Encrucijada mexicana ante dos opciones

Encrucijada mexicana ante dos opciones

Foto: Internet

11-06-2018

Súbitamente las cosas en México empezaron a cambiar. Primero se había demostrado las ficciones de la encuestas, con conclusiones basadas en falsedades. Después, con apresuramiento para no perder la oportunidad, Morena se precipitó a expresar públicamente su alianza con el PRI, con Televisa y otros poderes fácticos de la política para atraer más electores. Adicionalmente, anunció el perdón público a Enrique Peña Nieto por actos de corrupción efectuados durante su gestión, por parte de sus funcionarios y familiares. Se acordó, sin miramientos, el pacto de impunidad a cambio de que se le ofreciera a López Obrador la Presidencia de la República.

Acto seguido, Moreno perdió su carácter de partido de oposición y antisistémico, para reconvertirse, rápidamente, en el nuevo partido del status quo. La mutación no tardó mucho, porque venía cocinándose desde hace tiempo. Simplemente se quitó la máscara de opositor que traía, para mostrar su verdadero rostro de partido mutado desde el PRI, dominado por Ernesto Zedillo y su alter ego, Andrés Manuel López Obrador, dueño de Morena.

Ante ésta nueva realidad, el país tiene que decidir qué hacer para resolver la encrucijada que enfrenta. Existen dos rutas claramente establecidas como salida al proceso electoral. Cualquiera de ellas representa un camino sin retorno.

En el caso de elegir a Morena para la Presidencia de la República, el nuevo gobierno adoptará políticas de intervencionismo estatal en todas las facetas de la vida nacional. Es el esquema de gobierno que reinó en México en la década de los sesenta, cuya definición más precisa es el modelo de capitalismo de Estado. El Estado volverá a dirigir empresas grandes, medianas y pequeñas, bajo la consigna de fomentar el mercado interno, sacrificando al sector exportador por vínculos con el mercado global. En aquellos tiempos el Estado también dominó la política y los movimientos sociales, incluyendo el movimiento estudiantil del ’68. La protestas sociales fueron aplacadas, muchas veces con represión, porque el Estado, como rector de la economía nacional, las consideraba una afrenta a su dirección política. Cuando el Estado es rector de la economía surge un pensamiento hegemónico, autoritario. Como rector económico, el Estado exigirá que los actores políticos relevantes se subordinen a él y sus dictados. En México existe una larga tradición de subordinación al Estado y a la figura presidencial. Será la resurrección del México viejo, estatista y autoritario.

De ganar el otro polo opositor-el Frente-sucederá algo distinto. El Estado y su aparato no serán el centro de la acción de la economía ni de la sociedad. Se impondrá un modelo de ejercicio liberal, que significará una economía abierta al mundo y a la actividad interna sin restricciones a excepción de las regulaciones normativas necesarias para asegurar la competitividad equilibrada  entre los factores de la producción. La globalidad será parte del esquema de relación con el mundo. Se fomentará la libre participación de la sociedad civil en las discusiones futuras sobre una nueva institucionalidad democrática, donde regirá el criterio de instituciones por encima de las personas. Habrá fiscalías plenamente autónomas e independientes. Las oposiciones pacíficas serán parte natural del nuevo escenario nacional y no serán tomadas como una amenaza a la existencia del Estado. Será un modelo de gobierno democrático, liberal e incluyente, institucionalmente enraizado en la legalidad. Será un México mirando al futuro.

En ambos casos el PRI seguramente desaparecerá, por inanición.

@rpascoep

 

 

    

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Ricardo Pascoe