Tlachicoleros: Corrupción, impunidad y box

Tlachicoleros: Corrupción, impunidad y box

Foto: Internet

 

Tlachicolero se les llamó por décadas y aún siglos a las personas que se  dedicaban durante el auge de las haciendas pulqueras en México a extraer o succionar con un acocote, que es una especie de huaje hueco y seco, el aguamiel para recolectarlo en una garrafa e iniciar el largo proceso para la fermentación y elaboración del pulque.

Tlachicolero en los tiempos de Vicente Fox, de Felipe Calderón y de Enrique Peña Nieto son delincuentes dedicados a extraer, chupar, exprimir, no con huajes, sino con mangueras, bidones, pipas y sobre todo mucha corrupción, donde participación funcionarios de Pemex, empresas privadas, líderes sindicales, gasolineros e incluso los propios consumidores, millones de litros de gasolina y diésel de los ductos de la empresa “productiva del Estado”.

Desde hace por los menos seis años, la Asociación Mexicana de Distribuidores de Gasolinas (Amegas) que preside Pablo González advertía que el 20 por ciento del mercado de las gasolinas ya lo manejaba el crimen organizado vía el robo de ductos y la venta clandestina lo mismo en carreteras hasta en la mitad del precio que lo expenden las gasolinerías.

En seis años nadie se dio cuenta de cómo creció este negocio que no se opera  sólo con una decena de delincuentes en una camioneta o pipa vieja, con cuatro o cinco mangueras y una decena de bidones.

Para robar un ducto se necesita de colaboración de personal de Pemex, de confianza o del Sindicato Petrolero que encabeza Carlos Romero Deschamps, para saber a qué hora baja la presión, qué tipo de combustible se envía. No es información del dominio público, incluso tendría que ser de seguridad nacional, pero en México con unos billetazos y un buen contacto todo se puede.

Un caso reciente donde se aprecia que hay “tlachicoleros” de cuello blanco y mucho tráfico de influencias es lo ocurrido 16 de marzo, cuando la PGR puso en la mira a la empresa “Construcciones Industriales Tapia”, al descubrir en el Parque Industrial de Atitalaquia, en Tepeji, Hidalgo, propiedad de la citada compañía, había una toma clandestina hermética para sustraer diésel, con la cual se conectaban desde unos 300 metros de longitud.

Pero lo cierto es que en la pasada pelea del Julio César Chávez Junior contra el “Canelo” Alvarez, el hijo del campeón mundial lució en su short como uno de sus patrocinadores a “Construcciones Tapia”. La misma que estaría siendo investigada por la PGR. Cuánto costará una publicidad en este evento deportivo, el más visto y promocionado  en los últimos meses en México.

De acuerdo a empresarios del sector y funcionarios de Pemex, “Construcciones Industriales Tapia”, es encabezada por Juan Carlos Tapia Vargas y durante los últimos dos sexenios pasó de ser una empresa domestica a socia comercial de la compañía multinacional OHL.

Para ello conto con el apoyo Miguel Tame Domínguez, ex director de Pemex Refinación, actualmente bajo investigación de la Secretaria de la Función Publica, al estar presuntamente involucrado en el escándalo de corrupción de la petrolera brasileña Odebrecht.

Por cierto, hay algunos legisladores que ya anuncian nuevas reformas contra el robo de hidrocarburos. Mejor que apliquen el marco legal existente que incluso  tipifica como “terrorismo en materia de robo de hidrocarburos” con hasta 60 años de cárcel. El problema es que no detienen a nadie, ni de adentro, ni de afuera de Pemex, ni del Sindicato Petrolero, ni de las empresas involucradas en el robo.

Y cuando los descubren los “tlachicoleros” andan  armados hasta los dientes y se enfrentan incluso al Ejercito, usan adolescentes y niños como “escudos”, “halcones” y para revender el combustible robado. Negocio redondo, impune. Tal Cual

 

 

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