Obama, Peña y Trump: Deportadores team

Obama, Peña y Trump: Deportadores team

Foto: Internet

El 2016 fue un año negro para la migración mundial. El éxodo de migrantes de naciones africanas y asiáticas hacia Europa provocó al menos 5 mil muertos en naufragios, todo ello en medio del cierre de fronteras y de la radicalización de políticas en diversos países europeos que buscan establecer barreras a quienes huyen de la guerra, del exterminio, de los conflictos religiosos y de la hambruna.

En Estados Unidos, México y Centroamérica la situación no es muy distinta, sólo que con menos reflectores mediáticos. El territorio mexicano se ha convertido en un “gran cementerio” de migrantes que buscan el “sueño americano” y que encuentran a su paso lo mismo a traficantes que los secuestran,  extorsionan y asesinan o bien a policías y funcionarios de migración que los “venden” al crimen o los deportan.

La frontera norte de México se ha convertido en territorio infranqueable para los migrantes mexicanos, centroamericanos, haitianos o cubanos. De este lado del Río Bravo, el crimen organizado cobra “derecho de piso” a cualquiera que se acerque al cruce fronterizo.

De aquel lado, sobre todo en Arizona, Texas y California, el desierto, la Border Patrol y grupos extremistas son la “el embudo de la muerte” para cualquier migrante que se atreva cruzar por zonas inhóspitas con temperaturas extremas, sin agua y expuestos a la fauna de serpientes y alacranes.

El Colibrí Center, organización con sede en Tucson, Arizona, que ayuda a buscar e identificar a migrantes extraviados o muertos en el desierto, tiene   2 mil 500 casos abiertos de personas que cruzaron la frontera y nunca llegaron a su destino.

Por su parte, la Oficina del Forense de Pima, señala que en la última década se han encontrado los restos de más 2 mil 500 migrantes en el desierto de Arizona. El total de fallecidos en el mismo lapso en toda la frontera entre México y Estados Unidos se calcula en más de 6 mil 500. La mayoría mexicanos.

Sumado a ello, el Gobierno de Estados Unidos encabezado por Barack Obama terminará su gestión el próximo 20 de enero con cifras record que lo convertirán en el presidente estadunidense con más deportaciones en la historia de esa nación.

Literalmente y como ya se le conoce entre organizaciones humanitarias, el primer mandatario afroamericano ya es “el deportador en jefe”: casi 3 millones de deportados en 8 años. De ellos 2 millones de mexicanos, ello de acuerdo a cifras dela Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE).

En México no cantamos mal las rancheras cuando se trata de quedar bien con el vecino del piso de arriba, es decir Estados Unidos y con ello inhibir, frenar y deportar a oleadas de migrantes centroamericanos que huyen de la pobreza y la violencia.

Ante la ONU el presidente Enrique Peña Nieto defiendo el papel y las bondades de los migrantes. Sin embargo, el Plan Frontera Sur instrumentado en su gobierno logró detener y deportar en  2015 a 198 mil 141 migrantes, de los cuales el 90 por ciento eran de origen centroamericano.

En 2016, sólo hasta el mes de julio, se llevaba un record de 99 mil 768 capturas de migrantes, que podría duplicarse con la crisis de migrantes haitianos, africanos y centroamericanos de los últimos meses.

Donald Trump tiene una virtud frente a Obama y Peña. Él nunca ha defendido a los migrantes, ni ha prometido reformas migratorias, ni ha emitido encendidos discursos ante la ONU. El habla de construir muros, de redadas masivas, de deportaciones. Pero en el fondo, los tres son iguales frente al éxodo de la violencia y la pobreza. Forman ya parte del “Deportadores Team”. Tal Cual.

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