Esto es el football americano en México

Esto es el football americano en México

Foto: Internet

Amigos que gustan del football americano, les damos la más cordial bienvenida a esta su columna PRIMER DOWN.

En esta ocasión les platico que éste es el día que el football americano en México necesitaba, pero sobre todo, merecía. Entonces lo que aconteció el sábado 27 de octubre en el Estadio de la Ciudad de los Deportes no cabe, porque la magnitud superó una fiesta, esto sí fue un auténtico carnaval.

Clásico es tener al Politécnico y a la Universidad compitiendo en el mismo campo. Sin duda. Pero es una realidad que no importan los equipos sino las instituciones. Simplemente es un juego que significa más, que representa historia.

Y esta edición de la rivalidad más añeja del país sí que fue diferente. Tuvo una sazón que escaseó por 28 años. Desde el cambio del milenio, para los incondicionales del Instituto Politécnico Nacional era una agonía saber que fungirían como locales del partido, porque la pregunta siempre era la misma: ¿dónde va a ser el partido?

Pero entonces llegó el 2018 y todo es nuevo amanecer del football americano, de la mano del Estadio de la Ciudad de los Deportes.

Desde muy temprano, cuando el partido estaba puesto a arrancar a las 10, y no paraban de llegar los ríos de población que se congregaron en el estadio. Y sí, venían juntos. Tal vez no fraternalmente, pero sí de manera civilizada, de manera en la que todos, aficionados, jugadores, coaches, saben que el conflicto se queda dentro del Estadio, y a nadie le ayuda provocar un desmán en las calles. Esto sencillamente, no es el soccer.

Todos saben que es diferente. Es ir al partido con amigos, familia, niños, y unirse a los gritos incesantes de Goya, Huélum, de algarabía por ver el touchdown.

No cabe la tranquilidad cuando este es el partido que año con año maximiza el potencial de lo que es el deporte estudiantil en México. Ser efervescente seguidor de las tacleadas y no sentir las ganas de ponerse un equipo y rifarse el físico dentro del emparrillado sería una contradicción. Este sentimiento solo acrecienta cuando la UNAM y el IPN son los protagonistas.

Entonces vino la entrada espectacular de los invictos del Instituto Politécnico Nacional. Bombas de humo rojizas se empezaron a disipar desde la entrada principal de la tribuna oriente. Al ritmo de los latidos del corazón, salieron los Politécnicos y comenzaron el descenso del centenar de escaleras que los llevaría al terreno de juego. En la afición, vitoreo puro. Gritos de emoción, gritos al ritmo de la tonada, aplausos al compás musical, todo esto mientras el equipo completo descendía entre sus incondicionales.

Un puñado de la escuadra del Politécnico esperaba a sus compañeros de equipo a que bajaran en su totalidad. Había posiblemente unos 12,000 individuos desde hombres, mujeres, estudiantes, niños, familiares, parejas, todos esperando gritar por primera vez junto con su equipo: Huélum.

Los Pumas, directos del túnel, con su propio estilo. Todos los integrantes del máximo representativo de la UNAM con un tradicional jorongo: azul marino intenso, un cuello dorado, una U en el centro de la indumentaria, y los felinos salieron caminando, tomados de la mano, enfocados, listos para lo que iba a ser una auténtica batalla en el campo.

Sí, es una rivalidad. Estos equipos no se quieren para nada. Siempre habrá odio para el contrario, y en especial, este encuentro intensifica ese sentimiento. Los equipos se encontraron en el centro del campo. No hay una sola gota de amor, y no la habrá por lo menos en las siguientes 2 horas y media.

Esto es el football americano. No se puede mantener la cordura cuando por los siguientes 60 minutos el que está enfrente de ti quiere causarte daño, taclearte, humillarte, vencerte. Un palabrerío que es necesario: las emociones están humeantes, los atletas son intensos, nadie, ni la prensa, ni los aficionados, nadie está tan expectante por que se inicien las acciones deportivas y ahora sí se decida quién es quién dentro del emparrillado.

Será la fonética, y también que los fanáticos del Politécnico hoy superaron a los de Universidad, pero el Huélum viajaba con una intensidad que seguramente las ondas sonoras se escuchaban hasta Avenida Mixcoac. Retumbó el cántico de la escuela fundada en 1936 anunciando que no eran invictos hasta ese momento por casualidad.

Al medio tiempo, el conjunto musical “Los Grillos”, desde el endzone oriente, se engalanó frente al entradón del estadio y se lucieron con su estilo de rockabilly: el Rock del Poli, Rock de la UNAM, Voca 1, y la última, que puso a bailar a la totalidad de los asistentes que no estaban en los sanitarios: el Bule bule.

Al final, se demostró que la sabiduría convencional del football americano nunca se equivoca, o por lo menos, no hoy: la ofensiva vende boletos y pone gente en los estadios, pero la defensiva gana partidos. Pero hoy, en una ocasión tan memorable, y tal vez un poco injusto para los gladiadores, las acciones técnicas, de estadística y de esquema pasan a segundo plano. Lo que revivió la historia, lo que llenó de magia la mañana del sábado 27 de octubre fue esa rivalidad, ese odio dentro de los confines del campo que siempre deja momentos memorables a pesar del marcador.

Primero regresó el football americano estudiantil al Estadio de la Ciudad de los Deportes. Hoy: saldo blanco, absolutamente ni un incidente entre aficionados politécnicos y universitarios,  sólo el intercambio de estruendos que explotaba desde cada tribuna. ¿Porros? No superaron los 50, y los aficionados al deporte saben que eso merecen: aislamiento, desprecio, dejar de anexarlos con el fútbol americano.

Hoy regresó la rivalidad deportiva más añeja de México a uno de los estadios donde se escribieron tantas historias, donde se materializaron tantas anécdotas. En el marcador, la victoria 33-7 de los Pumas no es un resultado particularmente inaudito, pero fueron las condiciones, las circunstancias, la efervescencia de este partido las que sí lo convierten en un día memorable.

La demostración de que el football americano puede, tiene, debe regresar a una época de éxtasis. En un inmueble que ya se pensaba demolido, hoy el Burros BlancosPumas le inyecta vida al estadio.

Le inyecta vida al deporte. La demostración más reciente, y más necesaria, de que el football americano es el único deporte amateur en México capaz de sentar a más de 25,000 personas que pagaron boleto para apreciar una exhibición competitiva. Así es como nunca debió dejar de ser. Así es como el football americano en México se supone que sea, siempre. 

Agradezco su atención a la presente colaboración, y los espero con sus comentarios, en la próxima ocasión de esta su columna PRIMER DOWN…hasta entonces.

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Pablo Velasco Venegas