De caricaturista en Novedades Editores a “empacador” en Walmart

  • De caricaturista en Novedades Editores a “empacador” en Walmart

    Foto: Gloria López

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    Foto: Gloria López

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Cada que haces tus compras en el supermercado o centro comercial llenas tu carrito de productos, llegas a la caja y sabes que te espera esa persona que te ayudará a meterlos en bolsas para facilitar su traslado pero te preguntas ¿cómo llegó a ahí o si le alcanza la propina que le das para sobrevivir?

Los empacadores adultos mayores, herederos de los “cerillitos” aquellos jóvenes de mandil y gorra rojos de pasadas décadas, son los propineros de las tiendas de autoservicios actuales. Adultos Mayores que dejaron su vida laboral en alguna empresa o fábrica pero la pensión no les alcanza y además la urgencia de sentirse activos los lleva a esta actividad, tan digna como cualquier otra.

De acuerdo con datos de Profeco, los empacadores existen desde los años 60, luego de que en 1958 abriera el primer supermercado en México con el objetivo de ahorrar el tiempo de los clientes cuando compraban sus productos y ahora Antonio Espinoza de 72 años de edad se encarga de embolsar, en un Centro Comercial ubicado en la Avenida Eduardo Molina, delegación, Gustavo A. Madero, cientos de artículos que compran los consumidores diariamente.

 

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Antonio es parte de los más de 5 millones de Adultos Mayores incorporados a la Población Económicamente Activa que reporta el Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

Y es que la tercera parte de las personas de más de 60 años en México, según el INEGI, no ha perdido las ganas y capacidad para trabajar y de acuerdo a cifras de este año, en el segundo trimestre de 2018, son 5 millones 120 mil las personas incorporadas a la PEA.

Cabe aclarar que la mitad de quienes sí tienen trabajo lo hacen por su cuenta y 37.6 por ciento son trabajadores subordinados, pero sus condiciones laborales no son las mejores.

Así, de pelo cano, bigote prominente, ataviado de camisa blanca y chaleco negro, Antonio Espinoza lleva dos años en este oficio, el de empacador, aunque en sus mejores años se dedicó a crear historietas en el Periódico Novedades Editores, de 1977 al 2002, 25 años entregado al arte transformado en noticia.

Sin embargo, la crisis que azotó a los medios de comunicación tradicionales, como los periódicos impresos en el 2000, generó una ola de desempleo y Don Antonio fue una de tantas víctimas que se quedaron sin opción laboral.

Don Antonio nos comparte sus vivencias como dibujante y como empacador sentado en el comedor comunitario del Centro Comercial pues está en su horario de alimentos de una jornada de cuatro horas por ser días a la semana, ingresos que los sumará a su raquítica pensión del IMSS más la ayuda que le otorga Pensión Alimentaria para Adultos Mayores de 68 años que Residen en la CDMX.

Aunque ahora es jubilado por el Instituto Mexicano del Seguro Social, la difícil situación económica que se vive en el país y la baja pensión que recibe, de apenas dos mil 500 pesos, Antonio se vio orillado a conseguir un empleo para poder mantener las necesidades más básicas de él y su mujer así como apoyar, en algo, a los tres nietos que adora.

“Al llegar a la tercera edad se vuelve más complicado conseguir trabajo, en las empresas ya no te dan empleo simplemente porque ya no eres productivo”, confesó. 

"Me siento feliz de trabajar como empacador y agradecido porque es el único lugar donde a mi edad me dan la oportunidad de seguir trabajando. La mayoría de las personas que estamos aquí es porque no nos alcanza lo de nuestra pensión y tenemos que buscar otras alternativas para generar dinero”, enfatizó.

Aún con la edad encima, Don Antonio como muchos otros Adultos Mayores se niegan a formar parte de la generación “Nini”, aquellos jóvenes que pese a estar en plenitud ni estudian ni trabajan. Él sabe que sentirse útil es tener vida plena y que ninguna actividad es denigrante.

Casado desde hace más de 40 años, con la que llama el amor de su vida y tras haber procreado tres hijos que ahora ya son grandes y no dependen de él, cada día se levanta con la inspiración que le transmiten sus tres nietos a quienes apoya y consiente con las propinas que saca por la ‘empacada’.

