'Roma' abre puertas a cine creado por mujeres indígenas

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    Foto: Internet

Fuente: 
Sputnik
07-03-2019

Los triunfos en festivales internacionales de la película Roma, del cineasta mexicano Alfonso Cuarón, ganadora de tres premios Óscar este año, abre una oportunidad para producciones audiovisuales creadas por mujeres indígenas, dijo a Sputnik Luna Marán, directora de la película Tío Yim, un obra aplaudida en el festival de cine documental Ambulante.

"El éxito de Cuarón permite que las miradas del mundo se vuelquen a México; pero es importante que las historias sean narradas por personas que puedan hablar desde la diversidad y la riqueza cultural de nuestras sociedades, en nuestro caso desde las mujeres indígenas", dice la productora audiovisual de 32 años, educada en la escuela de cine de Guadalajara.

La cineasta originaria de la comunidad zapoteca de Guelatao de Juárez, en las montañas del estado de Oaxaca, añadió: "Ya existe una experiencia de tres década de cineastas indígenas que producimos audiovisuales, generando contenidos para retroalimentar y significar una realidad más amplia y diversa en el imaginario audiovisual de nuestras sociedades".

 

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El fenómeno que se produjo con Yalitza Aparicio, la actriz oaxaqueña que actúa el personaje de una nana indígena en la infancia autobiográfica de Cuarón, ganador del Óscar como mejor director, fotografía y película extranjera, "es resultado de la mercadotecnia, y los creativos merecen un reconocimiento", dijo Marán.

Por esa razón rechaza los juicios morales, incluso "racistas", sobre la actriz indígena de Roma, por su exposición ante la prensa internacional de los espectáculos en Hollywood y Europa, encarando la fama, vestida con creaciones de diseñadores internacionales.

"No podemos enjuiciar desde la moral, si decimos que Roma normaliza la idea de subordinación de una mujer indígena, en una familia de clase media capitalina", atajó la cineasta.

El relato debe ser entendido en el contexto de sus creadores: "Cuarón creció en ese contexto y puede ser honesto ante quienes no hemos crecido en la (colonia) Roma, ni hemos vivido al cuidado de una indígena como el personaje de Yalitzia".

En todo caso, "es apenas la memoria lejana del director sobre un personaje fundamental en su vida, romantizado o distante quizá, sin cuestionarlo, sin claroscuros, que es simplemente buena, que no lo complejiza ni a ella ni a su madre", explicó.

El producto que millones han visto y siguen comentando “se ha simplificado en una caricatura que ha corrido por las redes sociales de millones de usuarios: es la sociedad mexicana ante la historia moderna de Cenicienta, de la mujer que no había soñado con ser famosa y gracias a una película es conocida y llega a las portadas de la grandes revistas internacionales de la alta moda", dijo la autora.

La cineasta consideró "injusto" que ante el fenómeno publicitario de una inversión tan poderosa "se exija a la ciudadana Yalizta que tenga la posibilidad de elegir si se viste como tehuana, con traje multicolor tradicional de su tierra, en vez de una vestido de diseño Prada".

Otras películas deben narrar "las historias de mujeres indígenas, el orgullo de defender sus territorios, cuidar sus recursos naturales, defender la vida y cumplir una labor exitosa en este universo que todos los días es usurpado por las compañías trasnacionales", afirmó.

‘Roma’ no tiene la culpa

A diferencia de la nana indígena de Cuarón en la colonia Roma de la capital mexicana en los años 70, en la obra de Marán "la comunidad indígena se erige como base filosófica para la producción cinematográfica, enfrentando el reto de construir nuevas formas de hacer cine".

El contexto del éxito de Roma, es el de "una industria con una plataforma de publicidad que rebasa el presupuesto de producción de la misma película", argumenta la cineasta.

Muchas películas latinoamericanas podrían tener impacto y conquistarían millones de espectadores "si pudieran contar con los 20 millones dólares gastados por Roma en mercadotecnia en el mundo".

La representación de la nana indígena es la de un hombre cincuentón que ha vivido fuera de México y en la colonia Roma, aunque "a mí me interesa la producción de las mujeres que están haciendo representaciones que nos permitan otras construcciones, vistas desde las mujeres indígenas", afirmó.

El cine no es un producto individual, sino creación colectiva, "una película abre posibilidades de ser leída de formas muy diversas y siempre va a atravesar por la subjetividad del espectador, una película trastoca la experiencia personal", dijo la directora.

El Festival Ambulante, fundado sin fines de lucro en 2005 por los actores mexicanos Gael García Bernal, Diego Luna y Elena Fortes, donde destaca la obra de Luna Marán este año, permite difundir el cine documental de más de 100 obras en 150 sedes anualmente "como una herramienta de transformación cultural y social".

"Es una plataforma muy potente para posicionar y acercar a los espectadores a un cine como la historia de Tío Yim, para que la gente pueda ver otro tipo de historias y ver a los pueblos indígena retratados por sí mismos", dijo la cineasta.

El documental de Marán es un retrato de familia en una comunidad zapoteca, centrado en uno de los filósofos indígenas reconocidos, Jaime Martínez Luna, quien abre su intimidad familiar para cuestionar la identidad y el afecto en las relaciones entre hijos y padres, en una región indígena del sur.

En México se produce un gran número de películas al año que no representan la diversidad nacional, lamentó la directora, pero el éxito de Roma es "una gran oportunidad para los cineastas de dirigirnos a espectadores de un nuevo público, para construir la imagen del país complejo y diverso que tenemos".

México no es la colonia Roma capitalina, y "la diversidad del país merece ser representada y reconocida en su riqueza y pluralidad, es un derecho de las comunidades indígenas que tienen una escasa representación, normalmente injusta en los medios, centrados en el folclore y la marginalidad", señaló.

