Tillerson, Trump y la conexión rusa

Tillerson, Trump y la conexión rusa

Foto: Internet

06-02-2018

El secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, realiza una gira por varios países de  América Latina como portador de un mensaje de su gobierno cuya característica esencial es su contradictoriedad y, por tanto, su naturaleza confusa e imprecisa. En esencia viene con un mensaje anti ruso (y también anti chino, pero en menor escala) al mismo momento en que un fiscal independiente en Estados Unidos investiga si el jefe de Tillerson-el Presidente Trump-habrá sido electo Presidente de Estados Unidos con la ayuda y respaldo del gobierno de Vladimir Putin. Es decir, Tillerson viene con un mensaje de advertencia sobre una posible intervención rusa en la política mexicana y de su supuesto deseo de intervenir en las próximas elecciones, cuando el propio Trump es el acusado mayor de haber buscado, negociado y procurado el apoyo ruso para ganar las elecciones presidenciales en su propio país.

Es perfectamente entendible que cunda, en la región, una sensación de poca credibilidad ante la figura del máximo exponente de la política exterior estadounidense cuando porta planteamientos que contradicen flagrantemente todo lo que dice cotidianamente la cabeza visible de su gobierno, en pronunciamientos y por vía de sus tuits. Recientemente, por ejemplo, el propio gobierno de Estados Unidos publicó un documento donde señala a un conjunto de “oligarcas rusos” que deberían ser sancionados por sus actividades ilícitas y por sus vínculos con el Presidente Putin. Sin embargo, la Casa Blanca se negó a aplicar más sanciones a Rusia por estas revelaciones. Es decir, aun teniendo supuestas pruebas de actividades ilícitas y/o reprobables de importantes figuras de la clase política y económica de Rusia, la Casa Blanca decidió protegerlas en la forma de no aplicarles sanciones.

Ante esa conducta, ¿qué credibilidad pueden tener las advertencias de Tillerson sobre la “intervención” rusa en América latina? Sin duda sería muy escasa la credibilidad proveniente de un gobierno que da todas las señales de estar comprometido con la intervención rusa en su propia sociedad y en sus propias elecciones.

Junto con este mensaje anti ruso, viene acompañado de otra narrativa que Trump promueve en Estados Unidos: el identificar a la criminalidad y consumo de drogas en Estados Unidos como resultado de la presencia de latinos radicados en ese país y a América Latina en general. La narrativa de Trump incita al odio y rechazo a los latinos, tanto dentro de su país como hacia nuestro continente. Realizar una gira por varios países latinoamericanos en estas condiciones parece ser un proyecto cuyos resultados son de pronóstico reservado. Para quienes analizan la gira como la del nuevo “Pro Cónsul” estadounidense con un firme proyecto de reciclaje del imperialismo yanqui, más bien todo indica que el viaje es bastante menos significativo y notoriamente desfasado en los tiempos. Visitar América Latina en estas condiciones, y con ese discurso, es el recetario perfecto para un fracaso. ¿Quién le habrá aconsejado semejante periplo?

Es cierto que Tillerson trae una línea contra el régimen de Maduro, pero la región viene abordando el tema venezolano desde hace rato. No es ninguna novedad. La conexión rusa, en cambio, sí es un tema nuevo, extraño y contradictorio. Lo único que podemos esperar es que sea una obsesión estadounidense, y no el producto de la sugerencia de algún canciller latinoamericano que pasa demasiado tiempo “aconsejando” a la Casa Blanca.      

@rpascoep

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Ricardo Pascoe