"El último teatro del mundo", un musical lleno de reflexiones

  • "El último teatro del mundo", un musical lleno de reflexiones

    Foto:Cortesía| MNE

¿Para ser grande es necesario ser famoso? Eso es lo que se pregunta Pina, protagonista de la obra El último teatro del mundo, que se presenta hasta el 17 de diciembre en el Teatro El Galeón del Centro Cultural del Bosque.

Se trata de una pequeña catarina que sueña con alejarse de un mundo donde sólo habitan lechugas y otros insectos, y su única posibilidad para alcanzar la grandeza es emprender un viaje en busca del último teatro del mundo.

En su periplo se encontrará con simpáticos y excéntricos personajes como una luciérnaga, una traductora de insectos y un inventor que la acompañarán en su misión.

 

También te puede interesar: Arranca el Encuentro de Estéticas de Ciencia Ficción en el Cenart

 

José Manuel López Velarde, autor y director del montaje, explicó que la obra es un musical dirigido no sólo a los niños, sino también a sus papás, que va más allá de ofrecer mero entretenimiento.

“Si bien hay un interés personal en este género, me parece que es un formato que llama la atención porque requiere de una conjunción de muchos elementos: la música, el baile, el canto, la actuación”.

Destacó que se promueven diversos mensajes sobre quiénes somos, las trampas de la fama, lo que podemos hacer para cumplir nuestras metas y descubrir cómo esas particularidades que a veces nos parecen extrañas pueden ser nuestros grandes talentos.

Con música original de Iker Madrid, el elenco está conformado por Enrique Chi, Marco Paredes, Mauricio Hernández, Pablo Rodríguez, Paloma Cordero y Paloma Hoyos.

La historia se ubica en un mundo futurista y posmoderno en donde espacios como el teatro ya no existen, no hay mucha tecnología y los personajes de alguna manera se convierten en el equipo técnico de una puesta en escena.

Tanto el vestuario como la escenografía remiten a una época apocalíptica en donde se promueve la idea de reusar y reutilizar, a partir de materiales reciclados.

Un aspecto importante es la música que se vuelve una herramienta emotiva insustituible que logra transportar a los escuchas a lugares diferentes. Aquí los instrumentos se tocan en vivo por los actores y están hechos con basura. Hay guitarras construidas con latas de galletas, un bajo hecho con una tina y un palo de escoba, flautas con tubos de PVC, percusiones a partir de cubetas, instrumentos de juguete, dos flautas transversas, un teclado y campanas.

Mediante números musicales como Fama, Comer y dormir y  Diez en uno,  El último teatro del mundo apela a la imaginación de los niños con ayuda de la magia que produce la música, la danza y el cantar sobre un teatro.

Notas Relacionadas