Dolor, sólo dolor

Fuente: 
Adalberto Villasana
07-12-2014

Hasta hace unos años el desempleo, subempleo y bajos salarios, así como la falta de acceso a la educación eran las preocupaciones de los jóvenes en México. Hoy con tristeza sabemos que la inseguridad es lo que más les aqueja. La situación se complica cuando son las mismas autoridades las involucradas con detenciones arbitrarias de las que son víctimas las nuevas generaciones.

El golpear y luego averiguar que caracteriza a la policía uniformada en la actualidad, es un regreso terrible de más de 30 años. Hoy ser joven, vestir de mezclilla y playera es motivo suficiente para que “un guardián del orden” catee a un adolescente.

Los silencios ominosos de las comisiones de derechos humanos, tanto de la nacional (CNDH) como la de la ciudad de México (CDHDF), las cuales reaccionaron muy tarde, tanto en el Caso Ayotzinapa, como en las detenciones arbitrarias en la capital del país, respectivamente.

Y es que no hay un dolor más grande que el de un padre que pierde un hijo, las imágenes son desgarradoras al ver a don Ezequiel Mora frente al altar de su hijo Alexander, normalista desaparecido. Las pruebas de ADN indican, que con un pedazo de hueso hallado, el joven fue identificado.

Y frente a su imagen dice adiós al viento; un “¡cuídate!” como dicen los padres mexicanos a sus hijos cuando salen de casa.

Hoy don Ezequiel ve la imagen de Alexander a cada paso que da, en las paredes, en carteles, mantas, pero ya no lo tiene para abrazarlo. Lo ve, pero no lo ve.

Qué nos pasó como sociedad, en lugar de que nuestros jóvenes estén en las escuelas, universidades, tecnológicos, en un trabajo digno y justamente remunerado, que sean la palanca de desarrollo de la nación, pues no. Los encontramos pulverizados en algún lugar y en muchos otros casos jamás se sabe nada de ellos, como es el caso de miles, cuyas imágenes vemos a diario en las calles y medios de comunicación, con la leyenda “Se buscan”.

Dónde están nuestros jóvenes. Los cuerpos policiacos de todo el país están en tela de juicio; a los normalistas desaparecidos se los llevaron los elementos municipales.

Policías infiltradas por el crimen organizado llevan a que las instituciones sean cuestionadas.

Y los casos en el Distrito Federal también son graves las detenciones arbitrarias, son una constante luego de las manifestaciones. Se criminaliza la protesta.

Textualmente hay que decirlo: La crisis social es innegable en México, reflejo de ellos son las manifestaciones de todos los días, la gran mayoría de ellas encabezadas por jóvenes que levantan la voz en demanda de justicia en el más amplio sentido. Y es que toda solución al problema deberá transitar por una política seria y decidida de atención a la juventud.

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