Los triunfos en festivales internacionales de la película Roma, del cineasta mexicano Alfonso Cuarón, ganadora de tres premios Óscar este año, abre una oportunidad para producciones audiovisuales creadas por mujeres indígenas, dijo a Sputnik Luna Marán, directora de la película Tío Yim, un obra aplaudida en el festival de cine documental Ambulante.

"El éxito de Cuarón permite que las miradas del mundo se vuelquen a México; pero es importante que las historias sean narradas por personas que puedan hablar desde la diversidad y la riqueza cultural de nuestras sociedades, en nuestro caso desde las mujeres indígenas", dice la productora audiovisual de 32 años, educada en la escuela de cine de Guadalajara.

La cineasta originaria de la comunidad zapoteca de Guelatao de Juárez, en las montañas del estado de Oaxaca, añadió: "Ya existe una experiencia de tres década de cineastas indígenas que producimos audiovisuales, generando contenidos para retroalimentar y significar una realidad más amplia y diversa en el imaginario audiovisual de nuestras sociedades".

El fenómeno que se produjo con Yalitza Aparicio, la actriz oaxaqueña que actúa el personaje de una nana indígena en la infancia autobiográfica de Cuarón, ganador del Óscar como mejor director, fotografía y película extranjera, "es resultado de la mercadotecnia, y los creativos merecen un reconocimiento", dijo Marán.

Por esa razón rechaza los juicios morales, incluso "racistas", sobre la actriz indígena de Roma, por su exposición ante la prensa internacional de los espectáculos en Hollywood y Europa, encarando la fama, vestida con creaciones de diseñadores internacionales.

"No podemos enjuiciar desde la moral, si decimos que Roma normaliza la idea de subordinación de una mujer indígena, en una familia de clase media capitalina", atajó la cineasta.

El relato debe ser entendido en el contexto de sus creadores: "Cuarón creció en ese contexto y puede ser honesto ante quienes no hemos crecido en la (colonia) Roma, ni hemos vivido al cuidado de una indígena como el personaje de Yalitzia".

En todo caso, "es apenas la memoria lejana del director sobre un personaje fundamental en su vida, romantizado o distante quizá, sin cuestionarlo, sin claroscuros, que es simplemente buena, que no lo complejiza ni a ella ni a su madre", explicó.

El producto que millones han visto y siguen comentando “se ha simplificado en una caricatura que ha corrido por las redes sociales de millones de usuarios: es la sociedad mexicana ante la historia moderna de Cenicienta, de la mujer que no había soñado con ser famosa y gracias a una película es conocida y llega a las portadas de la grandes revistas internacionales de la alta moda", dijo la autora.

La cineasta consideró "injusto" que ante el fenómeno publicitario de una inversión tan poderosa "se exija a la ciudadana Yalizta que tenga la posibilidad de elegir si se viste como tehuana, con traje multicolor tradicional de su tierra, en vez de una vestido de diseño Prada".

Otras películas deben narrar "las historias de mujeres indígenas, el orgullo de defender sus territorios, cuidar sus recursos naturales, defender la vida y cumplir una labor exitosa en este universo que todos los días es usurpado por las compañías trasnacionales", afirmó.

‘Roma’ no tiene la culpa

A diferencia de la nana indígena de Cuarón en la colonia Roma de la capital mexicana en los años 70, en la obra de Marán "la comunidad indígena se erige como base filosófica para la producción cinematográfica, enfrentando el reto de construir nuevas formas de hacer cine".

El contexto del éxito de Roma, es el de "una industria con una plataforma de publicidad que rebasa el presupuesto de producción de la misma película", argumenta la cineasta.

Muchas películas latinoamericanas podrían tener impacto y conquistarían millones de espectadores "si pudieran contar con los 20 millones dólares gastados por Roma en mercadotecnia en el mundo".

La representación de la nana indígena es la de un hombre cincuentón que ha vivido fuera de México y en la colonia Roma, aunque "a mí me interesa la producción de las mujeres que están haciendo representaciones que nos permitan otras construcciones, vistas desde las mujeres indígenas", afirmó.

El cine no es un producto individual, sino creación colectiva, "una película abre posibilidades de ser leída de formas muy diversas y siempre va a atravesar por la subjetividad del espectador, una película trastoca la experiencia personal", dijo la directora.

El Festival Ambulante, fundado sin fines de lucro en 2005 por los actores mexicanos Gael García Bernal, Diego Luna y Elena Fortes, donde destaca la obra de Luna Marán este año, permite difundir el cine documental de más de 100 obras en 150 sedes anualmente "como una herramienta de transformación cultural y social".

"Es una plataforma muy potente para posicionar y acercar a los espectadores a un cine como la historia de Tío Yim, para que la gente pueda ver otro tipo de historias y ver a los pueblos indígena retratados por sí mismos", dijo la cineasta.

El documental de Marán es un retrato de familia en una comunidad zapoteca, centrado en uno de los filósofos indígenas reconocidos, Jaime Martínez Luna, quien abre su intimidad familiar para cuestionar la identidad y el afecto en las relaciones entre hijos y padres, en una región indígena del sur.

En México se produce un gran número de películas al año que no representan la diversidad nacional, lamentó la directora, pero el éxito de Roma es "una gran oportunidad para los cineastas de dirigirnos a espectadores de un nuevo público, para construir la imagen del país complejo y diverso que tenemos".

México no es la colonia Roma capitalina, y "la diversidad del país merece ser representada y reconocida en su riqueza y pluralidad, es un derecho de las comunidades indígenas que tienen una escasa representación, normalmente injusta en los medios, centrados en el folclore y la marginalidad", señaló.

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