Q Roo: narcotráfico y el dilema democrático

Q Roo: narcotráfico y el dilema democrático

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20-01-2017

Ante pregunta expresa, el gobernador Carlos Joaquín González dijo que la violencia registrada en los últimos días en Cancún y Playa del Carmen “es parte del mismo proceso, todo el desorden que venía armando, todo el esquema de impunidad y de corrupción que se tenía”, reiterando que la “total tolerancia” que el gobierno anterior tuvo hacia los delincuentes abrió las puertas para que llegaran nuevos grupos criminales al estado y que se dieran otras modalidades de delitos.

La afirmación categórica del gobernador en el sentido de que el estado de Quintana Roo esta “bajo control y en orden” entra en contradicción con el balance que el mismo funcionario hizo en los medios de comunicación. Es entendible el deseo del gobernador por tranquilizar al turismo nacional y extranjero que acude a la zona.

El reto es claro: el narcotráfico es una amenaza para una sociedad que pretende una gobernabilidad democrática. El narcotráfico impone un orden de poder y control que contradice los principios de la democracia. Necesita subyugar a sectores importantes de la sociedad, por vía del miedo, la violencia y la subordinación.

Sus características varían, por zonas y regiones del país. El Pacífico mexicano es zona de producción de goma de opio y mariguana, involucrando a pueblos enteros en la siembra, cosecha, venta y transporte de los productos. Por esta razón se da el fenómeno de grupos sociales armados a lo largo y ancho de la zona, desde Chiapas hasta Chihuahua. Las autodefensas son una expresión de este fenómeno, siendo un pueblo armado para defender su economía local, muchas veces de enervantes.

El Caribe y Golfo mexicano es distinto. No es una zona de cultivo, sino básicamente de transporte del producto de Sudamérica a Estados Unidos. No involucra a la amplia sociedad de la misma manera, por lo cual no se ven grupos de autodefensas, como en la zona del Pacífico. La violencia en el Golfo es distinta a la del Pacífico: es más cruel, despiadada, impersonal. El negocio es el transporte, mientras en el Pacífico es comunitario, social, con raíces en una multiplicidad de relaciones sociales.

Por tanto, Cancún ha tenido una relación diferente con el narcotráfico a la de Acapulco con el crimen. Hasta el reciente cambio de gobierno, existían acuerdos entre el crimen y los gobernantes. Incluso, la clase política, por avaricia, decidió ampliar la nómina de participantes, permitiendo el ingreso de los Zetas a la zona, también doblegándose a las presiones de éstos.    

La llegada del gobierno democrático desajustó los acuerdos entre grupos de poder en el estado. Tal parece que los acuerdos entre el crimen y autoridades funcionan en gran escala cuando el gobierno es autocrático, cuando no existe la alternancia. Cuando el gobierno es democrático, estos acuerdos se desmoronan. Plantea un dilema. Los gobiernos democráticos enfrentan retos de violencia que no tienen los autocráticos. El carácter de un gobierno democrático y abierto no admite acuerdos globales y funcionales entre el crimen y el poder público, como sí se ha hecho, y aún se hace, en México entre crimen y gobiernos autocráticos, sin alternancia.

Este es el dilema. O se aceptan gobiernos autocráticos pactados con el crimen o se impulsan gobiernos democráticos que enfrentan, con la ley, al crimen. Es una decisión que le corresponde a toda la sociedad tomar.  

@rpascoep

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Ricardo Pascoe

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