Necesario hablar de frente y sin miedo de las drogas: UNAM

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Una forma para lidiar con el problema de las drogas es hablarlo con libertad y abiertamente, aceptar que está en todos lados: a la salida de la escuela, camino a casa, en los centros de esparcimiento, y es algo con lo que nos podemos topar en cualquier momento, expuso el exrector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente.

Reunido con estudiantes de la Escuela Nacional Preparatoria (ENP) plantel 6 Antonio Caso, en Coyoacán, el médico y psiquiatra añadió que es fundamental informarse sobre las consecuencias, la forma de lidiar con este asunto y las responsabilidades que todos tendemos al respecto.

“Hemos sido críticos de algunas de las políticas en México contra las drogas porque me parece que no están funcionando, y veo que en otros países se hacen las cosas de manera diferente. Debemos revisar cómo lo estamos haciendo para ver si lo podemos hacer mejor. El problema está creciendo y nadie está exento, nadie es inmune”, resaltó.

 

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El también coordinador del Seminario de Estudios sobre la Globalidad de la UNAM reconoció que tenemos un problema real en la Universidad, “todos lo sabemos y por eso qué bueno que lo vamos a hablar abiertamente, con información veraz para que sepan de qué se trata”.

Durante la charla “Las drogas y la salud”, dijo a los jóvenes reunidos en el auditorio Sonia Amelio que en 14 años (2002 al 2016) se ha incrementado considerablemente el consumo de drogas (sobre todo mariguana, cocaína y anfetaminas), muestra de que la “guerra” contra ellas no ha funcionado.

“Para ustedes debe ser una llamada de atención, pues están más expuestos que sus compañeros a inicios de este siglo. Hay más consumo, más riesgos, más droga, y por eso deben tener más información... Al final, tendrán que asumir una decisión y ésa la deberán tomar conociendo los riesgos que conlleva”.

Según la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016, en sitios como Baja California, Nayarit, Jalisco y Quintana Roo se ha incrementado el uso y venta de estupefacientes, y el hecho de que las cifras no aumentaran en la Ciudad de México no significa que el problema haya disminuido, sino que ya se consumía bastante.

Las cifras, remarcó el exrector, hacen que el problema vaya adquiriendo proporciones epidémicas, pues todo el país está expuesto, y lo que se necesita es más educación y promoción de la salud para que los jóvenes, y no tan jóvenes, sepan qué hacer.

“Esto no se resuelve a balazos ni deteniendo a quienes fuman, sino hacerlos conscientes de que si tienen un problema de salud deben buscar ayuda médica y psicológica para superarlo. Eso es lo que está faltando”.

Problema de Salud

De la Fuente enfatizó que el consumo de drogas debe ser visto como un problema de salud, porque afecta la salud mental, social y familiar. Se debe cambiar la imagen de que el consumidor es un criminal y visualizarlo como una persona enferma que necesita ayuda.

“Con un enfoque de salud pública se establece que los adictos son enfermos, y no criminales. Como médico estoy en contra de que alguien use drogas, pero también estoy en contra de que sea catalogado como criminal. En todo caso, se le debe considerar un enfermo al que hay que ayudar”.

Hay sustancias que son más adictivas que otras; por ejemplo, quien fuma tiene un 30 por ciento más posibilidades de volverse adicto que quien toma alcohol, con un 15 por ciento.

De ahí la importancia de la información: es más dañino, por ejemplo, el uso de anfetaminas que el de mariguana; ambas son drogas y hacen daño, pero dependiendo de qué tan potentes sean, la frecuencia de consumo, la dosis, la edad del usuario y su estado de salud, serán los efectos que tendrán en el organismo.

“La edad del usuario es clave, toda droga que comience a usarse antes de que el sistema nervioso central esté maduro es más perjudicial (entre los 18 y los 21 años)”, destacó.

La cannabis, ejemplificó, usualmente genera ansiedad en los principiantes, y su consumo en dosis altas lleva a presentar síntomas psicóticos. La adolescencia es una etapa pésima para consumir drogas, pues se suele mezclar con alcohol y tabaco, una bomba para el hipocampo y la corteza prefrontal, en donde generan alteraciones neurocognitivas.

Entre las consecuencias, prosiguió De la Fuente, destaca la afectación al rendimiento escolar, sobre todo cuando su uso se vuelve frecuente; problemas familiares, debido a las modificaciones en la conducta; en el caso de los mayores de edad, problemas laborales, pero el mayor riesgo es cuando ante la adicción se cae en conductas criminales.

 

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