El sueño de un necio se vuelve hoy realidad

  • El sueño de un necio se vuelve hoy realidad

    Foto: Notimex

Fuente: 
Notimex
01-12-2018

El Zócalo de la Ciudad de México es un corazón palpitante de colores que presiente la transformación. Es el lugar predilecto del hoy presidente Andrés Manuel López Obrador. La plaza ha sido su cómplice en mítines y testigo silencioso de sus peores luchas: el desafuero y las dos elecciones anteriores.

Hoy, el Zócalo es un espacio para la gran fiesta bajo las luces prenavideñas de los edificios. Ahí se hinca junto a representantes indígenas, recibe bendiciones y un bastón de mando, y da su primer discurso ante la población.

La plaza atestada le ofrece su silencio y atención. Entre los invitados, ancianos, niños, familias enteras, pero sobre todo jóvenes que gritan con fuerza, la misma que motiva la búsqueda de un mejor futuro, mejores oportunidades; depositan su esperanza entre papeles de colores en la figura del político de 65 años de edad.

 

También te podría interesar:AMLO se compromete a “mandar obedeciendo al pueblo”

 

¡No nos falles! Es la exigencia con el puño en alto y las pupilas dilatadas. Todos tienen la esperanza de una verdadera transformación del país que permita tener mejores condiciones de vida, que reduzca la desigualdad y los niveles de violencia y criminalidad.

Ensordecen su grito: “es un honor estar con Obrador”, izan banderas con el rostro caricaturizado de un Andrés despeinado, han llegado de todos los lugares del país, gritan con más fuerza cuando se les incluye y se les promete “reactivar la economía con salarios justos”.

Hace cinco meses, el político tabasqueño logró ganar la elección presidencial con más de 30 millones de votos, cerca de 53 por ciento de los votantes, personas que además le dieron su respaldo en la Cámara de Diputados y en el Senado.

Retumba el “sí se pudo”. Todos se unen en un grito que conmueve: “no estás sólo”, la frase se lanza al aire y llega a todos, nadie está sólo en México, país que ante las desgracias demuestra que sabe salir adelante y acompañar a los suyos.

A unos pasos de la habitación de Benito Juárez en Palacio Nacional -inspiración diaria de López Obrador- promete mantener la estabilidad económica y financiera del país, plantea una verdadera transformación con apoyo al campo y la creación de infraestructura que genere empleo.

En cien puntos resume todo su proyecto. Para cumplir pide paciencia y confianza, dice que recibe un país en quiebra, sobre todo en el sector energético. La propuesta de bajar los precios de los combustibles después de construir refinerías es una de las más aplaudidas.

El tabasqueño abre más los ojos cuando habla de corrupción, amiguismo y nepotismo que define como lacras de la política, grita al referirse a la manipulación electoral; en contraparte reitera letra por letra las palabras: austeridad republicana y gobierno del pueblo para el pueblo.

Sonríe al hablar de la venta del avión presidencial mientras observa el Palacio Nacional en el que unas horas antes recibió a centenares de invitados internacionales que acudieron a la invitación para ser testigos del cambio de régimen en la nación azteca.

¿Cuál es la línea que divide la perseverancia de la necedad?

A decir de la esposa de López Obrador, Beatriz Gutiérrez Müller, la perseverancia se parece a la necedad. “Cuando es para una cosa negativa no sirve de nada, pero cuando la necedad es para construir un mundo mejor, una mejor familia hay que ser muy necios”.

Fue ella, quien incluso cantó para su esposo “El Necio”, del cantautor, guitarrista y poeta cubano, Silvio Rodríguez, entre sus estrofas recalca la necedad de asumir al enemigo… la necedad de vivir sin tener precio.

Quizá López Obrador nació junto con la terquedad en la Villa Tepetitán en Macuspana, Tabasco, en 1953, o esa característica se nutrió en la Universidad Nacional Autónoma de México, en donde estudio Ciencias Política y Administración Pública en 1976.

Con obstinación inició su carrera política cuando apoyó la candidatura del poeta tabasqueño Carlos Pellicer para ser senador de Tabasco; en 1977 fue director del Instituto Indigenista de Tabasco en favor de los indígenas chontales.

Escribió en aquella época sus primeros libros: Los Primeros Pasos; Del Esplendor a la Sombra y Entre la historia y la esperanza, como presagio de lo que viviría en el camino hasta lograr la presidencia de República.

La necedad lo llevó, por ejemplo, a postularse dos veces a la gubernatura de su tierra natal, no lo logró pero no declinó, continúo un camino que lo llevó a la presidencia del Partido de la Revolución Democráti Ciudad de Méxicoca (PRD), cargo que ocupó de 1996 a 1999.

Después encabezó en 2011 la constitución formal del Movimiento Regeneración Nacional (MORENA), partido que lo llevó a ser el jefe del Ejecutivo federal.

En el primer discurso en el Zócalo hay lágrimas entre sus fieles, igual que en 2005 cuando era jefe de gobierno de la y fue acusado de haber incumplido un ordenamiento judicial que derivó en su desafuero.

Con el inicio del siglo, López Obrador obtuvo el registro como candidato para dirigir el entonces Distrito Federal, el 2 de julio de 2000 ganó las elecciones con 37.5 por ciento de los votos emitidos, es decir, cuatro por ciento más que el candidato más cercano.

En esa época ofreció más de mil 500 conferencias de prensa, cada día a las 06:00 de la mañana daba un mensaje a los medios de comunicación, las palabras sencillas y con acento tabasqueño trascendían más allá de las fronteras metropolitanas y alcanzaron notoriedad a nivel nacional e internacional.

Desde entonces como hasta ahora, define como su prioridad la atención a la población más pobre, a los vulnerables, discapacitados, madres solteras, migrantes, desempleados, productores rurales, microempresarios, jóvenes y ancianos, a quienes les ofreció una pensión alimenticia (programa que de manera posterior se convertiría en una ley a nivel nacional).

López Obrador -quien fue candidato presidencial de la coalición Por el Bien de Todos en 2006 -se proclamó como "presidente legítimo" de México en un multitudinario acto, se colocó una “banda presidencial” y tomó protesta.

Ahora, 12 años después, regresó al Zócalo con la banda bajo un traje oscuro, pero a diferencia de aquel día, hoy es presidente constitucional.

El mismo reconoce su necedad, “todo ha sido posible por la perseverancia, por la terquedad, por no abandonar la lucha, no claudicar, no vendernos, por caer y levantarnos hasta lograr la transformación de México”.

Notas Relacionadas