Amor y economía

Amor y economía

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14-02-2017

La relación que existe entre el amor y la economía ha sido estudiada por diferentes autores y plantea diversos puntos de vista.  La teoría económica supone que los agentes toman decisiones de manera racional. Sin embargo, al involucrar los sentimientos esta tarea se vuelve por demás compleja.

De acuerdo con datos del INEGI, en 2016 58.1% de la población mayores de 15 años se encuentra unida (unión libre o matrimonio); mientras que el 31.4% se encuentra soltera y sólo el 10.5% es separada, divorciada o viuda. En el 2015 se registraron 558,018 matrimonios por 123 883 divorcios, es decir, el 22%.

Para algunos economistas el matrimonio es como una empresa, en donde cada uno de los cónyuges se especializa en una actividad para producir bienes, de tal manera que los resultados son mejores a los que obtendrían separados. El matrimonio se encuentra en constante negociación de las ‘ganancias’ y el divorcio suele llegar cuando no se logra este objetivo.

El mercado del amor es uno de los más imperfectos y los participantes suelen procesar mal la información disponible. Los participantes de este mercado suelen tomar decisiones mezclando sentimientos que son económicamente ineficientes. Existe un deseo de complacer a otro como un gesto de reconocimiento o afecto, situación que representa un gasto superfluo y no es una necesidad para las finanzas personales.

El amor impulsa la actividad económica. Este 14 de febrero se espera una derrama económica de 4,480 millones de pesos. Cantidad que será gastada principalmente en regalos como joyería, aparatos electrónicos, perfumes, ropa, dulces, flores, entre otros. 

Un regalo, a pesar de tener las mejores intenciones, puede no ser una decisión óptima. Normalmente quien compra el regalo suele gastar mucho más de lo que gastaría la persona que lo recibe. También hay que mencionar que el valor que se le da a los regalos se relaciona con tiempo que se invierte en buscar y escoger el ‘regalo perfecto’, y este valor puede no ser correspondido de la misma manera.

Pueden ser muchas variables las que se encuentran relacionadas con escoger una pareja; aspectos físicos, inteligencia, habilidades personales, situación económica, etc. Cada persona pondera de manera diferente las cualidades que busca en su pareja, donde el deseo y la atracción pueden jugar un papel importante nublando al cerebro de tomar la decisión más racional. Sin embargo, aquí también aplica un principio de las inversiones: siempre vale la pena investigar más, lo más atractivo y seductor puede ocultar el mayor riesgo de pérdidas.

Indudablemente se requiere un análisis multidisciplinario para obtener mejores conclusiones. Pero es claro que los sentimientos obstruyen la racionalidad económica. Esto no significa que ser emocional o emotivo sea malo. Es necesario encontrar un equilibrio entre el deseo y la racionalidad.

Una amiga me comentó que “sin duda como seres humanos, con nuestra imperfección incluida, siempre estamos propensos para actuar de manera incorrecta a causa de tocarnos el corazón antes de pensar de forma más ‘racional’. Muchas veces nuestros pensamientos de seres con sensibilidad, no nos permiten apartar y diferenciar para decidir acertadamente.”

Por ahora, dejemos que este 14 de febrero la irracionalidad se haga presente y disfrutemos el día del amor y la amistad de la manera que nos dé mayor satisfacción, disfrutando de la dicha de tomar decisiones espontáneas basadas en sentimientos nobles como el amor.

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Otra perspectiva

Omar Ovalle

Especialista en Economía y Finanzas