Marchar ¿por qué?

Marchar ¿por qué?

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10-02-2017

Diversas organizaciones han convocado a una magna marcha el próximo domingo 12 de febrero, para expresar el repudio de los mexicanos a las expresiones de desprecio que ha manifestado Donald Trump al país y a su pueblo.  Al calor de la convocatoria inicial, ahora una disputa acerca del carácter de la marcha y sus consignas ha permitido atisbar una división política entre los convocantes.

Unos consideran que el llamado a la marcha es un esfuerzo por concretar el llamado a la unidad nacional en contra de una agresión del exterior. Así vista, la marcha deberá centrarse en repudiar a Trump, denunciando sus agresiones a nuestros connacionales que residen en Estados Unidos, independientemente de su calidad migratoria y llamando a cerrar filas ante las futuras negociaciones que habrán de realizarse en torno al TLCAN y la seguridad nacional. Reforzando el tono nacionalista del momento, el secretario de Gobernación aportó su cuota al fervor, anunciando que México sabrá resolver, por sí solo, los temas de seguridad y violencia frontera adentro. Y Estados Unidos deberá velar por los suyos en su territorio.

Otros, en cambio, consideran que, junto con la defensa de la soberanía nacional y el repudio a Trump, es necesario agregar el componente crítico interno. Junto con la crítica a Trump, el gobierno de Peña Nieto deberá también ser sentado en el banquillo de los acusados por haber debilitado al país al no combatir la corrupción en el seno de su gobierno, permitiendo la impunidad de funcionarios y fomentando complicidades con el crimen organizado. Este punto de vista considera que la marcha deberá exponer las dos caras de la moneda: la agresión exterior y la podredumbre interior, considerándolas piezas de un mismo problema.

Junto a este diferendo profundo entre los convocantes a la marcha-que encontraron la solución salomónica a qué hacer con discursos en el zócalo, decidiendo limitarse a cantar el himno nacional y obviar los discursos que habrían revelado sus discrepancias-hay otra realidad subyacente. La ausencia de los partidos políticos a esta convocatoria se debe a su descrédito social y falta de credibilidad, a pesar de que los convocantes actúan, en cierto modo, como sus representantes interpósita persona. El diferendo entre convocar para defender al gobierno federal responde al interés del PRI y sus aliados, y la versión crítica hacia adentro y hacia afuera corresponde al PAN, PRD y Morena. Los alineamientos son muy precisos. No hay como confundirse.

Por tanto, la marcha, en sus dos versiones, también expresa una profunda división nacional ante el agravamiento de las tensiones internacionales y el deterioro de las condiciones económicas y sociales internas del país. Lo que ninguna de las dos posturas puede negar es que sobreviene una situación difícil para el país. El deterioro económico se resentirá durante los próximos años y explica, en parte, la falta de credibilidad del gobierno federal en su ejercicio de gobernanza. El peligroso endeudamiento federal es obra del gobierno, no de Trump, y la mala administración pública es responsabilidad de los cuadros mayores del gobierno. El enfrentamiento con Trump puede fácilmente agravar conflictos internos, entre fuerzas políticas y entre sectores sociales. En ese punto, un llamado de atención: es necesario distinguir las exigencias del enfrentamiento internacional de la disputa política interior, inevitablemente ligado a los comicios presidenciales de 2018. Al parecer, los organizadores de la marcha no lo lograron.         

@rpascoep

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Ricardo Pascoe