acompañada de dos rolas estupendas.

Aunque este rápido mutante aparece en la película, su personaje desaparece de la escena muy pronto y ya no nos regala una más como aquellas dos inolvidables. Aunque fuera repetitivo, se hubiera agradecido la creatividad de una nueva secuencia de este tipo. Total, esta película cae en todos los lugares comunes de la saga de "X-Men".

Si la idea era concluir la franquicia con el premio mayor de la tómbola, se quedaron nada más con una espantosa X. Es una lástima porque a lo largo de 20 años los "X-Men" nos regalaron, si no buenas películas, sí buenos momentos, algunos de ellos siguen rondando nuestra memoria cinéfila, pero, al menos en la primera vista de esta entrega, lamentamos decir que no hay nada que pueda quedarse en el baúl de los recuerdos. Lástima.
 

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