Y los niños, ¿Qué deberían comer?

  • Y los niños, ¿Qué deberían comer?

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No es algo nuevo escuchar que la obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI, el problema es mundial y en nuestro país 3 de cada 10 niños en edad escolar padecen sobrepeso u obesidad (ENSANUT 2016) y con riesgo mayor a seguir siendo obesos en la edad adulta, padecer a edades más tempranas enfermedades como la diabetes y enfermedades cardiovasculares. Una de las causas principales son los malos hábitos en la alimentación y también de las más nobles para poder modificarse. 

Los riesgos asociados a una dieta desequilibrada inician en la niñez y se van acumulando a lo largo de la vida; esto hace evidente la necesidad de incrementar los esfuerzos por promover una dieta saludable y equilibrada en todos los grupos de edad, con especial hincapié en niños, niñas y adolescentes.

El cambio de hábitos alimenticios en los peques resulta ser todo un reto, ya que mucha de la publicidad de alimentos y bebidas dirigidas a los niños tienen un gran alcance, centrados principalmente en productos con un alto aporte de grasas, azúcar o sal, ingredientes que están altamente relacionados con enfermedades cardiovasculares y  diabetes; además de que el consumo frecuente de este tipo de sabores puede contribuir a desarrollar un gusto mayor por este tipo de alimentos.

 

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Al ser los padres los responsables del cuidado de la adecuada nutrición de los niños, son quienes pudieran contribuir a un cambio positivo en los hábitos alimenticios. Algunas de las recomendaciones son:

  • Controlar que alimentos están disponibles y cuándo se los puede consumir. En este sentido se recomienda prestar atención en características del producto como: calidad nutricional (menos azúcar, grasa, sal; más proteína, vitaminas), tamaño de porción (ofrecer porciones adecuadas a la estatura y edad de los niños). Preferir los alimentos menos procesados, por ejemplo: sustituir la leche saborizada por leche  natural o licuado de frutas sin azúcar; pan industrializado por tacos de frijol o de huevo; frituras por cacahuates, nueces, almendras o frutos deshidratados como arándanos; incluir algunas colaciones de verdura como jícama, zanahorias, pepinos. Un alimento entre menos aditivos contenga, a veces resulta ser más saludable.
  • Actuar como modelos a imitar enseñando con el ejemplo, “haz lo que yo hago” en lugar de “haz lo que yo digo”. Sí, eso implica dejar también de consumir alimentos con alto aporte de azúcar, grasa y  sal e incrementar las actividades que promuevan el ejercicio.
  • Responder a las señales de saciedad y no sobrealimentar. Los niños pueden usualmente auto-regular la ingesta calórica total; no forzar a los niños a terminar la comida si estos no tienen hambre, porque a menudo varía la ingesta calórica de una comida a la otra.
  • Introducir alimentos saludables y continuar ofreciéndolos aunque sean inicialmente rechazados. Promover el consumo de una amplia variedad de alimentos de buena calidad nutrimental como frutas, verduras, oleaginosas, leguminosas, en lugar de alimentos con alto valor calórico y poco aporte de nutrimentos como dulces, helados, papas fritas, galletitas y bebidas azucaradas.
  • Los padres deben elegir el horario de las comidas y no los pequeños. No permitir la ingesta de alimentos poco nutritivos en respuesta al aburrimiento.
  • Limitar las conductas sedentarias a no más de 1 o 2 horas de televisión o videojuegos por día.
  • Compartir regularmente la comida en familia para promover la interacción social y un modelo saludable de conducta hacia los alimentos. Por favor papás, no usen la frase: “Eso engorda”; asociar a los alimentos con el término “gordo” puede desencadenar ciertos desordenes alimenticios relacionados con la comida y la percepción física; en este sentido es mejor optar por decir que el consumo de “X” alimento puede ser perjudicial para su salud. 

Es importante favorecer que los pequeños consuman alimentos que sean adecuados para su sano crecimiento y desarrollo; limitar el consumo excesivo de los que resulten perjudiciales para su salud como los que contienen un alto aporte de grasas, azucares o sal. Es tarea de los padres buscar lo que sea más nutritivo y saludable para los niños y así contribuir a prevenir el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y diabetes a una temprana edad.

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