Política y Dinero

Política y Dinero

Foto: Internet

26-10-2016

“Un político pobre es un pobre político”, una frase que dijera el Profesor Hank Gonzáles, y prácticamente el modo de vida que adoptaron los políticos mexicanos durante las últimas décadas al grado de que la sociedad llegamos a verlo normal. 

Ser político es, en México, señal de poder, de dinero, de autoridad. Pero también se tiene la percepción de que son corruptos, flojos e incapaces. Las personas que se encuentran alejadas de la política no entienden como estos personajes trabajan para ellos o que acciones realizan para servir a la sociedad, como se supone sería cualquier cargo público.

Ver a un político, ya sea un funcionario de alto nivel, a alguien que ocupa un puesto de representación popular o algún directivo de partido, es muy parecido a ver a un empresario, al menos en apariencia. Uno se los puede encontrar en restaurantes caros, con personal de seguridad, acompañado de varios ayudantes, con trajes de los mejores diseñadores y en las zonas más exclusivas de la ciudad.

Ellos se comportan como una elite, actúan como una minoría, aunque dicen representar a la mayoría, inclusive quienes dicen representar a los más pobres. En México, los políticos se convirtieron en personajes alejados de la sociedad que ocupan un cargo público para mantenerse en esa elite y no para trabajar para quienes votaron por ellos.  

La política y la corrupción tienen una relación muy estrecha en México. Creo que muchos pensamos que la mayoría de los políticos son corruptos y quienes no lo son, terminaran siéndolo tarde o temprano, pues la moral se encuentra divorciada de la política.

Desde hace años los políticos perdieron la credibilidad, se han dedicado a gobernar para ellos mismos y beneficiar a quienes están dentro de su círculo de confianza. Llegar a un puesto de alto nivel significa asegurar una vida de lujos y riqueza. La política y el dinero se volvieron sinónimos, no porque así sea, sino por los abusos de quienes nos han representado en los últimos años.

La corrupción no es nueva, sabemos que en los tiempos de partido único era el común denominador de quienes nos gobernaban. Sin embargo, los partidos de oposición fueron ganando terreno criticando los abusos y al llegar al poder se dedicaron a hacer lo mismo que criticaban. Era un critica que disfrazaba el deseo de obtener un pedazo del pastel.

Hoy, el discurso político se centra en recobrar la confianza de los ciudadanos, en demostrar que los otros son corruptos y por eso hay que quitarlos de poder, en deslindarse de personajes indeseables y que afecten su imagen. ¿Cómo creer en las palabras de los partidos políticos cuando a quienes ponían como ejemplo han sido los protagonistas de grandes desfalcos a las arcas públicas?

Los actos de Javier Duarte, Gobernador con Licencia de Veracruz, confirman lo que la mayoría pensamos de los políticos; son personas sin escrúpulos que actúan con cinismo, que anteponen su ambición frente todo, que se sienten dueños de los recursos que tienen bajo su resguardo y que actúan por encima de ley debido al poder que la ciudadanía les ha prestado de manera temporal.

Pienso que poner a personajes como Duarte frente a la justicia es una buena señal. Este puede ser el primer paso para convertirnos en un país donde todos respetemos la ley, sin importar si es un ciudadano de a pie o un alto funcionario público. Aún falta mucho para eso, lo sé, es necesario hacer una limpia de la casa, no es sólo Javier Duarte quien debe pagar por sus actos de corrupción; los Moreira, Rodrigo Medina, Aguirre Rivero, Padrés, Borge y con ellos muchos funcionarios de todos los niveles y de todos los colores han cometidos actos igual de reprobables y deberían de enfrentar el mismo proceso.

Los políticos deben entender que abusar de la confianza que se les deposita tiene consecuencias, que no son intocables y que los ciudadanos estamos aburridos de que se enriquezcan a costa de nuestros recursos. La clase política en general debe de dar un giro de 180 grados si acaso buscan tener la aceptación de la sociedad.

 

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Omar Ovalle

Especialista en Economía y Finanzas