Amnistía y violencia

Amnistía y violencia

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05-01-2018

La propuesta de amnistiar a los integrantes del crimen organizado en México, especialmente en la modalidad de narcotráfico, como el mejor camino para reducir significativamente la violencia y pacificar al país ha enfrentado diversos cuestionamientos. Uno en particular llama la atención. Se refiere al análisis de lo que ocurre con el proceso de paz en Colombia y la reintegración de los integrantes de las FARC a la vida política de ese país.

En Colombia se negoció la paz y el fin a una guerra de más de treinta años entre la guerrilla y el Estado colombiano. En ese tiempo se desarrolló paralelamente la industria del narcotráfico con alcances a escala mundial. Además, se armaron milicias paramilitares que, financiadas por una clase terrateniente asolada por guerrilleros y narcotraficantes, surgieron para defender espacios de la economía rural. El ejército colombiano se enfrentó a la guerrilla, mientras la policía nacional se encargó de combatir al narcotráfico y los paramilitares. Sin embargo, el narcotráfico logró infiltrar a las organizaciones de la guerrilla y los paramilitares. El atractivo del narcotráfico para ambos era su dinero: de fácil acceso y muy abundante. Ninguno titubeo en establecer alianzas estrechas con el narcotráfico. De hecho, hay quienes postulan que las FARC, en el tiempo, se convirtieron en un cártel más.

Uno de los puntos centrales del proceso de paz ha sido la amnistía a los integrantes de la guerrilla, puesto que cometieron crímenes tipificados en el Código Penal de Colombia, como homicidios. Una parte importante de la sociedad colombiana cuestiona el hecho de amnistiar a quienes infringieron la ley. Quienes defienden el acuerdo postulan que solamente así se puede pacificar a la sociedad. El debate gira en torno a la amnistía para quienes participaron en una rebelión política contra el Estado colombiano. Nadie está planteando amnistiar a los integrantes del crimen organizado que han cometido los mismos delitos (homicidios, secuestros, robos, etc.) que los guerrilleros porque su motivación ha sido, y sigue siendo, el lucro económico ilegal, sin plantear un nuevo modelo de sociedad. De hecho, el crimen organizado sigue con sus prácticas intimidatorias contra la sociedad en el mismo momento en que el Estado aprueba la Ley de Amnistía para los guerrilleros.

Además, las partes de la guerrilla que se convirtieron en el ala narcotizada de la lucha política han rehusado a entregarse a la autoridad. Las muertes vinculadas con los enfrentamientos entre cárteles de la droga en Colombia siguen en ascenso después de declarada la amnistía y la paz.

El ejemplo colombiano debe servir como indicio de lo que podría suceder el México con una Ley de Amnistía a los narcotraficantes. Aceptarán la amnistía, pero bajo sus condiciones, que en ningún momento significa cancelar su negocio, lo cual podría exacerbar el problema de la violencia. De los muertos en este sexenio y el anterior, más del 70% son producto de conflictos entre cárteles. La reducción de la violencia parecería tener poco que ver con una amnistía y mucho que ver con los continuados conflictos inherentes al negocio. Hacer la oferta de amnistía durante la campaña solamente sirve para justificar recibir recursos económicos que pueden ofrecer los cárteles a candidatos para ganar la elección, fingiendo que no existe algún compromiso oculto. La devolución del favor vendrá después, con la sociedad atrapada en medio de un nuevo espiral de violencia.       

@rpascoep

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Ricardo Pascoe