El dilema Klugman

El dilema Klugman

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03-02-2017

Los líderes del Partido Demócrata, en Estados Unidos, están en una grave encrucijada. No logran descifrar una estrategia a seguir ante la insólita y estridente presidencia de Donald Trump. Para unos, la táctica correcta es el boicot, el enfrentamiento y la denuncia permanente a las políticas y pretensiones del Presidente Trump, incluyente el sabotaje del proceso de confirmación de sus secretarios y el futuro ministro de la Suprema Corte de Justicia. Cualquier concesión en este proceso se vería, piensan, como una traición a la lucha anti Trump. En su lógica, viene un proceso de enfrentamiento que va a dirimirse en las próximas elecciones legislativas en dos años, cuando su partido deberá encabezar una “inevitable oleada de descontento social” con una victoria que le permitiría recuperar las mayorías en el Senado y la Cámara de Representantes. Ese posicionamiento les permitirá a los demócratas posicionarse para acabar con Trump en cuatro años, recuperarando la Presidencia para su partido.

Para otros en el Partido Demócrata, la lucha deberá ser más institucional, menos virulenta y confrontacional, buscando presentarse como la alternativa racional y centrista ante el extremismo derechista de Trump. Participarán en las sesiones de confirmación de los secretarios y del futuro ministro de la Corte, para demostrar sus diferencias políticas y, así, ganar la batalla de ideas con vistas al próximo proceso electoral en dos años. Su propuesta es que para ganar las elecciones en dos años hay que colocarse en el centro político y probar su racionalidad frente a las ocurrencias y estridencias de la administración Republicana.

De alguna manera el Partido Demócrata sigue debatiendo las dos líneas que emergieron en su seno desde la precampaña, entre los seguidores de Sanders y Clinton. Unos buscando la radicalización de posturas políticas y otros esforzándose por ganar el centro político. Hasta el día de hoy persisten las diferencias entre ellos, aunque ahora colocados a la defensiva y en minoría legislativa.

En medio de ese debate, surge una tercera voz, la de Paul Klugman, premio Nobel de economía, con una visión aún más desoladora. Plantea, en una serie de tuits, que si no destituyen a Trump en un año, él procederá a destruir la democracia estadounidense irremediablemente. En sus palabras: “Teniendo en cuenta la velocidad a la que están pasando las cosas, ‘Presidente Trump’-algo así como el líder legítimo de una república-no durará mucho”. Sigue Klugman: “Ya sea él o la república, en su más amplio sentido, habrán desaparecido muy rápido. Me cuesta imaginarme un año, mucho menos cuatro”.

Llamó a miembros del gobierno, a empresarios y a legisladores a no colaborar con el gobierno de Trump, ya que de hacerlo serán sus cómplices y responsables del fin de la democracia estadounidense.

El pronóstico de Klugman difiere radicalmente de la visión de los demócratas. Él piensa que ni siquiera llegarán a las elecciones intermedias en dos años, pues Trump hará lo necesario para interferir en su realización plena, no respetando la libertad del votante. Postula implícitamente la necesidad de concluir la presidencia de Trump, por vías, debemos pensar, constitucionales, como el impeachment, por conflicto de interés. Su diagnóstico es alarmante bajo cualquier análisis: lo que vienen en Estados Unidos es una batalla entre democracia o dictadura. Suena impensable, pero todo lo que tiene que ver con Trump ha sido eso: descabellado.

@rpascoep

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Ricardo Pascoe