"Angélique", el canto negro de la tolerancia

  • "Angélique", el canto negro de la tolerancia

    Foto: Luis Enrique Flores Aguilar

En el ocaso del verano, la noche del primero de septiembre, donde la lluvia dio tregua, el canto seductor de "Angélique" hechizó al público asistente al Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, el cual se le rindió con una una ovación de pie al terminar la presentación.

"Angélique" es un espectáculo de cabaret que a través de canciones emblemáticas y disertaciones de temas como la discriminación, el racismo y la migración  nos traslada a los últimos días del año 1959 de una Ciudad de México ilusionada con el progreso y la modernización, donde la vida nocturna y la época de oro del cine mexicano la ponían ante el mundo como un espacio cosmopolita, nada más lejos que eso...

Foto: Luis Enrique Flores Aguilar

Desde que el público toma su lugar en el recinto teatral, una banda de jazz lo ubica en aquellos años promisorios y cuando el espectáculo inicia, la voz de Angélique (Muriel Ricard) lo atrapa para no soltarlo más hasta que el viaje termine.

 

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Entre tema y tema, Angélique nos habla de su origen francés, de sus raíces africanas y americanas; nos cuenta de su viaje a nuestro continente al lado del equipo de ÉdithPiaf en una gira por Estados Unidos, para después aterrizar en México con la ilusión de conocer a Cantinflas y reconocerse a ella misma, quizás: "cada vez que abrimos la maleta encontramos un puñado de canciones que nos dan patria", dice.

Nos narra cómo empieza a trabajar en un bar de la Ciudad de México donde el dueño, con cuerpo de tololoche, le pide que cante "Bésame mucho", nada más original dice la cantante, quien de nueva cuenta deleita al auditorio con una interpretación exquisita.

Pero no todo es glamour, el humor de Angélique es tan sutil que aunque nos ponga el dedo en la llaga haciendo crítica de nuestros prejuicios y comportamientos absurdos, nos reímos aceptando que tiene la razón, como ese de que los mexicanos preferimos mentir antes que aceptar nuestros deseos culposos.

La velada continúa y Angélique nos habla del amor y sus amoríos:  "Yo no soy de las que coleccionan hombres guapos; a mí me gusta hacerlos guapos", el público, principalmente el masculino, se emociona.

Unas cartas misteriosas se proyectan en el fondo del escenario y luego caen como lluvia. Ella canta "La Llorona", una canción, dice, que la obliga a permanecer en México, pues ella busca un lugar donde la muerte se celebre con flores, donde no se avergüence de vivir como si fuera el último día. Angélique canta y el amor sigue doliendo: "¿De qué me sirve la cama, Llorona, si él no duerme conmigo".

Con la filosofía de que el mejor día para morir, siempre será mañana, la cantante mulata hace una pausa y regresa al tema del racismo cuando nos cuenta la anécdota del negrito más famoso de las historietas mexicanas: Memin Pinguín, y de nueva cuenta nos exhibe cuan estúpidos podemos llegar a ser cuando discriminamos por el color de piel; "todos tenemos un color", nos increpa.

Como película de la época de oro, los músicos visten de blanco y negro, Angélique, con un atuendo ajustado del color de su piel, ahora canta "Fever" y de nuevo nos enamora con su voz. 

Después regresa al humor y habla de las groserías enalteciendo el orgullo mexicano de que hasta con silbidos se puede insultar. Ella pide y el público responde: en el teatro resuena un chiflido en masa mentando la madre; cada quien en su cabeza sabe a donde dirigirlo.

El espectáculo se acerca a su fin y Angélique se pone seria de nuevo. "Soy blanca, soy india, soy negra, soy tantas mujeres que los espejos no me alcanzan", dicen mientras encara al público y lo invita a que viva su vida con intensidad.

Las cartas regresan a la escena: "son trozos de mi vida que quizás guardan secretos". Lee una de éstas y los asistentes se sorprenden con lo que se revela.

Angélique se despide de su público con el canto de "La Sandunga" y nos recuerda que negras (y negros) hay en todo el mundo. El público estalla en aplausos y vítores.

Más que un monólogo, como dijo al final el director de este montaje, Eduardo Castañeda, "Angélique" es un diálogo entre la artista y su público, uno en el que se nos invita a reflexionar acerca de la discriminación y el racismo como tareas pendientes que aún debemos superar.

 

 

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