Entre demonios y hechiceros, dos críticas: "¡Shazam!" y "Hellboy"

  • Entre demonios y hechiceros, dos críticas: "¡Shazam!" y "Hellboy"

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Di la palabra mágica...

En México comenzaron las vacaciones de Semana Santa y para quienes no se fueron de paseo, ir al cine siempre es una opción, tanto para el divertimento como para la formación cinéfila.

Por eso, honrando estos días santos, les hablaremos de dos películas que se mueven entre el bien y el mal: "¡Shazam!", película de origen de este super héroe de DC Comics, y "Hellboy", un reboot que se estrenó este fin de semana y que todavía seguimos masticando y preguntándonos ¿qué diablos pasó con este personaje?

Así que, respetando el orden de estreno, primero hablaremos de "¡Shazam!", cinta dirigida por David F. Sandberg que resultó ser una refrescante y divertida propuesta del género de super héroes, ya que, ante la expectativa creada por la visión apocalíptica de "Avengers: End Game", este filme se aleja de toda destrucción global y regresa a la sencillez de una historia de aventuras al presentarnos al adolescente de 14 años, Billy Batson, quien, por casualidad o su buena estrella, cambia su destino al adquirir super poderes. 

 

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Sin la necesidad de un estridente despliegue de efectos visuales que destruyen ciudades enteras o la pretensión de contar una historia llena de vericuetos difíciles de desenmarañar si no se es especialista en cómics, "¡Shazam!" se enfoca en la autenticidad y honestidad del personaje que a la voz que da título a la cinta, amanece con super poderes.

Para una mayor empatía, este joven es un chico huérfano, no porque sus padres murieran, sino porque no quisieron hacerse cargo de él, por lo que, al contrario de tener rencor, opta por una actitud rebelde como la de cualquier adolescente y la apatía se vuelve su escudo y cuando los poderes le llegan le resulta fácil mandar al cuerno la filosofía del Tío Ben y con absoluto desparpajo se pone a jugar con ellos como niño con juguete nuevo.

Esto es lo que hace divertida a gran parte de la película, pues vemos al poderoso Billy Batson-Shazam hacer las cosas que no puede hacer debido a su edad verdadera como comprar cerveza, castigar a los abusones del colegio o divertir a la gente con sus artificios a cambio de una moneda.

Esta actitud "valemadrista" le inyecta frescura al género y acerca al filme a películas como "El Hombre Hormiga" o el mismo "Hombre Araña" en sus orígenes, pero sin la carga de tener que madurar a fuerza de golpes, pues es un chico que, de entrada, no tiene nada.

Tampoco queremos decir que "¡Shazam!" no tenga un proceso de crecimiento, pues conforme avanza la película lo tiene que hacer, pero lo logra fuera de la solemnidad de otros super héroes, casi, casi como Deadpool, pero sin el lenguaje florido de éste; o sea, es un niñote divertido.

El filme también es un parámetro para ver si este personaje puede tener acomodo en las futuras películas de la Liga de la Justicia, una clave rebelada hacia el final de la película cuando uno de los grandes super héroes de DC Comics aparece como amigo del simpático Shazam.

Tal vez no es la gran película de super héroes, pero "¡Shazam!" es un buen refresco en este universo de películas de Marvel y DC, productoras que siguen empeñadas en destruir al mundo para seguir llenando sus bolsillos, pero se darán de topes porque esta cinta les está enviando el mensaje que no necesariamente lo hiperbólico es garantía.

 

¿Qué diablos le pasó a Hellboy?

 

Ahora bien, de los cielos en los que vuela Shazam, bajamos a los infiernos cinematográficos en los que fueron a meter a Hellboy.

Este demonio creado por Mike Mignola y que conocimos en la pantalla en el 2004 de la mano del talentoso director mexicano, Guillermo del Toro, vuelve a ser traído al cine, ahora por Neil Marshall, director de películas de horror como "El descenso".

Este dato es relevante, porque, prácticamente, eso es lo que tenemos con este refrito del "chico del infierno": una cinta de horror con todo lo explícito que puede permitir el gore.

Se trata de un festín de sangre, tripas y cuerpos desmembrados sin ton ni son, con un argumento que lo mismo utiliza el mito del Rey Arturo como gancho, que explota lo sobrenatural con brujas milenarias o muertos que resucitan al amparo de la noche.

Quizás el director y los productores y hasta el mismo Mignola quisieron mostrar un Hellboy más oscuro, pero esta aparente oscuridad terminó por opacar los esfuerzos encomiables del actor David Harbour, de quien se reconoce el esfuerzo por sacarle partido al personaje y con ello hacer olvidar la actuación de Ron Perlman en la película del 2004. Lamentablemente, el guión y la dirección no ayudaron para nada en el lucimiento de este nuevo demonio justiciero.

La comparación con las dos cintas de Guillermo del Toro sobre este personaje es inevitable y en este tenor, se puede decir que ambas películas son muy superiores a las de Marshall.

Y lo son porque, justamente, Del Toro le inyecta magia y fantasía a su Hellboy; había mística en toda la película y no tenía la necesidad de ser explícito en varias escenas, pues, como buen mago del cine, le bastaba con sugerir las situaciones difíciles y obvias como la muerte y al mismo tiempo podía explayarse en aquellas que en la vida real son invisibles al ojo humano como los seres fantásticos que revolotean en su imaginación.

Guillermo del Toro construye mundos y en estos pone a jugar a sus personajes; en el caso de Marshall, los personajes juegan en un mundo ya establecido y lo peor es que no lo hacen de la mejor manera.

Las cintas de Del Toro tienen sustancia, tienen la pócima para encantar la vista y el corazón del respetable, en cambio, el chico del infierno de Neil Marshall es uno que no logramos entender, pues lo que lo rodea no llega a cuajar y en algunos momentos hasta resulta repugnante.

Algo que nos gustó del "Hellboy" anterior es el anonimato en el que se desenvolvía, eso le daba cierto encanto aunque le restara la oscuridad del anti héroe. Por el contrario, este nuevo personaje ni es tan "dark", ni se mueve en el anonimato y, entonces, esa magia de tener un demonio combatiendo el mal, pierde todo el sentido y la proporción.

Además esta película se siente apresurada de principio a fin. Es tal el afán por mostrar acción y horror y así justificar el presupuesto que el argumento se desvanece y lo único que logra es volverse inverosimil e incongruente, a pesar de que se le dote al personaje de un origen mítico que tiene que ver con la espada Excalibur y el Rey Arturo que, a nuestro parecer, no tiene razón de ser, pues no aporta relevancia a la historia.

La única parte que podríamos rescatar, sobre todo porque somos mexicanos, es la secuencia inicial donde Hellboy participa en un combate de lucha libre en Tijuana, aunque la ciudad sigue siendo retratada como pintoresca, nocturna y criminal.

En fin, ustedes tienen la última palabra, vean y comparen.

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