"Bohemian Rhapsody" la excentricidad bohemia

  • "Bohemian Rhapsody" la excentricidad bohemia

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Qué difícil es sentir placer por la música de un grupo de la talla de Queen y tener que escribir una opinión de una película que habla de la banda misma y de su vocalista, Freddie Mercury, intentando ser lo más objetivo posible, aunque esto no existe en el periodismo. Aquí vamos.

"Bohemian Rhapsody" es una "biopic" o película biográfica que, más que ser fiel a los hechos, hace un esbozo de los mismos con respecto de la carrera musical del innegable protagonista Mercury, poniendo énfasis en la relación de éste con sus compañeros, Brian May, Roger Taylor y John Deacon, así como la gestación de la banda y de algunos de los éxitos que le regalaron al mundo.

La cinta deja de lado las cuestiones personales, más bien íntimas de Freddie Mercury; aquellos morbosos que pretendan conocer detalles de la homosexualidad y adicciones del cantante, lamentamos decirles que no encontrarán nada de eso aquí. Es como dijera reiteradamente la crítica de arte, Raquel Tibol, cuando le cuestionaban de la relación de Diego Rivera y Frida Kahlo: ¿qué necesidad de querer escuchar historias de sábanas?

 

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Pues no, no hay relatos de sábanas, ni de alcoba, ni de pasones, ni del SIDA que llevaría a Mercury a la muerte. Sólo son esbozos de su comportamiento y de su vida íntima, tan de pasadita que no reparamos en ellos (repito, ni falta que hace).

Para rellenar la vida personal del artista británico, lo que hace la película es contarnos un poco de sus lazos familiares, su origen, su verdadero nombre y su relación con su pareja Mary Austin, antes de aceptarse gay.

Pero lo que realmente sobresale y a ratos emociona es ver la génesis de los éxitos musicales de Queen. La película nos lleva a la intimidad creativa de temas como la obra de arte que le da título a la película; descubrimos cómo nació la idea de "We will rock you" con tan sólo unos taconazos y unos aplausos, o las primeras pisadas del bajo de Deacon en "Another one bites the dust".

Al final de cuentas lo que debe interesarnos en una película como esta es, justamente, sentir el poder de la música, que sin duda al ser escuchada en los conciertos que la banda ofreció tuvo que haber sido algo mágico y parte de esa magia se siente en la sala de cine.

Si aún no la han visto, les recomiendo lo hagan en una sala IMAX. En nuestras reseñas no solemos hacer promoción a la tecnología y parafernalia de los complejos cinematográficos, pero su servidor tuvo la oportunidad de ver el filme en una de estas salas y la experiencia musical se potencia, no digo que sea algo similar a una sala de conciertos, pero, sí que se acerca mucho, y resulta inevitable mover los pies con cada acorde de Brian May  y con cada latido de la batería de Roger Taylor.

Sin embargo, precisamente, en esta fortaleza el filme encuentra su debilidad, ya que, si bien resulta grato escuchar los temas más famosos de la banda, el contexto que debe tener la trama (de lo contrario estaríamos viendo videos de Yotube en pantalla grande) carece de interés. Vaya, no es tan atractivo lo que se está contando alrededor de la parte creativa de Queen; si quitamos que se trata de esta agrupación, la película sería una historia más de éxito de un cantante que alcanza su sueño. 

Para nuestra fortuna, ese cantante resulta ser una leyenda de la música rock, Freddie Mercury, pero, insistimos, su vida en esta historia está matizada, lo que la hace sujeta de interpretación y como tal hay que tomarse. Aquí podría caber el recurso narrativo: "inspirada en hechos reales"; y por supuesto que hay mucho de cierto de cómo ocurrieron las cosas, pero también hay partes que se omitieron o se alteraron en beneficio de una producción más acorde a lo políticamente correcto; es como reza nuestro título: una excentricidad bohemia, relajada.

Ya sólo nos resta hablar de la interpretación que hace Rami Malek como Freddie Mercury. Podríamos decir que su actuación está más que cumplidora. Al principio, al igual que la película, se siente forzada su caracterización, en algún momento parecía una caricatura del cantante, pero conforme el filme fue avanzando, Malek se infundó en la piel de Mercury para que, al final, le creyeramos totalmente su papel. 

Reiteramos, lo mismo pasó con la película que fue de menos a más, encontrando su punto más álgido hacia el final cuando se recreó el episodio del afamado concierto "Live Aid" de 1985 en el estadio de Wembley, Inglaterra, un excelente trabajo en el diseño de producción que al verlo en pantalla grande pone la piel chinita.

En fin, "Bohemian Rhapsody" es más una película que se debe ver con los oídos bien abiertos. Tal vez no gane premiso en algún festival, pero de que es diversión y emoción garantizada, lo es. 

Los dejo porque voy a subir el volumen de la computadora para disfrutar, de nuevo, la "Rapsodia Bohemia". Esperamos que ustedes también la disfruten.

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