Los riesgos para el próximo presidente

Los riesgos para el próximo presidente

Foto: Internet

15-03-2018

Mucho se ha hablado de quien puede ganar la próxima elección, de los escenarios que pueden darse para que un candidato u otro llegue a la presidencia. Aún es muy pronto para pronosticar quien ganará. Aunque existe una tendencia que parece consolidarse, el escenario político puede cambiar de manera abrupta en poco tiempo.

Sin embargo, el próximo presidente se encontrará un país con diversos riesgos que no están ligados a quien pueda ganar y tendrá que enfrentar un inicio de administración complicado.

Por un lado, los riesgos externos actuales trascenderán la elección. La negociación del TLCAN se ha tornado ríspida y complicada. Con altibajos, ha salido adelante. Los impuestos al acero y aluminio, anunciados por Trump, abren una nueva etapa que tensa la negociación. Aunque por ahora quedaron excluidos México y Canadá, todo indica que el presidente de los Estados Unidos amenazará con aplicar aranceles a nuestros productos si las negociaciones no salen como él quiere.

El próximo presidente deberá diversificar la economía mexicana para no concentrar nuestras exportaciones en el país del norte. Aún sin el TLCAN, las exportaciones mexicanas seguirán teniendo un dinamismo importante y será necesario un presidente que pueda activar los tratados comerciales que tenemos con otras naciones.

Otro riesgo importante es el mismo Trump. A poco más de un año de gobierno, Trump nos ha demostrado que no entiende de política, economía, relaciones internacionales o comerciales. Y que es capaz de gobernar basado en ocurrencias, aun obviando los pésimos resultados que sus decisiones pueden traer.

La nueva administración deberá ser capaz de actuar con diplomacia de primer nivel. El nuevo presidente, junto con su canciller, deberán ser capaces de lidiar con Trump y sus disparates durante al menos otros dos años. Mantener las relaciones con EU es necesario, por lo que se deberá ser muy hábil para no lastimar las relaciones comerciales que existen entre los países, pero al mismo tiempo tener una posición firme que no nos lleve a la sumisión ante los caprichos de Trump.

Por otro lado, la volatilidad de los mercados es inherente a los procesos electorales. Los mercados reaccionan y normalmente lo hacen de manera negativa. Una bolsa de valores que disminuirá su valor y un dólar que comenzará a depreciarse serán indicadores que veremos por todas las noticias en los próximos meses. La volatilidad que se presentará durante las elecciones, combinada con los demás factores externos, son riesgos latentes que se deberán enfrentar y resolver en el corto plazo.

El próximo presidente deberá demostrar confianza a los inversionistas. Tendrá que mostrar personas de renombre en el ámbito económico que den certidumbre del manejo de las finanzas públicas. El presidente y su gabinete tendrán que presentar un plan económico viable, que sea acorde a la realidad del país, que incluya una reducción gradual de la deuda y un buen manejo de la política fiscal para dar solidez a los mercados y los fundamentales macroeconómicos.

Los riesgos internos son más diversos aunque no menos complicados de manejar: la violencia creciente que azota a todo el país, una inflación que no cede al ritmo que se esperaba y que amenaza el bolsillo de los mexicanos, sobre todo de los más pobres, un crecimiento precario que no alcanza a verse reflejado en el ingreso de todos los mexicanos, la enorme desigualdad que existe y que deja a miles de mexicanos fuera de toda oportunidad, y una falta de instituciones fuertes, que han sido debilitadas y desacreditadas por el manejo político de las mismas.

Es de suma importancia que el próximo presidente de respuesta a estos problemas. La sociedad no está dispuesta a tolerar más errores. Esta molestia se ve reflejada en la inconformidad hacia los partidos políticos y al gobierno actual.  No se piense que, por el hecho de cambiar de partido en el gobierno, el malestar de va a terminar. Un riesgo importante que tendrá en nuevo presidente será que se enfrentará a una sociedad más exigente, con sed de resultados y un giro de 180 grados a la manera de gobernar.

La relación entre el gobierno y la sociedad se ha deteriorado por la incapacidad de resolver estos problemas. La nueva administración deberá ser capaz de dar resultados en el corto plazo. De no ser así, el próximo presidente corre el riesgo de ser sometido a juicio por la sociedad.

@ovalle_omar

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Omar Ovalle

Especialista en Economía y Finanzas