Lisette Oropesa tuvo que bajar de peso para ser soprano

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Fuente: 
AFP
02-11-2018

París. En el imaginario colectivo, una soprano es a menudo corpulenta. Sin embargo, desde hace más de una década, los directores de ópera prefieren las cantantes delgadas, algo que la estadunidense de origen cubano Lisette Oropesa ha vivido en carne propia.

“En 2005 pesaba 95 kilos. Ahora, 56. Me tomó cinco años alcanzar mi peso actual”, contó esta soprano solicitada por las casas de ópera más grandes del mundo.

En la Metropolitan Opera House, “me decían ‘tienes que resolver tus problemas de peso si quieres tener una oportunidad’”, relató la cantante lírica de 35 años, quien interpreta en París El elixir de amor, de Gaetano Donizetti.

 

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Desde que estaba en la escuela en su Nueva Orleáns natal, Lisette Oropesa sufría burlas por su peso. “Eres gorda”, le gritaban los demás niños, algo que al comienzo de su carrera le costó algunos papeles.

“Buscan cantantes que bailen, salten”

En las producciones contemporáneas “buscan cantantes flexibles (...) que bailen, salten”, explicó la mujer de cabello castaño. “Si no correspondes a sus exigencias, simplemente algunos no trabajan contigo. Si deben escoger entre mil chicas, eliminarán primero a las que tengan sobrepeso”, aseguró Oropesa, mientras para los hombres “no hay mucha presión para que sean perfectos”.

En la historia moderna de la ópera, el caso más famoso es el de María Callas, a la que un empresario calificó en 1951 de “monstruosamente gorda” (91 kilos), antes de que “la divina” perdiera 36 kilos.

La soprano española Montserrat Caballé, quien falleció a principios de octubre a los 85 años, era el arquetipo de la soprano corpulenta.

Sin embargo, en los años recientes ha habido un debate sobre el hecho de que se está dando demasiada importancia a la belleza en detrimento de la voz.

En 2003, una de las más grandes cantantes líricas, Deborah Voigt, fue despedida de la Royal Opera House porque no entraba en su traje. Se sometió a un bypass gástrico para reducir el volumen de su estómago y obtuvo nuevos papeles.

La rusa Anna Netrebko, estrella mundial de la ópera, sorprendió a algunos de sus fanáticos al subir 13 kilos después de dar a luz. Ella aseguró que nunca había cantado tan bien.

Más recientemente, en 2014, la prensa británica describió a una joven mezzosoprano, Tara Erraught, como “gorda” en el festival de ópera de Glyndebourne.

Arte visual, para algunos

Varios sopranos la apoyaron. “La ópera es la voz”, señalaron. Sin embargo, para algunos críticos la ópera es también un arte visual que requiere personajes creíbles.

Lisette Oropesa se rebela contra el canon de belleza, sobre todo si responde a gustos personales. “Hay mecenas que me dicen: ‘estoy tan contento de que no seas gorda como tal o tal cantante’”.

Para ella lo importante no es ser “delgada”, sino “estar en buena forma (...) y hacer lo que el director me pide”.

Para perder peso, Oropesa no se sometió a una cirugía ni hizo dieta, sino comenzó a correr maratones. “Hice seis y corro cuatro a cinco veces por semana”, contó.

Sobre el peso de los cantantes líricos siempre ha existido una controversia en torno a la relación entre la interpretación vocal y la corpulencia. “La gente sigue pensando que para cantar se debe ser gordo”, explicó la soprano, quien piensa que esto es un mito.

Algunos atribuyeron el declive de la Callas a su pérdida de peso, pero los especialistas niegan que exista una relación.

Oropesa sostuvo que su nuevo estilo de vida le ha traído muchos beneficios. “Ya casi no sudo en el escenario (...), ya no pierdo el aliento, controlo mejor mi respiración y me siento mejor”.

Después de París, Oropesa interpretará Rigoletto, en Roma; Rodelinda, en Barcelona; Roberto el diablo, en Bruselas, y Don Pasquale, en Estados Unidos. Un verdadero “maratón vocal”, sonrió.

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