Unidad nacional

Unidad nacional

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30-01-2017

La idea de “unidad nacional” es muy resbalosa, y contiene peligrosos filos punzocortantes, si no se administra con prudencia. ¿Cuántas veces en la historia de la humanidad ha sido invocada para defender intereses que confunden los del Estado con los de un grupo en el poder, y no necesariamente representan a la sociedad en su conjunto? La convocatoria que hace Trump a la unidad nacional, y al nacionalismo estadounidense, es la más obvia en la historia de la humanidad, pero de ninguna manera es un ejercicio insólito, nuevo, jamás escuchado. Al desatar las furias americanas contra México, musulmanes, el aborto, tratados comerciales y zonas geográficas enteras, el presidente de Estados Unidos construye objetos de odio que sirven para identificar y movilizar a sus apoyadores, señalando los blancos en donde depositar los miedos ancestrales que rondaban por las cabezas de la gente y no encontraban destino alguno.

Hitler invocó la unidad nacional para devolverle a la Gran Alemania su papel en la historia, después de la humillante derrota en la Primera Guerra Mundial. Su propuesta de Nacional-Socialismo era, económicamente, la aplicación del Estado de Bienestar, de John Maynard Keynes. Políticamente, era la dictadura del Partido Nazi, basada en la idea del excepcionalismo genético del pueblo alemán ante el resto del mundo.

Las dictaduras militares de América del Sur en las décadas 70 y 80 del siglo pasado se basaban en convocatorias a derrotar al enemigo común-el comunismo-y aceptar la idea de un nuevo modelo económico o, por lo menos, si no era un nuevo modelo integral, sí era un nuevo reparto de la riqueza nacional, favoreciendo a nuevos ricos y distintas facciones de las burguesías nacionales. La toma militar de las Malvinas por Argentina fue una expresión lúdica de la idea del excepcionalismo argentino, por ejemplo.

Todas las convocatorias a la unidad nacional tienden a articular, aunque en escenarios y coyunturas diferentes, estos diversos elementos, combinados conforme a la necesidad del momento: objeto de odio, miedo desplazado, excepcionalismo nacional y nuevas articulaciones económicas.    

Los llamados a la unidad nacional en México, ante las agresiones de Estados Unidos (porque ya son agresiones de ese país, y no pueden considerarse simplemente agresiones de Trump como individuo), han evocado muchos de estos elementos. Nuestro objeto de odio identificable es Trump, no Estados Unidos ni el pueblo estadounidense.

El temor por proteger a nuestros connacionales en Estados Unidos, y las remesas que envían al país, se desplaza hacia “acciones consulares con presupuesto”. Se reafirma nuestro valor nacional al confirmar nuestra historia y cultura como el “activo que une a todos los mexicanos”. Sobre economía nos habla Carlos Slim, no los responsables de la economía nacional, para decir que nos irá bien con Trump (¿o le irá bien, nos querrá decir?), mientras algunos planean boicots a empresas estadounidenses radicadas en México, sin pensar en los mexicanos empleados por ellas. Sin embargo, una renegociación o cancelación del TLCAN inevitablemente generará un retroceso económico a México, en la forma de estancamiento o recesión por la incertidumbre. Ese hecho tendrá, como efecto colateral, una redistribución del ingreso nacional desfavorable a las familias de menos ingresos, a menos de que haya una política pública agresiva redistributiva alterna. Política que, por cierto, ningún funcionario ha sugerido.

Así que cuidado con proclamas de unidad nacional sin más contenido que nuestras emociones lastimadas. Requerimos respuestas estratégicas y pensadas, no venganzas.

@rpascoep

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Ricardo Pascoe