Entrenadora afgana denuncia acoso en la selección de futbol

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    Foto: Internet

Agencias
02-04-2019

La ex jugadora y entrenadora afgana Khalida Popal ayudó a revelar una historia escabrosa en el futbol de aquel país. Un relato que saca a la luz prácticas de violencia sexual contra niñas integrantes de la selección de Afganistán perpetradas por directivos y entrenadores, incluido el titular de la federación local de ese deporte, Keramuddin Keram.

Después de la publicación de un reportaje del diario británico The Guardian, el presidente de Afganistán, Ashraf Ghani, ordenó una indagatoria sobre las prácticas de la federación.

 

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Una entrevista del diario El Mundo con Popal, ex capitana de la selección, da pormenores de cómo operó el acoso y violencia sexual sistemáticos contra las jóvenes integrantes del equipo. La ex jugadora, quien salió de Afganistán en busca de refugio, fue una de las impulsoras para que su país tuviera su primera selección nacional femenil. Al atestiguar los abusos de los directivos, Popal inició su propia investigación y más tarde fue informante clave para sacar a la luz el caso.

Popal relató que al recabar testimonios de abuso sexual descubrió que el perpetrador era el titular de la Federación de Futbol de Afganistán. El directivo tenía una habitación secreta en la oficina adonde llevaba a las niñas.

Y allí las viola y después las suelta, recordó Popal; fueron varias. Venían con sueños, sentían que los habían alcanzado. Eran chicas de familias comunes y ese hombre, agazapado como si fuera un cazador, se dedicó a cazar.

A pesar de la declaración del presidente de Afganistán para hacer justicia sobre ese caso, y de que la Federación Internacional de Futbol Asociación también abrió un expediente al respecto, Keram no ha sido detenido ni presentado ante tribunales. Este escándalo, además, involucra a otros responsables de acoso y violencia física y sexual.

Popal narró que las víctimas de violación fueron niñas de entre 14 y 15 años, en un entorno social donde las mujeres viven bajo la opresión social en la que no pueden buscar apoyo, pues sus propias familias las condenarían y las señalarían como responsables de sus agresiones por elegir jugar futbol.

Las mujeres afganas –dijo Popal– viven bajo un sistema de dominación masculina brutal. Es común y hasta permitido el acoso de los varones desde que son jóvenes. Jugar futbol, entonces, resultó una suerte de desafío contra el patriarcado.

Jugábamos a escondidas, indicó Popal; sólo porque éramos mujeres y los hombres pensaban que el futbol no era para nosotras me llamaban prostituta. Sólo jugábamos, pero para ellos éramos unas putas, unas zorras, mujeres que avergonzaban a su país, a su familia.

Popal recordó que durante el régimen talibán el balompié siguió practicándose entre varones. Ahí mismo donde jugaban, antes de los partidos, podían ejecutar personas y colgarlas de las porterías.

Popal huyó de la guerra y buscó refugio en Dinamarca. Al llegar pensó que podía cerrar ese episodio en su vida y olvidarlo o levantar la voz y luchar por la gente que lo necesita. Eligió lo segundo y desde entonces no ha dejado tampoco de colaborar con la selección organizando campamentos en el extranjero.

Durante uno de esos campamentos –indica el reporte de The Guardian– un directivo que las acompañaba se emborrachó y quiso violar a una jugadora. Cuando se quejaron ante una autoridad de su país, un ex gobernador muy influyente golpeó a una de ellas y expulsó a ocho de las mujeres que alzaron la queja, acusándolas de ser lesbianas.

La Federación de Futbol de Afganistán respondió a las acusaciones, a las que calificó de carecer de fundamento, pues en este deporte existe una política de tolerancia cero hacia ese tipo de comportamientos.

 

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