"Destrucción", la decisión que lo aurrina todo

  • "Destrucción", la decisión que lo aurrina todo

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En la vida puede haber decisiones que nos marcan de por vida, unas con peores o mejores dividendos que otras, pero, al fin y al cabo, una decisión se dimensiona con el tiempo y podemos mirar en perspectiva que tan grande resultó la consecuencia al haberla tomado.

Esta es la reflexión que nos queda después de haber visto "Destrucción", película de Karyn Kusama, un thriller que tiene como escenario la cara oculta de una ciudad prominente como Los Ángeles, en la que se desarrolla una trama de policías y ladrones con un ingrediente de venganza y decisiones que cambian vidas.

Se trata de la historia de Erin Bell (irreconocible Nicole Kidman), una sobresaliente detective de la policía angelina, quien, en sus inicios, es comisionada, junto con su compañero, Chris (Sebastian Stan), a trabajar de encubierta con una pandilla de asalta bancos, con la que habrá de convivir y, ¿por qué no?, participar en algunos crímenes

 

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Precisamente, en uno de estos atracos, algo sale mal (de nuevo las decisiones juegan su papel), y todo se va al carajo y las consecuencias para ella serán las de un dolor perpetuo, oculto, que sólo encontrará la redención en la venganza y el amor por una hija con la que se entiende poco.

La estructura de la cinta se aleja de lo lineal y, a través de saltos al pasado de Erin, nos va desmenuzando al personaje que, a su vez, es el hilo conductor de la trama, y poco a poco vamos descubriendo los demonios que trae encima y que no la dejan dormir, los cuales son ahuyentados momentáneamente por un alcoholismo que también la va consumiendo, no tanto como las culpas, pero que ya es parte de su proceder.

A pesar de que el filme va y viene del presente al pasado, es un círculo perfecto con un inició y un final en un mismo punto, uno que, hay que confesar resulta sorpresivo, pero que, de la misma manera, nos deja un tanto confundidos, pero no por ello le quita el buen sabor amargo de la historia. 

Es más, esa decisión de la que hablamos que le cambia la vida a Erin, la encontramos hacia el final del tercer cuarto de la película y puede que pase desapercibida como una escena irrelevante, pero al tener el conjunto de la película, nuestra mente regresa a ese punto y es cuando el abanico se abre ante nosotros y entendemos el poder de una buena o mala decisión en la vida.

Pero todo esto haría de esta película un thriller más que podría pasar sin pena ni gloria, sin embargo, el poder del filme se encuentra en el toque femenino de la cinta, tanto de la dirección, como del personaje de Erin y la actuación de Nicole Kidman, quien con seguridad, al menos tendrá su nominación al Oscar por esta caracterización.

Pero más allá de su transformación física, a la manera de Charlize Theron en "Monster" o  Matthew McConaughey en "El club de los deshauciados", Kidman logra imprimirle al personaje un aire de melancolía repulsiva y no por su rostro manchado y cadavérico, sino por la personalidad hosca, retraída e intratable de esta mujer que se ha ido consumiendo física y moralmente con los años. 

Es como si fuera un muerto viviente que, además de arrastrar los pies al caminar, pareciera que la tristeza, la culpa y el dolor tuvieran un peso físico que le impiden moverse con soltura, pero no tanto como para intentar resarcir  las malas decisiones del pasado.

En lo visual, como decíamos al principio, la directora, Karyn Kusama, nos muestra el otra lado de la moneda de una ciudad como Los Ángeles a través de paisajes áridos como los labios de Erin, escenarios manchados por la delincuencia al igual que el rostro de la detective, calles y estacionamientos desolados como la mirada de esta mujer y todo ello en atinada amalgama entre el espacio y personaje.

Vale la pena echarle una mirada a esta película, sobre todo por la actuación de Nicole Kidman y el punto de vista femenino de la misma, más en tiempos donde el poder masculino intenta a toda costa vedar el acceso de las mujeres a los espacios que por derecho les corresponden.
 

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