Crimen y fantasías mágicas

Crimen y fantasías mágicas

Foto: Internet

04-06-2018

 

El saldo de los 110 políticos asesinados en el actual proceso electoral se distribuye de la siguiente manera: 41 de los asesinados aspiraban a puestos de elección popular, de los cuales 28 eran precandidatos y 13 estaban registrados a puestos de elección. De este total, 17 eran mujeres. El resto eran funcionarios que ocupaban puestos en los niveles estatal y municipal, en 31 estados de la república. En el mismo proceso electoral se han contabilizado 119 políticos que han recibido amenazas o actos de intimidación en su contra o en contra de sus familias. Se han registrado 382 agresiones contra candidatos y funcionarios en 252 municipios del país

¿Qué nos dice este nivel de violencia en contra de políticos durante un proceso electoral? Lo primero que anuncia un nivel tan alto de violencia en 31 estados de la República y en 252 municipios es que existe una estrategia definida por el crimen organizado para dominar y hegemonizar esos espacios en la próxima administración pública. Desde esas posiciones negociará con el gobierno entrante, eliminando a todos aquellos que pudieran oponérseles a sus intenciones de controlar el territorio. Así, grandes franjas del territorio nacional serán dominadas por el crimen organizado. Un escrutinio más cercano dirá cuántos diputados y senadores serán sus representantes en el Congreso de la Unión.

Este nivel de violencia es un profundo acto de intimidación y  amenaza a las instituciones democráticas. La violencia y dominación del crimen organizado sobre las instituciones del Estado entran en contradicción absoluta con la pretensión de construir una república democrática con una institucionalidad capaz de representar al interés general de la nación, y que rechaza ser rehén de intereses ilegales. Pero se le ha abierto las puertas a un crimen organizado envalentonado a partir de la invitación de Andrés Manuel López Obrador a compartir el gobierno con él.

Domina, hoy por hoy, el pensamiento mágico en las propuestas para resolver los problemas de violencia que vive el país. La idea fantasiosa de un gobierno de convivencia entre el crimen organizado y el gobierno federal viene de la política fracasada de los tiempos de López Portillo y Miguel de la Madrid. Ese fue el modelo que llevó a las negociaciones entre gobierno y cárteles, especialmente con el de Guadalajara, cuya cabeza está libre y de nuevo al mando del cártel de Sinaloa, ante la desaparición del liderazgo del Chapo Guzmán. Pero hasta los recuerdos fracasados perduran en el tiempo, y hoy la campaña de Morena las ha resucitado. El modelo de pacificación que trae entre manos López Obrador se basa en esa experiencia, cuando la Dirección Federal de Seguridad negociaba el intercambio de favores con el cártel de Guadalajara, incluyendo el trasiego de droga y secuestro de agentes extranjeros a cambio de apoyos directos e indirectos al gobierno de la República para asegurar “la paz nacional”.

Debemos preguntarnos: ¿serán los ninis organizados y financiados por López Obrador un nuevo ejército informal de sicarios comandados por funcionarios y líderes de los cárteles? ¿Servirá como  escarmiento a la oposición? Son dudas que surgen de experiencias vividas en México, como las Camisas Rojas de Garrido Canabal, cuya función era intimidar a quienes cuestionaran sus posiciones. Lázaro Cárdenas tuvo la sabiduría de no nombrarlo su sucesor.

El crimen no se combate con fantasías mágicas, sino con políticas de Estado de seguridad con sentido social.   

@rpascoep

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Ricardo Pascoe