AMLO desborda popularidad

AMLO desborda popularidad

Foto: EFE/Jorge Núñez

EL PRESIDENTE de la República, Andrés Manuel López Obrador, llega con un nivel de aprobación social que es arrollador, indiscutible y de elevada confianza popular en sus dichos.

AMLO se convirtió el sábado pasado en el símbolo de la esperanza, como Vicente Fox, cuando arrancó con una prometedora alternancia democrática, y el cambio esperado era el motor de un México que quería renovarse. Luego vino la decepción.

Pero a diferencia del guanajuatense, la ceremonia de transición del Poder Ejecutivo fue republicana, no en la cocina como se vivió después de Ernesto Zedillo. El actual mandatario llega al poder con todos los ases en la mano, con el Congreso de la Unión a su merced, con el Poder Judicial dispuesto y con Fuerzas Armadas disciplinadas. Hasta ahí todo está perfecto.

Pero llegó el momento de las acciones. El tercio de la población que votó por él espera hechos. Madres solteras y sus hijos; miles de pensionados que reciben menos de 2 mil pesos al mes; estudiantes no becados; aspirantes a microempresarios; miles de mexicanos en situación de calle o de alta vulnerabilidad; millones de desnutridos y sin seguridad social, así como un ejército nutrido de desempleados, están ansiosos de que aumente su poder adquisitivo a través de apoyos sociales directos o indirectos, pero reales.

Pero hay otro segmento de la población que espera acciones aún más profundas. Son los mexicanos que votaron o no por AMLO y que quieren que baje el precio de la gasolina; encierre a los políticos o expolíticos delincuentes, enriquecidos explicablemente; acabe con el crimen organizado, sin perdón; se anuncie una baja en los impuestos, como en Estados Unidos; reciba apoyos para sus microempresas, y espera con ansia que mejore el salario que recibe y su empleo sea seguro.

Luego está el México de la plutocracia. De los grandes empresarios y políticos que se pegan al poder cada sexenio, y que por cuarta vez se transformaron. Son esos mismos que suben como la espuma en sus ganancias e influencia, mientras los equivocados bajan y se quedan a merced de tiempos mejores, pierden sus empresas o demerita su capital.

Finalmente, quedan otros mexicanos, muy pocos, que sacan su dinero del país. Son los mismos que durante décadas Luis Echeverría dijo que combatiría sin cesar, o que José López Portillo combatió con palabras, pero sin conocimiento de causa, y, en su momento, les espetó: "No nos volverán a saquear". Son esos dizques mexicanos que van en maridaje con los grandes inversionistas y especuladores foráneos que pueden colaborar en la descomposición de los mercados financieros en una mañana; destrozar los mercados de capitales con afectación para decenas de empresas, y que pueden obtener miles de millones de dólares en unas cuántas horas, y dejar al país sin reservas internacionales.

Como ven, el actual gobierno tiene retos formidables.

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LO UNICO vergonzoso en la ceremonia del sábado 1 de diciembre fue la actitud de Enrique Peña Nieto. Nunca un mandatario había sido tan vituperado en su tarea encomendada como el número 64 de nuestro país. Sin duda, EPN pasará a la historia de México como el presidente más impopular y repudiado de México después de Antonio López de Santa Anna. El sexagésimo mandatario constitucional debió irse del recinto legislativo, después de entregar la banda presidencial en la ceremonia del sábado pasado. Fue un acto de desatino, despropósito, desvergüenza y masoquismo quedarse a escuchar lo que AMLO le dijo. El discurso del presidente número 65 rayó en la sevicia.

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ESTE LUNES, más de 200 dependencias de gobierno de alto nivel amanecerán sin timón. Habrá que esperar quién firma documentos, quién dará salida a los pendientes, quién asumirá las responsabilidades, porque ningún encargado de despacho en su sano juicio estampará su firma en un documento que le puede traer consecuencias legales, ya sean autorización de inventario, pago de salarios para personal de confianza o por honorarios, autorización de incapacidades médicas o laborales y sindicales, inicio de acciones legales contra terceros o la simple obtención de un ciento de hojas de cualquiera de los almacenes. No es cuento, ahí está la Ley de Responsabilidad de Servidores Públicos, por si no la han leído.

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AUN SIN haber tomado posesión, López Obrador ya traía varios muertos en su haber. Sin emitir un decreto, sin firmar un documento, sin autorización del Congreso de la Unión y sólo con el permiso del pueblo por él representado, según exclamó en su momento, pasaron a mejor vida o por lo menos son la crónica de muertes anunciadas: el avión presidencial, las pensiones individuales; las reservas internacionales y la autonomía del Banco de México; las comisiones bancarias; el servicio médico a cambio de una quita del salario para cubrir cuotas del IMSS; la respetabilidad de muchas instituciones como el Fondo de Cultura Económico; el federalismo; las nuevas concesiones para minas; la exención de impuestos para las utilidades en bolsa y en bancos; los gobernadores y su Conago; la unidad y coherencia de la cúpula empresarial; la impunidad de los criminales, y cientos de oficinas de prensa, sin contar los contratos y reformas estructurales a las que meterá mano.

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El nuevo aeropuerto de Texcoco quizá ya no sea un proyecto muerto, porque el gobierno de AMLO ya instaló el nuevo Consejo de Administración del Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México (GACM), en el que Javier Jiménez Espriú, secretario de Comunicación y Transportes, quedó como presidente; Simón Levy como consejero propietario, y Gerardo Ferrando Bravo, como director general. Es probable un proceso de marcha atrás en la decisión de cancelar la megaobra, ante la contundencia de los compromisos de deuda por más de 6 mil millones de dólares, el contagio hacia bonos de deuda soberanos que deterioraron el valor y la incertidumbre que se generó. Todo parece indicar que la posición oficial del gobierno de AMLO es de tranquilidad a los mercados.

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LAS VARIABLES económicas que podrían descomponerse en este mes y todo 2019 son la estabilidad del tipo de cambio, aunque el Fondo Monetario Internacional (FMI) ponga a disposición del país 72 mil millones de dólares, así como las tasas de interés que podrían brincar al nivel a los dos dígitos, aunque la FED se mantenga en el rango de la cautela e inamovilidad de sus réditos.

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Gerardo Flores Ledesma