A pesar de que los empacadores no tienen un salario base de la empresa que los contrata, ni pertenecen a ningún sindicato u organización, la cooperación que reciben al entregar las bolsas llenas de artículos a los clientes van de los dos a los cinco pesos por persona, aunque existen sus excepciones que ‘no se mochan’ o los que hasta te dejan billete el billete de 20 pesos, “esos son mis favoritos”, bromeó don Antonio.

Así, con una jornada de 11 de la mañana a cinco de la tarde y con una hora de comida, cada empacador se lleva en promedio al día de 150 a 170 en un día flojo y de 200 a 250 pesos libres en un día movidito como suelen ser los fines de semana o los días de quincena, sumando a final de mes una cantidad que se aproxima entre los de cinco mil 500 a los seis mil pesos.

“Nos va mejor cuando nos toca trabajar en las cajas rápidas ya que ahí sólo se asigna un empacador por caja y todas las propinas son para uno, mientras que en las cajas normales llegan asignar hasta tres empacadores y así ya no sale igual, disminuyen nuestras propinas”, explicó.

Recorriendo el área de cajas, se les puede observar al pie del cañón, aguantando las horas de mayor ajetreo comercial y aunque una jornada laboral para ellos consta de cuatro horas  y una de comida, el día pareciera tener más horas debido a lo acumulado a lo largo de los años.

“Somos 80 empacadores aproximadamente en esta tienda y estamos divididos en siete turnos y aunque ya no trabajamos las horas de antes, los achaques ya te hacen que cada día se haga más largo”, nos contó.

El tema de la salud es otra de las preocupantes, ya que a pesar de que las tiendas no exigen tanto requisito para poder entrar a trabajar, si prefieren contratar a los adultos mayores que cuenten con seguro, para que así, en caso de algún accidente tengan la forma de ser atendidos.

“Te piden como requisito contar con Seguro Social ya que la empresa no se hace cargo de ningún servicio médico en caso de que ocurra algún accidente durante su horario laboral o por si se llegan a sentir mal”, señaló Antonio Espinoza.

Sin embargo, la empresa sí deja que algunos trabajen sin seguro social ya que “difícilmente ocurren accidentes, pero sí sucede con frecuencia que los compañeros se sientan mal y se ausenten algunas veces por cuestiones de salud que cada uno tenemos por nuestra edad”, detalló.

El dolor en las piernas, cintura y espalda es el más común entre los empacadores  de la tercera edad, pero también están los que son diabéticos, los hipertensos y hasta los hipocondriacos,  pero siempre empacando bolsa tras bolsa.  

Pese a que don Antonio se siente contento con su trabajo y a gusto con sus compañeros, seguido recuerda su antiguo trabajo de caricaturista y aunque actualmente no ha dejado de ejecutar trazos a lápiz y papel, no puede ocultar la nostalgia marcada en el rostro y reflejada en la mirada por los tiempos de antes.

“El dibujo no lo he dejado, lo que bien se aprende no se olvida y de vez en cuando me salen trabajitos de retratos, pero de todos modos los tengo que dejar baratos,  he llegado a vender cuadros hasta en mil y dos mil 500 pesos porque no toda la gente los compra”, nos explicó.

De fondo se escucha el sonido de las cajas al pasar los productos por el lector de códigos de barras, mientras el sistema suma la cuenta. Papel higiénico, pasta dental, shampoo, jabón y desodorantes son guardados en sus respectivas bolsas.

La cajera cobra la cuenta y, convirtiéndose en una cómplice don Antonio, entrega el cambio con algo de ‘morralla’ para que al cliente le sea más fácil cooperar para la causa.

Antonio recoge sus montoncitos de monedas, los guarda en su bolsillo, se despide de Karla la cajera y abandona la caja número 22.

“La dejo señorita, es hora de mi comida y mi ‘vieja’ me mandó unos ricos chilitos rellenos”.

Antonio degustará la rica comida que le mandó su esposa para regresar  a terminar su jornada laboral, mientras interminables compras están en espera de ser acomodadas.

 

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