Cuba en su laberinto

Cuba en su laberinto
24-02-2017

¿Qué peligro sentiría la dirigencia cubana cuando un grupo disidente prepara un homenaje luctuoso, con invitados internacionales? Al parecer consideraba tanta la amenaza que prohibió entrar al país para asistir al evento al ex Presidente Calderón, de México, a Luis Almagro, ex Ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay y actual Secretario General de la Organización de Estados Americanos, y a Mariana Aylwin, ex Ministra chilena, entre otras personalidades. Algo considerado normal en otros países, en Cuba hizo que la estructura política temblara. Y esto, en tiempos en los que no existe amenaza alguna de una invasión foránea ni de operativos para derrocar al régimen, como lo sabe todo el mundo.

Lo que sí existe, en cambio, es la sensación, entre algunos dirigentes cubanos responsables, de una gran oportunidad perdida. Con Obama se abrió la posibilidad de un pacto histórico entre ambas naciones y Cuba fue incapaz de procesar internamente el acuerdo. Fidel se opuso tajantemente a la negociación con Estados Unidos, posición que expresó en su última aparición pública con vida,  en la reunión del Comité Central de Partido Comunista Cubano efectuada a principios de 2016. Logró que ese Comité Central también se expresara en contra, produciéndose un documento reminiscente de finales de los años sesenta. Raúl Castro y su equipo fueron derrotados en ese momento y apenas se reponían cuando aconteció la elección de Trump, que introdujo más incertidumbre en la relación entre las dos naciones.

¿Es todo esto suficiente para justificar que Cuba impida el ingreso a visitantes extranjeros? No, pero puede explicar por qué la dirigencia cubana, insegura y acosada por divisiones internas, recurra al conservadurismo de viejos esquemas de control social y político. La respuesta que adoptaron fue la peor posible: a cambio de controlar la situación interna, se recurrió al desprestigio internacional. Y, sin querer, se sumó a la lista de los países-como Estados Unidos, Gran Bretaña, Venezuela y los populismos de derecha en Europa-que prohíben a determinadas personas el derecho a ingresar a su territorio, por razones religiosas, ideológicas, políticas, económicas o raciales, en nombre de la seguridad nacional. El prohibicionismo anti migrante de Trump tiene un gran parecido con el cubano. La idea subyacente es inhibir el ingreso de personas con ideas diferentes. Los muros-y mares-son para impedir el flujo de las ideas, las culturas, las diversidades. El populismo europeo de derecha, junto con el estadounidense de Trump, coinciden con el conservadurismo cubano. La exclusión socio-política se convierte en una agenda de Estado.

En Cuba, la contrariedad es que una parte de su liderazgo sabe que ésta cerrazón es la ruta al ocaso del sistema, por su inviabilidad en el largo plazo. Los dirigentes vietnamitas habían convencido a líderes cubanos que aceptaran abrir su economía, como ellos se había comprometido con la globalización al convenir ingresar al Acuerdo Trans Pacífico promovido por Obama. Fidel logró parar la historia, temporalmente. Toca, ahora, retomar la ruta de la apertura y el cambio o quedarse en el portal de la derrota heroica.

Por último, el Gobierno de México debió haber reaccionado con por lo menos una llamada de atención al embajador cubano y una nota oficial de extrañeza al gobierno de Cuba. Todo indica que no reacciona a nada que no tenga que ver con Washington. La política exterior unidimensional de México tiene atrapado al país en su pequeño (gran) infierno.       

@rpascoep 

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Ricardo Pascoe