"Green Book: una amistad sin fronteras", un viaje entre lo negro y lo blanco

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Como ya lo hemos mencionado con anterioridad en este mismo espacio, sobre todo cuando rondamos los tiempos de la entrega de los premios Oscar, este galardón se entregarse de contentillo por parte de los miembros de la academia, quienes se ven orientados por los tiempos políticos que esté viviendo la nación americana.

Por lo regular suelen ser políticamente correctos con la administración y presidente en turno (con todo y el aparato ideológico que éstos llevan a cuestas). Así que en tiempos de guerra, las películas premiadas suelen ser las que enaltezcan sus valores como imperio y pocas veces se enfrentan de forma abierta en contra del poder.

Desde antes de que Donald Trump asumiera la presidencia, la antipatía entre éste y la comunidad cinematográfica de Hollywood ha sido más que evidente y el paso del tiempo sólo confirma ese divorcio que se ha reflejado en opiniones de los ganadores en contra de las políticas del residente de la Casa Blanca, no sólo del Oscar sino de premios similares.

 

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De esta manera, en los últimos años, los discursos fílmicos en contra de la intolerancia y el racismo han sido los que han acaparado los galardones principales, por lo que no es de sorprender que el ganador del Oscar 2019 se encuentre entre las películas que abordan esta temática: por supuesto la sorpresa, la mexicana "Roma", de Alfonso Cuarón; (aunque en otro tono) "Black Panther", de Ryan Coogler; "El infiltrado del KKKlan", del director Spike Lee; (A manera de crítica a la intolerancia gobernante) "El vicepresidente: más allá del poder", de Adam Mckay y "Green Book: una amistad sin fronteras", de Peter Farrelly, película de la que hablaremos esta ocasión.

De la misma manera que las tres primeras cintas mencionadas, cada una en distintos tonos y contextos, "Green Book..." tiene en común con ellas el tema del racismo, que, en el caso de los Estados Unidos, se da hacia la comunidad afroamericana, y resulta curioso que, al igual que en el caso de "El infiltrado del KKKlan", este filme de Peter Farrelly haya optado por un tono de comedia para hacer crítica de esta situación, a pesar de que el tema se preste más para el drama.

"Green Book: una amistad sin fronteras", nos cuenta la historia de una amistad que nace y crece en el camino, durante una gira que realiza Don Shirley (Mahershala Ali), un prominente pianista negro y su recién contratado chofer Frank Anthony Vallelonga (Viggo Mortensen), un italoamericano que sabe aplicar la ley de sus puños y corpulencia para resolver problemas.

Como el agua y el aceite, esta pareja se embarca en un viaje hacia el sur de los Estados Unidos durante la década de los sesenta del siglo pasado, cuando la segregación racial pesaba en esta zona de los Estados Unidos, en donde, por un lado se admira el talento del pianista de color, pero, por otro lado se le niegan los derechos básicos como entrar a un restaurante como a cualquier comensal. No así para el blanco, aunque italiano de ascendencia y falto de cultura, puede pasar a comer sin problema alguno.

Además de ser una "road movie", un poco al estilo de "Y tu mamá también" que, en cada parada en el camino, nos va mostrando cuadros de una realidad incómoda, este es un filme de dualidades que, como ya dijimos, alcanzan su máxima expresión en los personajes principales, el pianista refinado y el chofer rústico quienes no pueden esconder su aversión mutua, pero la necesidad, económica de una lado y de protección, por el otro, que, poco a poco se irá transformando en una amistad verdadera.

En esta línea, Peter Farrelly, maneja con equidad los polos opuestos de su historia que, cabe decir, está basada en hechos reales, por lo que logra equilibrar con buen tino el drama y la comedia que es en el personaje del chofer donde carga la mayoría del sentido del humor. 

También logra balancear los varios mundos de la sociedad que está retratando, pues nos presenta el inicio y el regreso del viaje en la ciudad de Nueva York, que, en este caso, es sinónimo de tolerancia y apertura, y ,por el contrario, el climax de la historia y la sustancia de la misma, nos lo presenta en esas ciudades sureñas donde el racismo llega a niveles del absurdo como ese de negarle la compra de un traje de etiqueta a un negro.

Entre ese juego de contrastes, Peter Farrelly se da el lujo para soltar otro tipo de temas polémicos como la homosexualidad del pianista que, irónicamente, además de padecer la intransigencia hacia su color de piel, ahora tiene que lidiar con el estigma sexual. En este punto, el director logra una de los momentos más conmovedores de la cinta, sin ser cursi, cuando el viril chofer tiene que ir al rescate de su frágil jefe y a pesar de la situación Tony no juzga a Don.

Como este, hay otro par de momentos que hacen que la película conecte con el público no sin arrancarle risas conmovedoras; para que estén atentos le podemos adelantar el asunto de las cartas y la visita a Kentucky.

En la sencillez de la historia, Peter Farrelly, logra encontrar la profundidad de una nación que tiene tareas pendientes en temas de discriminación y racismos, por lo que, sin duda, es una de las principales candidatas para llevarse la estatuilla como mejor película, además de las actuaciones sobresalientes de Viggo Mortensen y Mahershala Ali, quienes también están nominados como mejor actor y mejor actor de reparto respectivamente. 

Todo dependerá de cuáles aspectos del racismo y la discriminación pesarán más y si esto tenga que ver con un mensaje directo a la administración Trump, que si se quiere hacerle manita de puerco por el lado de su discurso anti inmigrante, "Roma" es quien tendría la ventaja.

Por lo pronto, mientras esperamos la "tan esperada" ceremonia de los Oscar, pueden ir a ver "Green Book: una amistad sin fronteras", es una buena película que nos sólo entretiene, también nos hace pensar.

 

 

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