El nuevo PRI

El nuevo PRI

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12-03-2018

Desde esos tiempos debería haberme dado cuenta lo que venía. Sin duda fui demasiado ingenuo o, quizá, “creyente”. De todos modos no le hubiera dado crédito. Cuando Andrés Manuel López Obrador encabezaba el Comité Ejecutivo Nacional del PRD y yo integraba ese cuerpo colegiado, propuso una alianza del PRD con el entonces Presidente Ernesto Zedillo contra Carlos Salinas de Gortari, argumentando que éste preparaba un golpe de Estado contra aquel. Consideraba que era indispensable insertarnos en el conflicto interno del PRI, a favor del Presidente. Yo me opuse a la propuesta y López Obrador la retiró, aunque apareció ante los medios unos minutos después con un comunicado otorgando su solidaridad a Zedillo contra la supuesta “intentona salinista”. Había preparado la maniobra con el entonces secretario de Gobernación.

Poco tiempo después Zedillo aprobó que López Obrador pudiera ilegalmente registrarse como candidato a jefe de Gobierno, pues no cumplía con el requisito de tener la residencia en la Ciudad de México, cuyo credencial de elector estaba domiciliada en Tabasco. El favor fue correspondido. Una vez electo, el primer acto de gobierno de López Obrador fue emitir el Bando 2 que dio inicio al boom especulativo inmobiliario en la Ciudad de México, permitiendo el cambio masificado de usos de suelo a espaldas de la Asamblea Legislativa y sin la más mínima consulta ciudadana.   

Este relato contiene los indicios necesarios para entender lo que aspira ser Morena, el partido creado por el mismo López Obrador

Primero, las leyes existen para presentarse ante sociedad como máscara para, acto seguido, ignorarlas cuando se considera necesario. El marco legal es un irritante al que hay que administrar. Este es un profundo consenso político-cultural entre Morena y el PRI.

Segundo, existe una idea común en la actualidad entre PRI y Morena sobre la necesidad de reciclar el mito del “Hombre Fuerte” o “El Caudillo” como instrumento indispensable para dar viabilidad a la existencia del Partido como rector de la sociedad y dirigente del Estado subordinado. Los Caudillos, en ese sentido mítico, son parte de la historia mexicana del Siglo XX. Ambos partidos consideran que es más importante consolidar al líder que a las instituciones democráticas del Estado (es más importante tener un Presidente/líder todopoderoso que fiscales independientes, por ejemplo). El ejercicio de la libertad y los derechos siempre será un tema secundario.

En tercer lugar, se pretende crear el Partido-Estado. Su organización interna debe responder a la estructura de la sociedad y no a un ideario político determinado, excepto por la preeminencia del Hombre Fuerte. En sus entrañas coexistirán derechas e izquierdas, explotadores y explotados, corruptos y honestos, capitalistas y socialistas, siempre subordinados, dominados y dirigidos por la sombra omnipresente del Caudillo.      

En cuarto lugar, en tanto autonombrado representante de la sociedad entera tendrá una tolerancia baja a las expresiones disidentes o diferentes en la sociedad, al considerarla voces anómalas en una sociedad basada en uniformidad y consensos obligatorios, también comprados por concesión u imposición. Medios independientes serán un peligro, al igual que organizaciones autónomas.

Por último, será una sociedad uniformada en sus odios contra los enemigos del sistema, ya sea una difuminada Mafia del Poder o una agresión externa aún por definirse, como lo pudiera ser un Muro o una agresión al modelo económico proteccionista o sobre los recursos naturales.

Definitivamente Morena es el nuevo PRI. ¡Muera el PRI, viva el PRI!

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@rpascoep

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Ricardo Pascoe