¿Independientes, ciudadanos o qué?

¿Independientes, ciudadanos o qué?

Foto: Internet

12-02-2018

Existe una confusa utilización de palabras diversas para referirse al mismo sujeto social. ¿O es sólo aparente la similitud y realmente se refieren a fenómenos completamente distintos? Cuando la ley distingue entre ciudadanos, independientes, vecinos y los “sin partido”, hay que prestar atención a sus significados reales y a su aplicabilidad en la realidad.

En la Ciudad de México el gobierno y el grupo político dominante han creado una confusa maraña de significados al utilizar, indistintamente, estas palabras. Un ejemplo son las diversas leyes que, durante el dominio perredista en la capital, han buscado definir las modalidades de la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones a nivel de sus respectivas colonias. En 1999 se eligieron los primeros “Comités Vecinales”. Durante años estos Comités Vecinales no realizaron elecciones y los representantes electos se fueron eternizando en sus “puestos”. Se corrompió la idea original de la representatividad de la población en sus lugares de residencia, tornándose un lugar de autoridad para negocios particulares. Los Presidentes de los Comités Vecinales hacían negocios con autorizaciones de puestos ambulantes, de licencias de construcción y funcionamiento de establecimientos mercantiles, además de la definición de las obras públicas a realizar en la colonia, preferente sobre calles donde habitaba el propio Presidente y sus familiares o allegados. Ante el cúmulo de protestas por los abusos de los representantes vecinales, el gobierno de Ebrard cambió a ley para modificar su nombre (ahora se denominan Comités Ciudadanos y de Pueblos Originarios, para distinguirse del desprestigio vecinal) y cambió  funciones, al introducir la elección sobre el uso del presupuesto participativo. Se cambió el uso de la desacreditada palabra “vecinal” para los conceptos de “ciudadano o pueblo originario”. Era un cambio aparentemente cosmético. Pero en realidad Ebrard buscaba diferenciarse de la gestión más socialmente corrupta de López Obrador.  

Otro ejemplo del cambio de palabras se encuentra en la ley electoral de la Ciudad de México, emanada de la nueva Constitución Política capitalina, donde no se habla de “candidatos independientes” sino de “candidatos sin partido”, para distinguirse del vocabulario utilizado en los ordenamientos electorales federales. Todo el país habla de candidatos independientes o de candidaturas ciudadanas. El único lugar en el país dónde se habla de “candidatos sin partido” es la Ciudad de México. Las propias autoridades electorales locales tienen dificultad para acordarse de la frase “candidato sin partido”. La pregunta obvia es ¿por qué este cambio de etiqueta? ¿Es algo diferente el candidato independiente del “sin partido”? Incluso existirán, dentro de pocos meses, nuevos Concejos y Concejales en la capital, más no Cabildos y Regidores, como en todos los municipios del país. Se crearán, además, instancias ciudadanizadas para la vigilancia de las actividades de autoridades públicas.

La obsesión por cambiar términos en los ordenamientos legales que refieren a categorías o grupos sociales habla de un pensamiento hegemónico que busca siempre definir, desde la autoridad y con mayor especificidad, quiénes pueden, y quiénes no pueden, participar en algún proceso de toma de decisiones. Lo que se ofrece como una forma nueva de apertura es, en realidad, una manera de restringir la plena integración de la sociedad en la toma de decisiones. Se termina dirimiendo las cosas en un pequeño fragmento de la población-no más del 3%-y con ello se da por atendida el reclamo de la participación ciudadana.          

 

@rpascoep

 

 

 

Notas Relacionadas

En el filo

Ricardo Pascoe