"Pájaros de verano", el contraste de un mismo mundo

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Ante la pobre cartelera comercial navideña con "Grinches" reciclados en animación, "Vochitos" amarillos que se transforman, super héroes que huelen a pescado y el regreso de una niñera mágica y voladora, la verdad que no dan ganas de ir al cine, al menos no al duopolio de exhibidoras que, de no haber hecho su berrinche despreciativo, ahorita estarían llenando sus bolsillos con la proyección de "Roma", pero en fin, ellos se lo pierden.

Así que para el cierre de este año no nos quedará más que volver a ver la gran película de Alfonso Cuaron en Netflix o lanzarnos a la Cineteca o cualquier sala del circuito cultural que no esté de vacaciones y mirar algunas de las opciones que no hay que dejar pasar.

Una de éstas, es un filme que se presentó en la reciente Muestra Internacional de Cine de la Cineteca: "Pájaros de verano", cinta colombiana, en coproducción con México y Dinamarca, dirigida por Ciro Guerra y Cristina Gallego, quienes, después de la estupenda "El abrazo de la serpiente", regresan para traernos una historia de "gangsters", como ellos le han llamado, que se desarrolla en la guajira colombiana durante la década de los 70 del siglo pasado y que nos relata el auge y caída de una familia de la comunidad indígena wayúu.

 

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Estos dos aspectos podrían ser contradictorios: "gangsters" e indígenas, pues estamos acostumbrados a que lo primero sea tratado en ambientes citadinos y no en la sabana y la selva colombiana; y que lo segundo, lo veamos casi siempre como un mundo idílico perdido que el cine debe rescatar retratando, principalmente sus virtudes.

Pues bien, con este sentido de contrastes, la película nos habla de cómo el capitalismo avasallador irrumpe en las culturas ancestrales de la América profunda, a través del narcotráfico, en donde, poco a poco, como un cáncer, va corrompiendo la vida de los personajes, sus costumbres, tradiciones y estilos de vida e incluso formas de pensar, una historia que hemos vistos de cerca en nuestros pueblos mexicanos, pero con otro fenómeno igual de lacerante que el tráfico de drogas como lo es la migración a los Estados Unidos.

De hecho, uno de los puntos de partida de "Pájaros de verano" es precisamente el encuentro de estos dos mundos: el tradicional y el "moderno" a través de un grupo de gringos afectos a la mariguana que, bajo la máscara de los "Cuerpo de Paz", fueron parte de la chispa incendiaria para que la ambición tocara a los pueblos que visitaban.

Rapayet (José Acosta), necesita conseguir la dote para casarse con Zaida (Natalia Reyes) y así complacer las exigencias de la matriarca del clan, Úrsula (Carmina Martínez), por lo que el hombre que todavía usa la vestimenta tradicional, entabla contacto con estos gringos y se convierte en el proveedor de la "marimba" como le llaman a la hierba, primero para satisfacer el ocio estadounidense, luego para exportar a gran escala.

Quien habrá de proporcionarle la mercancía es el primo de Rapayet, por lo que el drama que habrá de venir se siente aún más porque sera la lucha y destrucción de dos familias.

Visualmente, el mundo que nos presentan Ciro Guerra y Cristina Gallego va del páramo a la selva y en ocasiones nos hacen pensar en los universos rulfianos y garciamarquesianos, en donde, tanto vemos la pobreza e inocencia del indio, como la bonanza y el lujo absurdo, donde la voz de mando la lleva el patrón, y en este caso también la matrona.

Los taparrabos y los torsos desnudos se convierte en pantalones acampanados y camisas floridas; los pies descalzos se ponen botas; los bastones de madera se trocan por rifles y ametralladoras; las chozas se transforman en mansiones y fortalezas; los cantos tribales se cambian por ballenato; la tranquilidad se vuelve guerra; la palabra se silencia con balas y la vida se hace muerte.

Cierto es que en la cinta hay un ligero maniqueísmo en el sentido del buen salvaje, pues al final nos queda la idea de que sin el capitalismo a través del tráfico de drogas, los pueblos indígenas de los que se habla, no se habrían corrompido, pero los directores logran salvar este aspecto pues con personajes como Úrsula (otra de los contrastes del filme, pues es una matriarca que fomenta el machismo) y como Anibal (Juan Bautista), quienes nos muestran que no todo en los pueblos indígenas es bondad y mansedumbre; como cualquier ser humano tienen sus claroscuros que incluso pueden llegar a la crueldad.

"Pájaros de verano" es una película que no pueden dejar de ver. Por desgracia, en la cartelera comercial sólo duró un par de semanas, quizás por allí haya una sala que todavía la exhiba, pero al menos en el circuito cultural todavía está en exhibición; búsquela.
 

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