Washington problematizado

Washington problematizado

Foto: Internet

26-02-2018

 

Desde que se supo que el secretario de Relaciones Exteriores de México estaba en su enésimo paseo por la Casa Blanca para planear la visita del Presidente Peña Nieto con el Presidente Trump en Washington, se alzaron voces llamando a guardar una cautela extrema ante la propuesta. Parecía, desde el primer momento, una mala idea. Se esgrimieron muchos argumentos en contra de la conveniencia de la vista, recordando lo que sucedió la vez pasada cuando Trump el candidato visitó a Peña Nieto en Los Pinos. Recordemos: Trump estuvo con Peña Nieto por la mañana en México sin hablar del muro que pretendía construir y esa misma noche, en un evento en Arizona, afirmó que México pagaría forzosamente la construcción del muro, dando a entender que Peña había aceptado cubrir el costo del mismo. México desmintió inmediatamente a Trump, pero la herida quedó.

Desde entonces la relación bilateral ha sido frágil, por no decir incierta. Las negociaciones sobre el TLCAN se desenvuelven en un contexto de declaraciones contradictorias entre Trump y sus negociadores  que ya están provocando problemas económicos en México. El más visible de estos es la fluctuación del tipo de cambio frente al dólar, además de un ambiente de incertidumbre en materia de nuevas inversiones en la planta productiva del país. Otro problema se refiere a la elevada inflación y las altas tasas de interés promulgadas por el Banco de México, en consonancia con la Federal Reserve de Estados Unidos. Debido a que la Fed tiene pensado elevar sus tasas tres veces en 2018, es probable que lo mismo suceda en México, lo cual impactaría negativamente en los adeudos de empresas y ciudadanos, además de impulsar una mayor curva inflacionaria, deprimiendo la dinámica económica del país.

Obviamente las empresas que pensaban invertir sus utilidades en adicionales operaciones nacionales, o que venían por primera vez al país, lo están repensando mejor, prefiriendo esperar a la conclusión de las negociaciones. Y, mientras tanto, las negociaciones prometen alargarse y prolongarse más. Ahora lo más probable es que no haya un nuevo TLCAN, si es que no se cancela totalmente, sino hasta bien entrados 2019. La demora es una táctica de negociación empleado por Estados Unidos para utilizar la incertidumbre como arma de presión contra Canadá y México para que cedan ante las demandas de la Casa Blanca.

Es posible que la idea del encuentro Peña Nieto-Trump surgió al calor de la nueva estrategia orientada a  relanzar la campaña de José Antonio Meade, para fomentar la idea de ofrecer certezas económicas en contraste con las incertidumbres que persigue a Morena. Hoy la relación bilateral es todo, menos convencional, y amerita respuestas distintas dadas las nuevas condiciones que reinan.

En vez de promover una visión de “business as usual” con el vecino desde la Casa Blanca, México  debieran empezar por hablar de la necesidad de una distinta relación con Estados Unidos, basado en un criterio de pueblo a pueblo, y no restringirse a la relación gobierno a gobierno. Un cabildeo intenso entre franjas de las poblaciones de los estados fronterizos, de industriales y comerciantes, además de los representantes populares, servirá mucho para crear una nueva amistad con fuerza política.

Trump, el irascible, será siempre una bala perdida para México. Lo que México puede lograr es que deje de ser un peligro, para convertirse en una piedra en el zapato.

@rpascoep

Notas Relacionadas

En el filo

Ricardo Pascoe