"El vicepresidente", el corazón podrido de los Estados Unidos

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Richard "Dick" Bruce Cheney fue el vicepresidente número 46 de los Estados Unidos bajo el mandato de George W. Bush y a decir de los politólogos ha sido el funcionario más influyente bajo ese cargo en la nación americana, un poder tras el trono.

Esta es la premisa que el director Adam McKay ("La gran apuesta") intenta demostrar en la cinta biográfica "El vicepresidente: Más allá del poder", película con ocho nominaciones al Oscar y que le dio el Globo de Oro, por esta interpretación, a Christian Bale como Mejor actor de Comedia o musical, género en el que también se le ubicó como mejor película quedándose sólo con la nominación.

Esto resulta significativo, incluso sorpresivo, ya que el propio Bale no entendía por qué el filme estaba nominado como comedia y no drama en estos premios, ya que se aborda un asunto en suma terrible, tanto para la política interior como exterior de los Estados Unidos, pues se habla de cómo, tras los ataques del 11 de Septiembre de 2001, se inició una escalada militar en Medio Oriente en busca del grupo terrorista "culpable" de los ataques y que culminó con la invasión a Irak y el derrocamiento de su líder, Sadam Husein. Un acontecimiento que cambió el rumbo de la historia moderna, según la publicidad de la cinta.

 

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La culpa de que a esta película se le haya ubicado en la categoría de comedia es del propio director, pues éste opta por una narración p"Mirreyes vs godinez" o el "mirrey" no es como lo pintanoco convencional para el tema que se trata, sobre todo en el cine estadounidense, y elige un formato que puede ir desde el sketch político, hasta la ironía y la sátira, siempre con un punto de vista crítico y un humor, más que involuntario, uno bien pensado para causar indignación.

Como si fueran dos vías de un mismo tren, el drama y la comedia viajan en paralelo en esta cinta, tanto de ida como de vuelta, y encuentran su derrotero, justamente, en la ironía, esa que nos hace reír y al mismo tiempo indignarnos.

No se trata de una parodia política ni de una caricaturización de los personajes, al contrario, las caracterizaciones son tan rigurosas que la propia exploración y explotación de las personalidades detonan ese humor agridulce. Un parangón en nuestro país podríamos encontrarlo en el cine de Luis Estrada (sin su irreverencia claro), donde el quehacer de la política y los políticos dan materia para la sátira.

Adam McKay es minucioso en la construcción de su historia que tiene como pilar a Dick Cheney, y, a través de él, nos lleva a los intríngulis del poder norteamericano, si no de una forma cien por ciento exacta, sí de una muy cercana.

La cinta devela todos esos "sospechosismos" en torno a la Guerra de Irak y las supuestas armas de destrucción masiva que tenía esta nación y que sólo sirvieron de pretexto para la invasión, una que favoreció a las industrias petrolera y armamentista de las que se beneficiaba, exacto, el mismísimo Cheney. 

Y esto fue posible, según la cinta, gracias a la manipulación que hace Dick Cheney de uno de los presidentes peores recordados de la historia estadounidense, George W. Bush (Sam Rockwell más que aceptable), a quien vemos como dicen los relatos en realidad fue: un indeciso con secuelas de alcoholismo que sólo quería agradar a su padre, por lo que, de cierta manera le dio carta abierta a su vicepresidente en la toma de decisiones importantes para ese país, o simplemente, hacía más caso de los consejos de Cheney.

El filme es un buen ejemplo de cómo se va construyendo un personaje a lo largo de la historia, desde presentarlo como el mediocre y vicioso hombrecillo que fue Cheney en su juventud, hasta el maquiavélico vicepresidente en que se convirtió. Esta transformación no sólo implicó un enorme esfuerzo físico, sino también una evolución psicológica de una personalidad que siempre fue mezquina.

Es tal el trabajo de Christian Bale, que en verdad el personaje de Dick Cheney nos provoca repulsión, no del tipo escatológico, aunque por ahí hay una escena donde lava sus dientes que sí da asco, sino de una aversión como ser humano falto de escrúpulos.

Por supuesto que cualquier personaje poderoso tienen sus matices, y en este caso Adam McKay no dudó en darle sus toques de bondad a este controvertido hombre. Así lo podemos ver tolerante y cariñoso con su hija cuando ésta confiesa su homosexualidad, los momentos donde  va de pesca o cuando, en la intimidad de la alcoba, recita con su esposa a Shakespeare.

Pero ni esos toques de humanidad lograr borrar la antipatía que nos provoca el sujeto y, en este sentido, hay una escena que es reveladora, y que nos sirvió para darle título a esta opinión: Cheney no tuvo un corazón bueno, y esto es tan literal como figurado; durante el filme vemos como, al menos, sufre tres infartos, en la vida real se reportan cinco, antes de que se le practicara un trasplante de corazón, del cual sale airoso, pero, en un momento la cámara se acerca al corazón extirpado y éste se ve ennegrecido, como podrido. La cámara se queda un instante ahí y con eso nos comunica gran parte de la película.

"El vicepresidente: Más allá del poder", es un filme de actualidad, pues al cuestionar a un personaje como Dick Cheney nos da las claves para entender cómo otro sujeto como Donald Trump llegó a la presidencia del llamado país más poderoso del mundo.

 A manera de epílogo, Adam McKay nos ofrece imágenes que hablan de esa intolerancia racial y étnica de los tiempos de Trump que se manifiesta en el ataque discursivo a los migrantes, una tozudez que sigue siendo un cáncer para esa nación. 

Quizás en una década más, el cine retrate al actual presidente norteamericano, los porqués y los cómos de su administración, pues así como Dick Chaney, Trump también da mucha tela de dónde cortar para una película.

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